Trabajos de taller

Glosario de términos

Buscar

Seguinos en

  • Taller literario online La Argamasa en facebook

“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la Escritura Literaria

 

(TIEL) Módulo IV La literatura  y los géneros discursivos de uso cotidiano

Consigna nueve Escribir una receta, un reglamento o unas instrucciones con uno de los siguientes objetivos: “conseguir amigos influyentes”, “sobrevivir en la Argentina actual”, “ser una chica fashion”, “no morir a la hora señalada”, “volver  un estado amniótico”. Se puede elegir también un objetivo no mencionado aquí. Extensión máxima: una carilla.


MANOS Y PALABRAS QUE CURAN

Momento de transmisión: 24 de diciembre a las 0 horas.

Objetivo: Curar el Mal de ojo y el Empacho.

 

Modo: no se deben pronunciar las palabras, se escriben en un papel y se transmiten de generación en generación.

Alivia el dolor de cabeza, calma el llanto de un bebé, ayuda a dormir más tranquilo, detecta indigestiones y las libera, de manera tal que al tercer día casi no hay molestias.

Antonia fue una mujer de mucho trabajo en casa, a diario atendía a sus tres hijos,  Delia, Luis y Elena, con sus manos hizo infinidad de cosas, desde la cocina hasta la costura. Con amor y carácter, mucho carácter, marcó la vida de varias generaciones.

Existía y existe en su familia la tradición de curar el mal de ojos  o más comúnmente llamada “ojeadura” y el empacho;  ella se la  transmitió a su hija, ésta a la suya y así hasta llegar a su tataranieta, quien es la última portadora de las palabras hasta que se convierta en madre y se lo trasmita a su descendencia.

A veces,  una mirada fuerte, el cansancio o  baja energía producen dolor de cabeza, irritabilidad, no encontrar alivio en ningún analgésico. Creer o no,  las palabras pronunciadas en silencio invocando el nombre del afectado,  hacen que quien las utiliza comience a bostezar repetidamente aliviando así el  malestar. Lo mismo sucede con el empacho, se utiliza una corbata y se toma la medida de tres brazos para colocar el extremo en el hígado o en la boca del estómago del afectado, se pronuncian en silencio las palabras y se vuelve a tomar la medida, indicando el nivel de malestar con la última brazada, que, creer o no, la corbata se acorta marcando el nivel de indigestión, se repite tres días.

Palabras y manos que curan, con amor y sabiduría, quién las recibe porta un legado familiar importante y la responsabilidad de que continúe hasta hoy. Antonia descansa en paz hace ya veinticuatro años, y su sabiduría y amor persisten, vaya también,  incontables anécdotas de su tan temido carácter, que sólo era la cáscara que envolvía  a tan maravillosa mujer.

 


Consigna diez Imaginar la siguiente situación : dos mujeres intercambian chismes en una peluquería de barrio, mientras se hacen peinar/cortar y/o teñir el pelo. La charla de las dos se mezcla con la enumeración de las acciones del peluquero, llevada a cabo por un narrador objetivo ( que se limita a referir acciones del modo mas neutro posible).

Utilizando esta idea, escribir un relato en el cual se parodie el lenguaje de las mujeres.

Extensión máxima: 1 carilla


ANTIGUAS Y RIVALES

Día sábado como tantos otros, y con las particularidades de siempre. Varias mujeres sentadas en el sillón del recibidor esperando a ser llamadas para ser atendidas, otras dentro con sus capas puestas y con una revista de actualidad (las de chimentos lógicamente). Cerca de las once,  hace su entrada triunfal Inesita, una coqueta mujer entrada ya en años,  con sus botas de taco alto, calzas animal print y maquillada de fiesta. Es la esposa de un acaudalado empresario que no arruinaría sus delicadas manos (así dice ella) en lavarse y peinarse el cabello.

Clienta fija y predilecta,  obviamente,  se cree la dueña del lugar, le toman sus pertenencias y se sienta al lado de Haydeé (directora jubilada de un prestigioso colegio, que se tiñe su cabello bastante reseco,  una vez al mes de un color rojizo espantoso), quien baja la montura de sus anteojos y la saluda con efusividad (o falsedad disimulada se diría). “Querida, que gusto verte por acá, que flaca y mona estás” (animal print ¿pero no estás un poco vieja y ridícula  para eso?). Sonó un estruendoso beso y el pincel con la tintura interrumpió su paso.                         “Hola, hola ¿como va?” (¿Por qué ese color rojo en esa maraña?). Lali la peluquera le informa que enseguida la van a hacer pasar a la bacha de lavados (menuda mañana le espera con las dos cotorras, mientras continúa tiñendo mechón por mechón del seco cabello).

“Lali, tengo ganas hoy de un cambio de  look, estaba pensando en cortarme un poco” (y sí, lo que Inesita diga es palabra sagrada, es la clienta número uno por excelencia, pero también hay que soportarla). Lali es de pocas palabras asi que con una sonrisa e inclinación de cabeza le afirma que así lo hará.

Mientras las hacen pasar al sector lavados,  Lali respira, acaba de enterarse de los amoríos de juventud de ambas (ninguna lo dice pero se nota que hubo algún galán entre las dos, aparentemente Inesita,  como siempre,  salió victoriosa).

Haydeé se peina con su batido tradicional  (hay gente que no evoluciona con el peinado) “Querida,  contame si lo volviste a ver después de enviudar, una mujer como vos se merece volver a enamorarse” (dudo que la hubiese invitado un café  si todavía conserva ese vozarrón de colegio) “Poco querida, lo crucé alguna vez en la plaza” (¿hay necesidad de qué todo el mundo se entere de que enviudé? ¡que comedida!).  El secador de  pelo hizo su entrada triunfal y las silenció unos minutos, al tiempo que Lali hacía su magia con las tijeras, porque tenía una técnica impecable y era muy respetuosa de sus clientas (de ahí a permitir el color rojo de Haydeé, todos en su staff saben la cantidad de veces que la quiso convencer de que lo cambie, pero gustos son gustos).

Finalizada la tarea ambas se halagan sus cabezas, prometen volver a verse, no ahí, si no en la cafetería, “Para ponernos al día Inesita” (ni sueñes que te cuente que Oscar volvió a sus andanzas) “Si querida, cuando quieras, sabés que me encanta charlar contigo” (menos mal que no me pidió el teléfono). Agradecieron a Lali su trabajo, pagaron y en la puerta se despidieron con un abrazo (falso, por cierto, si ni se aguantan, basta con prestarle atención a las miradas furtivas que se  arrojan) y cada una se fue por su lado.

En fin,  en la peluquería se dispusieron a atender a la próxima clienta continuando con la rutina y Lali siempre sonriente (aunque exhausta,   porque esas dos la dejan agotada) invitó a Rosi a tomar asiento en su sillón.

 


Consigna once Elaborar un relato que se construya a partir de una sucesión de telegramas y/o mensajes de correo electrónico, anotaciones de agenda, avisos fúnebres, recetas médicas, mensajes de texto (SMS), etc., y que tenga como elemento en común la figura de un personaje que será su emisor o destinatario. Tomar como modelo Los años 90 de Daniel Link o Boquitas pintadas de Manuel Puig. Extensión máxima: 1 carilla


Receta Médica

Sr. Iracundo Varela

Afiliado 7337664

R/P

Clonazepan  6 mg (dos cajas)

Diagnóstico: Ansiedad e insomnio.

Indicaciones:  1 comprimido por las noches y ¼ al levantarse. Si escucha voces,  volver a la consulta urgente.

Iracundo llegó  a la consulta desesperado, aterrorizado por la voces que escuchaba, no dormía desde hacía ya mucho tiempo, ni él sabía cuanto había pasado desde la última vez que Morfeo lo acunó en sus brazos.

Cuentan quienes lo conocen que solía trabajar en el ferrocarril, que cada mañana al amanecer tomaba su bicicleta y se dirigía a la estación,  distante a unos cuantos kilómetros de su casa. Nada parecía alterar su rutina, fija por más de treinta años, hasta que su achacado cuerpo dijo basta y volviendo una tarde chocó contra un árbol. Tan fuerte fue el golpe que tardó varios días en volver en sí, al principio con algunas lagunas, hasta recobrar por completo su memoria, pero ya sin poder volver a trabajar, por lo que cada mañana seguía levantándose y se dirigía a la estación,  a veces a pie,  otras veces se hacía llevar por algún vecino que pasara por ahí.

Y se sentaba en un banco a ver a la gente subir y bajar, despedidas tristes y encuentros felices, alguna madre regañando a algún  travieso niño que correteaba entre la gente, hasta que un día el tren no pasó más e Iracundo seguía yendo sin faltar un día siquiera durante varios años, pero la soledad lo envolvió con su manto y él queriendo escapar de ese vacío comenzó a imaginar que nada había sucedido, que todo estaba en su lugar.

Cerraba los ojos y las voces y los gritos venían sin cesar, el problema se presentó cuando se acostaba a dormir y por las noches seguía escuchando voces y gritos, a tal punto de volverlo casi loco.

Muchas veces imaginó que subía y el tren lo llevaba lejos, otras pedía a gritos silencio, eso produjo que su hija lo acercara hasta la consulta del prestigioso doctor Ramírez quién amablemente le dijo que podía estar loco. Le indicó una medicación para dejar de escuchar voces y así conciliar un placentero sueño.

Iracundo, sentado en su cama,  por las mañanas las seguía escuchando, pero no decía nada, porque había escuchado la recomendación a su hija de encerrarlo en algún lugar, él no había perdido la razón, había pasado demasiados años de su vida rodeado de una vida llena de movimiento, lo único que sentía era nostalgia y deseos de volver el tiempo atrás, sólo eso  nada más.

 


Copyright©Bárbara Larrusse

Marzo, 2019.  Todos los derechos reservados por su autor


Nota: las correcciones finales de los textos estuvieron a cargo de su autor.