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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la Escritura literaria

 

(TIEL) Módulo I Variaciones

Consigna uno Escribir dos nuevas variaciones para agregar a las que fueron transcriptas en el inicio de este módulo, respetando el argumento mínimo de alguno de esos textos. Extensión máxima de cada variación: media carilla.


Variación 1


Explosión en bar céntrico. Dos heridos de gravedad

Este miércoles a las 3 de la tarde, explotó una bomba en un bar de Corrientes al 1200, que dejó varios heridos, dos con lesiones graves, roturas de vidrios y destrucción de mobiliario

  Buenos Aires. El miércoles a las 3 de la tarde se reportó un fuerte estallido en un concurrido bar de Corrientes 1255. El hecho fue generado por un dispositivo explosivo de fabricación casera, que habría sido adherida a una de las mesas.

Hay al menos seis heridos, entre ellos dos vecinos que esperaban el colectivo 39 y que fueron afectados por la onda expansiva. Dos clientes habituales del bar sufrieron heridas de gravedad, y fueron inmediatamente transportados por el SAME a un nosocomio vecino. La bomba también causó cuantiosos daños estructurales.

Los investigadores atribuyen el ataque a un ajuste de cuentas entre sociedades anárquicas rioplatenses. Fuentes confiables aseguran que el propietario del bar pertenece a la escurridiza Sociedad del Ojo Omnisciente.

No se han identificado a los responsables, pero habría tres sospechosos. Se trataría de dos hombres y una mujer de mediana edad que salieron en fila pocos minutos antes de la explosión. Se han realizado los identikits correspondientes a partir de las descripciones de los testigos.

 


Variación 2


Por algo será…

–Pero vos estás loca! ¿Cómo que vaya a la policía? ¿Y yo que tengo que ver? Estaba solo leyendo el diario y tomando un café ¿Cómo se te ocurre que por ese dibujito miserable me van a identificar?

–No es eso. Es que... el tipo que estaba internado en terapia murió. Vos podés ayudar como testigo. Contar lo que oíste. ¿Qué sé yo? Colaborar. Eso, colaborar.

–Parece que vivieras en otro país. ¿Qué decís?  Una vez que te enganchan, una vez que te metieron en la computadora, te investigan toda la vida. Sos culpable hasta que se demuestre lo contrario.

–¿No será que VOS te sentís culpable porque fuiste a esas reuniones? ¿Por algo será que no me habías contado nada?

–¡Nada que ver! Ya te expliqué, pero vos no escuchás o no querés escuchar. Fue solo una reunión con un discurso politico un poco subido de tono. Nadie habló de ataques, ni bombas, ni piquetes. Nada. ¿Entendés? Absolutamente nada.

–Con más razón, si ese meeting fue tan honesto como decís, tenés que presentarte y contar tu versión. Te acompaño. Vas a ver que después te sentís mejor. No podés ser indiferente. Hay muertos, destrozos. Vamos…

–Ya te dije que no! Y no quiero hablar más del asunto. ¿Me escuchás?

 


Consigna dos alfa: Inventar una nueva anécdota nimia (siguiendo las instrucciones transcriptas más abajo) y realizar tres variaciones (de extensión máxima: media carilla cada una). Ampliar una de ellas de modo que derive en un relato breve (extensión máxima: una carilla y media). Enviar al orientador solamente las variaciones y el relato. La anécdota debe ser construida a partir de las siguientes instrucciones:

-que haya un encuentro aparentemente efímero entre un hombre y una mujer;

-que la acción transcurra en un lugar público o semipúblico (una plaza, el baño de un bar, un museo, un hotel, un tren, etc.);

 -que haya otro/s personaje/s que mire/n (y/o cavile/n sobre) ese encuentro;

-que haya más de una acción encadenadas lógica y cronológicamente y alguna acción secundaria;

-que haya un intercambio gestual o verbal entre dos personajes (cualquiera de ellos).

 


El Duelo

Ayer había muerto la madre. Terminado el funeral y una vez que partieron las visitas de compromiso fue a tomar un cóctel al barrio de los Navigli. Le daba vergüenza admitirlo, incluso culpa, pero sentía un profundo alivio. Los últimos años al lado de esa madre demandante, dependiente e hipocondríaca habían sido agobiantes. No obstante, era consciente de que la extrañaría y mucho.

Estaba con el perrito lanudo que había heredado como para que continuara encadenada.  A Susana no le gustaban las mascotas. Respiró hondo y saboreo su Spritz. Fue entonces cuando la vio. Era la mujer de los profundos ojos mediterráneos­; la que estaba sentada en el último asiento del micro la semana anterior, durante ese viaje interminable desde Cinque Terre a Milano.

La recordaba perfectamente porque había llorado todo el trayecto. En un cierto momento, Susana se había levantado con toda la intención de acercarse a ella y preguntarle si necesitaba algo, para consolarla. Pero al final no se animó, como siempre. Muchos la consideraban una pusilánime y tal vez tuvieran razón.

Entonces vio que un hombre se sentaba a la mesa de la mujer, traía dos bebidas. Se sonrieron. Susana se preguntó si alucinaba, y sin embargo estaba casi segura de que ese era el chofer del autobús. Volvió a respirar hondo; suceden cosas curiosas en la vida. Pidió un Negroni.

 


El viaje

En esta comedia romántica Anna y Sergio son dos antiguos vecinos que se reencuentran en forma fortuita después de años sin verse. La reunión tiene lugar en un micro de larga distancia, en un sofocante verano italiano. Ambos están atravesando situaciones particularmente dolorosas.

El Viaje, la última película del laureado director italiano Gabriele Muccino aborda el misterioso mundo de las relaciones humanas en sus diferentes expresiones, la relación madre-hija, la vieja camaradería, los flirteos de adolescentes y el reencuentro de dos personas adultas con varios fracasos afectivos en su haber.

Muccino, agudo observador de las costumbres de la clase media italiana, presenta un atractivo entrelazamiento de narraciones que se gestan durante un viaje en micro. Entre ellas sobresale el vínculo tenso y ambivalente entre dos argentinas, viejas compañeras de colegio, en viaje de placer. Cabe destacar la brillante interpretación de las argentinas, que dicen más con las miradas y los gestos que con las palabras.

La comedia presenta una estructura muy sencilla, pero el relato es entretenido, con momentos realmente logrados. Tal vez lo más importante sean los deslumbrantes paisajes de la Liguria y la Lombardía donde fueron rodadas las escenas. En conclusión, se trata de un film ameno, altamente recomendable.

 


relato


EL VIAJE

Serían las cinco de la tarde y ese sol que seguía ardiendo. Habíamos pasado un estupendo fin de semana al mar, aunque algo tenía que salir mal, como para equilibrar esa sucesión de hechos que algunos llaman destino. Había paro de trenes.

Por fortuna logramos subir a un micro de larga distancia. Realmente me sentí aliviada, hubiera preferido quedarme en la costa, pero no había ni una habitación libre. Teníamos que volver, no había salida.

El   autobús estaba atiborrado de gente con olor a mar. Detrás de nosotras se sentó una mujer de unos treinta y tantos, morena, atractiva con esos cálidos ojos mediterráneos. Ni bien el micro se puso en marcha, comenzó a hablar por teléfono. “¡Qué plomo estos celulares que invaden tu deseado silencio!”, pensé. “Llamá al hotel –me dijo Fio– avisá que llegamos tarde, para que nos respeten la reserva”. “Pero te simplifican la vida”, concluí mi pensamiento. Pasaríamos la noche en Milán. Al día siguiente, volaríamos de regreso a Buenos Aires. Este era el fin de nuestras vacaciones, en un micro atestado de gente que no conocíamos y ni siquiera un buen mozo para regodearse la vista.

Delante de nosotros, una señora mayor, la hija o la que presumimos que lo era y un perrito peludo que jadeaba. Un grupo de adolescentes ocupaba todos los asientos delanteros, invadiendo el espacio con sus risas, palabrotas, su energía envidiable y ese grasoso olor a papas fritas McDonald. “Tratemos de quedarnos un poquito sentados”, les rogó el chofer mientras que se secaba el sudor que le cubría la frente. El sol le pegaba sin piedad.

La mujer empezó a llorar. Hablaba y lloraba, lloraba y hablaba en forma entrecortada, entre sollozos. “¿Qué le pasa a ésta?”, preguntó Fio. Traté de aguzar mi oído y mi dominio del italiano. ¡Cuántos recuerdos! Cuando íbamos al colegio, en nuestros espantosos uniformes azules, solíamos jugar a adivinar la vida de los otros pasajeros del colectivo y tantos años después, sin proponérnoslo, recurrimos a nuestras antiguas prácticas. “No sé, algo de un tipo”.  “La habrán plantado y ella sigue muy enamorada”, decretó Fio. Increíbles son los caminos del aburrimiento, pueden conducir al espionaje.

“Cómo nos arruinó el finde este paro del diablo –protestaba Fio– y este olor a fritanga.”  Yo disfrutaba del paisaje que se abría ante nosotros. Estrechos caminos sinuosos, una hilera de pueblos colgados de los acantilados y torres campanarios que se alzaban con orgullo secular.

La llorona continuaba su lamento, indiferente a las miradas de sus vecinos. Los chicos la observaban y cuchicheaban. La hija, en un cierto momento se levantó. Pensé que se le acercaría para consolarla, pero no: fue a hablar con el chofer. Y yo veía por el espejo que éste le decía que no con la cabeza. Antes de volver a su lugar, nos comentó que su madre tenía mucho frio –codeé disimuladamente a Fio– y que el chofer no quería subir la temperatura del micro. De hecho, noté que los chicos se estaban cubriendo con los toallones de la playa y nosotras también sacamos los pareos llenos de arena. ¡Qué bien nos hubiera venido un mate en ese momento!

La mujer seguía gimoteando. Tal vez hablaba con otra persona, aunque el tema de la conversación era el mismo, el tipo. Pero era algo del trabajo, su jefe, al que tenía que ver indefectiblemente todos los días. Fio con un libro entre las manos se quejaba de que la mujer no la dejaba leer. Tal vez era nuestra curiosidad la culpable. O el frio, quizás. “Salía con el capo, y la plantó”, dijo Fio triunfante, como si fuese Hércules Poirot. “Y te digo más –continuó– el tipo era casado.” Largó una sonora carcajada. “Tres hijos.”

La madre estaba preocupada, el perrito podría tener frio. “Pero mamá si tiene un tapado de piel”, dijo la hija mostrando un poco de hartazgo por su peludo hermanito. Revolvió su bolso y pacientemente cubrió los hombros de su madre con un segundo saquito. Nos miramos y nos pusimos a reír, esta vez de nuestro vecino jadeante.

“Vecchio schifoso”, dijo la mujer y se escuchó clarito, debe haber subido el tono de voz. Inferimos que seguía refiriéndose al tipo, pero la historia había dado un vuelco. “Está claro que ese tipo la acosa –le dije a Fio indignada– y con este asunto de la precariedad laboral está atada de pies y manos, no puede dejar el laburo.”

“Parada técnica”, gritó el chofer. Y todos nos apuramos a salir de esa heladera rodante. Baño, cafecito caliente con 35 grados y los últimos rayados de sol. Entonces vimos que la morena de los ojos subyugantes estaba riendo y fumando un cigarrillo con el chofer. “Ajá –exclamó Fio sarcástica– resultó rapidita la llorona” La mire en silencio, asombrada o tal vez no tanto, las palabras no hubieran podido expresar mi rencor.

 


Copyright©Adriana Corral

Febrero, 2019. Todos los derechos reservados por su autor


Nota: las correcciones finales de los textos estuvieron a cargo de su autor.