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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la escritura literaria

 

(TIEL) Módulo VIII Espacios y travesías: viajar, ver, contar

Consigna dieciocho beta Seleccionar uno de los siguientes topónimos para describir imaginariamente el lugar y narrar la vida de sus habitantes. Los topónimos, nombre propios de un lugar, suelen portar resonancias de ese espacio. (Ver recuadro “Las palabras y las cosas”)

- Puerto Ángel, - Huehuecoyotl, - Loma Muerta, - El Tajín, Tocumba, -, - Boca Arenal, - Mc Ondo.


Polonchén de Rejón. Tierra roja.

Dícese que la ciudad-estado de Polonchén de Rejón fue fundada por una gran ola inmigratoria de descendientes mayas. Se establecieron en estas tierras aprovechando el caos de una de las tantas guerras civiles que desolaron las ciudades limítrofes: Rosas, Caseros y Tres de Febrero.

Cuando la viajera regresa a su ciudad natal, después de una larga ausencia, puede distinguir a lo lejos los rascacielos que reflejan el despiadado sol de la zona. Son arquitecturas modernas con forma de pirámide tronca y fachadas de cristal, que replican hasta el vértigo a sus vecinas. A partir del centro urbano, se extiende una llanura inconmensurable del color del hierro oxidado. Una llanura que la obliga a anhelar con vehemencia una colina, un bosque, un riacho, algo que rompa la monotonía bermeja. Sin embargo, la desilusión que provoca su ausencia es recompensada por la contemplación de la puesta del dios solar, K'inich Ahau. Un incendio en el horizonte.

Polonchenticul, tal era su nombre original, está rodeada por una muralla vestida de hiedra, que en otoño mimetiza el rojo óxido de la tierra. Las guías turísticas afirman que esta se construyó para preservar la multitud de reminiscencias relacionadas con el ser maya. Sin embargo, sobre el lado sur, una gran puerta decorada con jeroglíficos, que ya nadie comprende, acoge a la viajera a brazos abiertos.  Rejón fue el arquitecto que construyó la única carretera: una boa enroscada que se extiende en forma de espiral desde un extremo a otro de la ciudad.

A lo largo de esa serpiente de cemento, idénticos prismas alargados se escalonan uno tras otro. Son las casas-dormitorios de los polenchianos que han podido superar, al menos en las fachadas, las diferencias de clase.  Al amanecer, se suben a los autos y se dirigen al centro urbano, donde transcurren nueve horas diarias, en ambientes confortablemente climatizados e iluminados, haciendo malabarismos con acciones, bonos, divisas y empresas fantasmas. Actividades que la viajera no logra comprender. Es evidente que el cultivo del maíz ya no es el eje de la economía de la ciudad, pero sí, por fortuna, el alimento principal de su dieta. El placer de volver a saborear y oler tacos tortillas y tamales la emociona hasta las lágrimas.

Fuera de las horas pico, cuando se siente el potente bramido de los motores, Polonchén de Rejón se hunde en el silencio: los niños en sus octaedros, los ancianos en sus cilindros, y los adultos en las espejadas pirámides troncas. La viajera reconoce entonces la fuerte respiración caliente del viento, que arremolina la tierra y pinta su rostro de rojo.

 


Consigna diecinueve Describir subjetivamente un lugar real, haciendo un registro de impresiones. (Extensión máxima: 1 1/2 carilla).


EL GIMNASIO

Durante muchos años concurrí a un gimnasio en una ciudad de la provincia y, al transferirme a Buenos Aires, me inscribí en el local más cercano a mi domicilio para intentar conservar algo de mi vieja vida. Pero, para mi asombro, me encontré con un lugar insospechado, habitado por una comunidad humana que me era totalmente extraña. Hombres y sobre todo mujeres de distintas edades transcurren un significativo número de horas en ese ambiente amablemente climatizado. Y me pregunto porqué lo hacen, porqué ese esfuerzo desmedido, cómo logran esa tolerancia al encierro, de dónde sacan el tiempo para otras actividades tan saludables e incluso más placenteras que esta. Algo debe tener el gimnasio que atrae tanto a la gente de un determinado grupo socioeconómico.

Presenta un frente vidriado, que permite al pasante, al flâneur ver un aula de bicicletas fijas donde unas veinte personas sudorosas pedalean sin tregua. Un mostrador con computadoras y tres sonrientes recepcionistas: hombres y mujeres. La cuestión de género es fundamental. Nadie debe suponer que solo se emplea al mal llamado sexo débil para tareas subalternas. Junto a la recepción, apenas dos molinetes de ingreso que reconocen al socio por la huella digital y expulsan al extranjero. ¿Por qué solo dos? ¿Por qué tener que hacer cola para entrar? Recordé entonces las palabras que una amiga le solía decir a su marido médico: «dejá que se acumulen los pacientes en la sala de espera, así se dan cuenta que sos un profesional muy apreciado».

Una vez pasada la frontera, hay una suerte de living con sillones, y una amplia mesa con enchufes y butacas altas: el área Wifi. La empresa sabe que si los clientes están desconectados por mucho tiempo, sufren algún nivel de stress y ansiedad, por eso crearon este sector para prevenir todo tipo de abstinencia. Tras un breve ingreso a las redes sociales, chequeo de mails y WhatsApp, pueden pasar reconfortados del salón uno de actividad aeróbica al salón dos de desarrollo muscular, al tercero de estiramiento, como en una línea de montaje.  Doblando a la derecha, se encuentran los vestuarios­: el de mujeres tiene las paredes cubiertas por casilleros, una larga mesada con piletas bajo enormes espejos, dispensers de agua y la sección inodoros.  La balanza, obviamente, ocupa una posición apartada, para preservar la privacidad, pero no por eso un rol menos relevante. Hay largos tablones de madera pintados de blanco, para sentarse y vestirse y una columna central, con espejos y secadores de pelo para el embellecimiento final. Un gran reloj blanco señala que el tiempo está eficientemente estructurado.

La humedad llega del área de duchas, la temperatura es cálida. El rumor de las charlas es espeso, sobre el bajo continuo del pop o rock. Una música tolerable aún para el más conservador de los apocalípticos. El desodorante de ambiente disimula los olores humanos. Centro de encuentro y de intercambios sociales. Entro: «buen día», no hay respuesta. No deben ser maleducadas, pienso, es que no se les ocurre que me dirija a ellas. Solo el personal de mantenimiento devuelve mi saludo. Maintenance staff, se lee en sus remeras. Una dosis medida de lengua inglesa es indispensable para jerarquizar el producto.  

Al lado del sector Wifi, encuentro un local de venta de suplementos dietarios. Comprimidos, cápsulas, tabletas, líquidos o polvos se despliegan sobre estanterías que simulan la esterilidad de un quirófano. La industria de la belleza del siglo XXI ofrece proteínas, vitaminas, creatinas y aminoácidos envasados a un grupo socioeconómico que podría consumir una dieta variada y balanceada.

Vuelvo al living, desde donde parten las escaleras que conducen a los gimnasios. Asciendo. La música estridente, el desodorante ambiental y el aire acondicionado me envuelven. Observo una gran nave central con techo alto, apuntado y vidrios en la alzada para que entre la luz natural. Tres salones brotan de este cuerpo, como capillas radiales. Un bosque metálico se despliega ante mis ojos, en el que los habitantes del nuevo milenio se cuelgan y se trepan, levantan y arrastran peso, como sus antepasados prehistóricos. Hay filas de vehículos que me hacen rememorar a los Picapiedras, porque son los humanos y no los motores los que caminan o corren. Sobre las paredes, grandes televisores gigantes proyectan los deportes más populares. El gran reloj circular demuestra que el tiempo ha sido domado.

En las capillas radiales que llamaría palestras, decoradas en forma minimalista, hombres y mujeres se flagelan como monjes medievales. Saltan, bailan, levantan pesas, se estiran más allá de lo imaginable, bajo la conducción de un leader ubicado jerárquicamente en una posición elevada. El fetichismo de las marcas exhibe todo su potencial, permitiendo que muchas mujeres muestren su cuerpo generosamente. Porqué no habría de ser así. Han invertido en él mucho tiempo y dinero, y lo contemplan como Narciso en las superficies espejadas.

 


Copyright©Adriana Corral

Noviembre, 2019. Todos los derechos reservados por su autor


Nota: las correcciones finales de los textos estuvieron a cargo de su autor.