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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la Escritura Literaria

 

(TIEL) Módulo VI  Focalización

Consigna cuatro Escribir un relato a la manera de Faulkner en Mientras yo agonizo. Pensar en una situación de la que puedan dar cuenta varios personajes, como protagonistas o testigos. La situación debe desarrollarse a medida que el texto avanza gracias a los monólogos de los personajes que alternativamente narran desde su punto de vista en primera persona. Por ejemplo: la lectura del testamento de una mujer ante sus herederos. La situación puede estar relatada desde la mujer que antes de morir imagina la escena, por el abogado que lee el testamento, por alguien que entra circunstancialmente a servir café y a retirar el servicio, por los propios herederos. Extensión máxima: cuatro carillas, aproximadamente.


EL CUMPLEAÑOS

María

Será una fiesta de cumpleaños inolvidable, y obviamente yo también seré inolvidable, la tía solterona que a sus 92 años cocinó como loca para agasajar a la familia. Primero voy a servir una picada fenomenal. Esos quesos y salames me costaron un ojo de la cara. Esta todo carísimo, pero vale la pena. No puedo llevarme la plata al cajón, la gastaré en vida para construir un monumento a mi memoria. Le tengo que decir a Inés que me compre algunos chiches para regalar a los tres chiquitos. Algo les tengo que dar. Mis sobrinos bisnietos. Jamás lo hubiera imaginado. Y les voy a regalar a los chicos los dólares de los pasajes. Yo le prometí a Mauricio que mientras viviera, ellos iban a contar con mi ayuda para venir a la Argentina. Promesas son promesas. Tal vez sea la última vez que los vea, pero va a ser inolvidable.

Cómo me hubiera gustado ir a la fiesta de casamiento en… ¿Texas?, ¿dónde viven? La culpa es de Andrés, no sé por qué no quiso viajar y me cagó. Yo ya no me animaba a viajar sola.  Egoísmo. No hay otra palabra para definirlo. ¡Era el casamiento del ahijado! Dijo que no tenía plata para ir a Estados Unidos una semana, pero sí para ir a Brasil, o no sé a dónde cuernos, todo un mes. ¿Quién va a seguir reuniendo a esta familia cuando ya no esté?

Después voy a servir el matambre, el peceto, el pollo cortado en fetas para que se hagan sándwiches. ¡Ah! tengo que preparar distintos aderezos.  Me falta arreglar con Mirta para que venga a ayudarme esa mañana. Si le pago bien, viene, no importa el día. De entrada, voy a servir unos tragos, o cerveza. Vino no compro, solo champagne para brindar.

Analía no quiere venir, no sé qué le chifló. Ahora sale con eso de que casi no conoce a los chicos, y eso que la última vez que estuvieron en Buenos Aires, ella estaba presente. Algo le patina. Será que tiene vergüenza porque yo la ayudo tanto económicamente que tiene miedo de que mis sobrinos protesten. Justo la Negra, que siempre me repite que le deben tanto a Analía porque está pendiente de mí.  Hasta Andrés no protesta con tal que lo deje en paz. Aunque no pondría las manos en el fuego por él. Analía se la pierde. Es problema suyo.

Voy a hacer helado y flan con dulce de leche. Y…

Al final, me aparezco con la torta, toda decorada. Gran final. Pero tengo que entrar sin bastón. Dios quiera que mis piernas me puedan sostener solo por ese ratito. Yo quiero traer la torta con las luces apagadas, y las velas prendidas a la mesa. ¡Ohhhhhh!


Mauricio

«Vamos a festejar el cumpleaños de Lucas en algún salón que tenga juegos para chicos. Algo divertido. Haceme el favor de buscar un lugar y me lo reservás. ¿Dale? ¡No me rompas con lo de la tía! Ya iremos a la casa a visitarla y ese día comemos hasta vomitar, pero el día del cumple tiene que ser divertido. ¿Me entendés? Va a estar lejos de sus amigos; solo queremos que la pase bien. ¡Mamá, es mi hijo y yo decido! No, no te grito; es que es siempre lo mismo. Cedés ante todos, te dejás invadir y no puede ser. ¿Por qué carajo tengo que adaptarme a los caprichos de la tía? Vamos a ir a verla, nos podemos quedar toda una tarde. No ese día. ¿Te queda claro?.

Si viajamos especialmente para eso y lo sabés, para despedirnos de las viejas. El tema es que son eternas. También queremos ir a ver a la abuela, obvio. No sé si llevar a los chicos. Vos me dirás. ¿Está muy pirada?».


Alberto

Voy a ver si hablo con el jefe: tengo que arreglar para tomarme esa semana que vienen los chicos; sin goce de sueldo, si es necesario, me importa un pito. Yo me tomaría un cafecito, porque me está agarrando una modorra. Los voy a buscar al aeropuerto. No veo la hora de abrazarlos. Los extraño tanto. Extraño mucho a Mauricio. De todos mis hijos fue con el que compartí más tiempo, es que esa pasión por el golf nos unió. Espero que podamos ir a la cancha a ver aunque sea un partido de fútbol. Las tres generaciones, como hace unos años. A Lucas le gusta el básquet, no el fútbol. Es otro mundo, otra cultura. Me es tan difícil comunicarme con mi nieto. Ni siquiera se si entiende cuando le hablo. Es un bajón. Pero a esta altura, yo ya no puedo mejorar mi inglés de indio. Yo igual estoy seguro de que sí entiende cuánto lo quiero. Lo tienen que mandar a clases de español, ¡qué joder! Nosotros nos partimos en dos para mandar a los chicos al colegio bilingüe y mirá lo que nos costó. Una distancia que no podemos zanjar, que cada vez se hace más extensa. A veces, no reconozco ni a mi propio hijo. Piensa distinto, no parece que fuimos nosotros los que lo criamos. Se fue muy pibe. Está hecho un gringo.

Si trajera los palos de golf, también podríamos ir a jugar una tarde. Claro que no va a traer los palos, mucho quilombo por solo una semana. Este café está espantoso. Jugo de paraguas. ¿Por qué no se quedarán más tiempo? Es que este en realidad es un viaje de compromiso familiar. Se querrán dejar los días de vacaciones para disfrutar con los chiquitos, ir a la playa. ¡Qué se yo! No me importa. Nosotros vamos a viajar más adelante. Como sea. La negra se pone loca si no ve a sus nietos por mucho tiempo. Nos vamos a nado, dice. Acá le dejo para la propina.


La Negra

La Negra observaba el departamento de la tía como si fuera por primera vez. Esos muebles de estilo, enormes, pesados.  Las macetas, los cuadros, los adornitos, los cacharros, los caireles, los floreritos, las carpetitas al crochet. Ese olor a encierro, a cebolla y ajo y a desodorante ambiental. Las cortinas corridas para no ver la calle, el cielo, el sol. El reloj de péndulo del cuarto del piano. Son muchos recuerdos que se enmarañaban.  Cuando estaba la nonna, que también la embuchaba; es que su amor pasaba por las ollas. La nonna y sus jotas mal pronunciadas y esas eses finales que no salían. La negra se sonrió y los ojos se humedecieron. La acompañaba a misa los domingos. Intentaba inútilmente aprender a tejer, siguiendo sus instrucciones. Se sentaba a su lado a mirar la novela y la nonna se reía y se ruborizaba si había una escena un poco “subida de tono”. Si la tía tenía que salir con sus amigas a la noche, la Negra se quedaba a dormir en el cuarto del piano, para hacerle compañía a la nonna.

La tía seguía hablando. La Negra poco escuchaba. Era todo “yo, yo, yo”. ¿Cómo decirle que no vendrían el día del cumpleaños? La hija solterona que se quedó para cuidar a la madre viuda, que llevaba a sus únicos sobrinos a pasear en vacaciones de invierno. Teatro, Cabildo, cine, Casa Rosada. Organizaba cenas pantagruélicas con amigos y primos. La Negra venía, primero con sus padres, con su novio, con su marido, con sus hijos, con sus nietos. El cumpleaños de 90 de la nonna, los últimos días de la nonna. Los primos, los amigos fueron muriendo. La tía sobrevivió a todos. Eso debe ser terrible, quedarse sola.


Mirta

Yo la ayudé a la señorita a preparar esa bendita fiesta durante meses. Estaba tan entusiasmada y ansiosa. «No sé si llego», decía. Yo le hacía las compras, ella preparaba el relleno del matambre, desparramaba el menjunje y a mí me tocaba atarlo. La señorita tiene las manos delgadas, las muñecas frágiles, no tiene fuerza para nada, y eso que las caderas son gordotas, pero arriba es flacuchita.  Cada vez más flacuchita.

Descolgaba uno por uno los cuadros y ella los limpiaba sentadita en su sillón. Así con cada uno de sus chiches. Unas porquerías que no sé para qué sirven, pero que, según ella, son muy valiosos.  Antes no me dejaba ni tocarlos, ahora ya no puede sola y me tiene más confianza. Quería que la casa estuviera impecable y me hizo repasar hasta las lamparitas. ¿Quién limpia las lamparitas?, me pregunto yo.

En pleno invierno, se puso malita. Una tos que no la dejaba ni hablar. Entonces fui yo la que pensó que no llegaba. La acompañé al doctor, porque no quería que nadie de la familia viniera. La sobrina, la Negra, le dijo que venía a visitarla, pero nada. Se negaba y se negaba. Yo la quiero a la Negra, porque me regaló su heladera vieja, pero que sigue andando, y unas sillas rebonitas.

Un día me acuerdo que no quería ni contestar el teléfono, se hacía la sorda, la muy zorra. Incluso el marido de la sobrina nieta la llamó para venir a verla. Y no y no, se hacía rogar como si fuera una pendeja de 20.   Yo creo que no quería que la vieran sin el pelo de peluquería, las uñas sin pintar, hecha una piltrafa, en pocas palabras. Es muy coqueta la señorita. Pero gracias a Dios, y a todos sus rezos y a un santo que no me acuerdo como se llama, se mejoró. Solo pedía volver a ver a esos chiquitos otra vez. Y esperemos que se le cumpla.

El miércoles pasado vino la Negra. Mientras la señorita hablaba con su sobrina, yo limpiaba el baño principal y escuché todo.  No de metida, es que no pude evitarlo. Se notaba que la sobrina estaba nerviosa, era una de “este…”, “mirá…”, “quería decirte…” y no arrancaba. Por fin se animó y le dijo que Mauricio y la esposa querían que el día del cumpleaños se festejara en un pelotero. Esos lugares para chicos, con juegos y señoritas que los entretienen. Es que quiere invitar otros chicos, hijos de amigos. Que ella tenía que venir, por supuesto. Que si quería, podía traer la torta de cumple, y la señorita dijo que de ninguna manera, que la torta se iba a comer en su casa, bajo los caireles de su araña, que tanto limpiamos (eso lo pienso yo solita). Pero eso de que vaya al pelotero, se lo dijo por decir, porque ya sabe que la señorita poco sale. Le da julepe salir a la calle. El corazón le late como loco. Solo al médico conmigo. Que acá vendrían otro día con toda la familia a visitarla exclusivamente a ella. «No te preocupes, vamos a venir todos el domingo y esa fiesta va a ser para vos».

 


Copyright©Adriana Corral

Septiembre, 2019. Todos los derechos reservados por su autor


Nota: las correcciones finales de los textos estuvieron a cargo de su autor.