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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la Escritura Literaria

 

(TIEL) Módulo V Oralidad y escritura

Consigna doce alfa: Escribir un relato a partir de lo que sugieran los siguientes fragmentos de “Él”, que se transcriben a continuación. Para desarrollar esta consigna, estructurar la historia desde la perspectiva narrativa del niño discapacitado que le da nombre al texto de Katherine Anne Porter. Es necesario tener en cuenta la condición mental del narrador protagonista y sus posibilidades de percibir la realidad y/o los seres que lo rodean, como así también su capacidad de sentir. El lenguaje debe ser adecuado a la condición del personaje.  Extensión: dos carillas. 


Mamy siempre dice que es muy difícil darnos de comer y vestirnos; pero lo hacemos solitos. Y que está muy cansada, con las manos ajadas como hojas secas y con olor a lavandina, de tanto lavar nuestra ropa para que estemos limpios y no demos lástima cuando vamos a la iglesia. A la casa de Dios.  Me dice «te quiero mucho» y me limpia los mocos con tanta fuerza que duele.

-él se sienta a mi lado- dice y me sujeta las manos. Me siento entre mamá y papá en el banco largo. Más lejos los niños: Adna y Emily.

La iglesia es tan linda. El techo altísimo. Cristo está adelante, todo piedritas brillantes. Tiene la mano alzada, “Acá estoy” y un libro grande en la otra mano. Es como el libro gordo y grasiento que leemos en casa. Los ojos redondos y buenos me miran. Sonrió. La música sale de los tubos y se te mete adentro. Te hace cosquillas. Todos cantan. ¡Qué lindo! Floto. Respiro hondo y se hincha el pecho.  Yo también quiero cantar. La voz no me sale. Papá me reta: «Silencio. Quieto». Mi cuerpo quiere bailar y saltar.

-Mi hijo predilecto, ¡es tan fuerte y activo!– dice mamá a las otras mamás y me limpia los mocos y me duele. Las otras mamás me miran raro. Quiero gritar «¡no me miren!». La voz no me sale.

Los niños protestan que tienen hambre. Yo también, mi panza gruñe, “grrrr, grrr”. Me voy a mi lugarcito, donde mamá me trae el pan y la leche. No como con los niños. Dicen que hago mucho ruido, que como con las manos y que babeo y que asco dicen.

Cuando me levanto de la cama, Adna y Emily no están. Vienen cuando se cae el sol. Ayudo a mamá. «Te quiero mucho», dice. Entro la leña para el hogar, una montaña de leña. Mamá dice que esos bichos son cucarachas y son sucios. Los brazos duelen y no quieren más. Mi piel está toda rayada. Me acuesto en el pasto mirando el cielo con las nubes gorditas que parecen pan. El sol brillante me hace cerrar los ojos. Mastico los yuyos largos y dulces.  El viento huele suavecito. Se escuchan los teros. “¡Tero, tero!”.  La mamá y el papá cuidan a los teritos. Se enojan si me acerco y me vuelan encima. ¡Qué miedo esos espolones! Corro y sonrío.

Mamy me llama. Tenemos que sacar los duraznos y ponerlos en la canasta.  Adna es más alto que yo, pero tiene miedo. Me subo a los árboles como los pájaros; yo no tengo miedo porque mamá dice que Dios camina a mi lado. No sé.  Yo trepo alto como un monito. No entiendo de monos, de duraznos sí; son rosados, jugosos y suavecitos, me hacen mimos.

Soy un muchacho fuerte. Mi manta celeste se va a cubrir a Emily porque hace frío y Emily no es fuerte. Huele a budín de pan. Yo quiero tomarle la cara entre las manos y acercarla a la mía. «¡No, qué asco!», dice, «Idiota». Me hago un bollito y pongo la nariz debajo de la sábana para que mi nariz no tenga frío. Me acuesto en el piso duro junto al fuego. El baile de las llamas se cansa y las luces desaparecen despacito. Frío oscuro.

Escucho el zumbido. Las abejas son chiquitas pero malas, ¿por qué son malas conmigo? No quiero lastimarlas. Quiero la rejilla con la miel para papá. Me pican igual. Me salen bultos rosados que duelen, queman. Son chiquitas, pero les tengo miedo. ¿No soy tan fuerte? Mamá me pone barro en las picaduras y se va el ardor. Ya estoy tan alto como papá.  Me dice que soy un hombre, que tengo que trabajar. Papá no puede con todo.

Tengo que atrapar al chanchito, mientras toma la teta. Si se enoja la chancha que es tan grandota y gorda… Me meto rápido en el chiquero, agarro al bebé de una patita y salto la cerca rapidísimo. El chanchito chilla, como la puerta de la cocina. Pobrecito, es tan bonito. Se retuerce todo. Lo separaron de la mamá. Tiene mucho miedo. Quiero decirle no pasa nada. Se lo doy a mamá y sonrío. Mamá lo agarra fuerte… Salta la sangre roja, caliente, babosa. Mamá está toda roja. ¿Por qué? La mamá chancha gruñe y resopla. Está triste. ¿Por qué? Me voy corriendo a mi rinconcito. Me tapo con la manta celeste. Estoy sucio de rojo. Quiero entender por qué, de pronto, yo soy malo.

Emily y Adna no están más. Trabajo con papá todo el día. Papá se enoja, grita. No me limpia los mocos. «Callate», dice si gimo, «Llorón». Mi ropa está chica. Los zapatos están rotos. Mi cuerpo duele a la noche. Se pone duro, tiembla, duele. Quiero decirlo. Las palabras no salen. Mamá no me dice te quiero, está más cansada, más hoja seca.

-¡Qué castigo! Cada día somos más pobres. ¡Qué maldición!, dice.

Nieva. El piso está duro, blanco y huele a hielo. El humo que sale de la chimenea baila. Estoy ayudando a papá, buen chico. Papá no puede solo con todo. ¿Qué pasa? Mis piernas no se tienen derechas. Patino. Caigo. Veo muchas lucecitas rojas amarillas verdes negras…

Estoy en la cama de mamá y papá. Me quiero levantar y no puedo. La cabeza quiere explotar. Mis piernas no quieren moverse. Hago fuerza, pero no quieren moverse. Mojo la cama. Están todos serios. El doctor dice que tengo que ir al hospicio. No entiendo. Me dice que me van a llevar a otra casa donde me puedan curar, para que me ponga fuerte otra vez.

Me van a separar de mamá. Tengo mucho miedo.

 


Copyright©Adriana Corral

Julio, 2019. Todos los derechos reservados por su autor


Nota: las correcciones finales de los textos estuvieron a cargo de su autor.