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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la Escritura Literaria

 

(TIEL) Módulo III Crímenes y castigos

Consigna de escritura Elija dos de las siguientes imágenes, escriba dos textos independientes que instalen una mirada sospechosa (extensión máxima: media carilla).


El bicho

Taller literario La Argamasa

 

 

 

Imagen Nº1

 

El oficial Gómez era un policía que estaba más cerca del retiro que de la acción. Si bien nunca había ascendido en la fuerza, llevaba consigo ese sexto sentido para la investigación del crimen que no se enseña en la academia. Tenía una panza prominente y de vez en cuando se subía los pantalones que se le iban cayendo cuando caminaba a pesar de usar cinto. Era moreno y bonachón, había venido del norte cuando era muy joven, y le decían el salteño. No representaba en sí mismo la imagen de un agente capaz de descubrir delito alguno. Quizás por eso la madrugada del 20 de mayo del año pasado la dueña de la casa de la calle Irigoyen no se puso nerviosa ni bien tocó la puerta.

 

-Buenas noches, señora -Dijo Gómez- . Han llamado vecinos diciendo que escucharon gritos en esta casa.

 -Buenas noches, oficial -dijo la señora Suarez-. No, aquí no ha pasado nada.

 -¿Se encuentra sola en la casa?

 -No,  estoy con mi marido, está durmiendo. Mañana tenemos que trabajar, así que le agradecería si nos deja descansar.

 -No se preocupe, señora, es un rato nada mas, voy a tener que pasar y dar un vistazo, es un procedimiento de rutina.

 Sin esperar respuesta, Gómez entró en la casa a paso firme, mientras avanzaba se subía los pantalones.

 -Oficial, mi marido está durmiendo ?dijo la señora enojada- .A los delincuentes nadie los molesta pero a la gente que trabaja les joden la vida.

 Gómez hizo como que no escuchaba y siguió caminando, cuando llegó a la cocina vio una cucaracha muerta en el suelo.

 -¿Problemas de cucarachas, señora? -Dijo Gómez.

 -Sí ya probé con todo y no se van, pasa que cerca hay un baldío. Y la gente de este barrio tira basura donde se le ocurre. Eso las debe atraer.

 -¿Y qué producto usa para matarlas?

 La señora no respondió, hizo como que no escuchó la pregunta y se puso a levantar la cucaracha con una escoba y una pala de limpieza.

 Gómez intentó encarar para el pasillo de las habitaciones, cuando la mujer lo paró en seco.

 -Está mi marido durmiendo le dije.

 Gómez tampoco respondió y entró en el primer cuarto que daba al pasillo. Había una cama con un hombre completamente dormido.

 -Lo ve, le dije que estaba mi marido durmiendo.

 Gómez reculó sobre sus pasos y sacó su teléfono.

 -Necesito refuerzos y una ambulancia. Hombre envenenado.


 

La canoa 

Taller literario La Argamasa

 

 

Imagen Nº2

 

Paula Mansilla vivía en San Antonio Oeste, tenía una casa frente a la playa en la que habitaba sola desde que su marido había desaparecido. Tenía 42 años y convivía con dos gatos que le hacían compañía en las noches. Su caso había cobrado notoriedad hace cinco años, pero ya nadie buscaba a su marido. El expediente fue cerrado y la memoria de Martín ?su marido? solo era perpetuada por Paula en su amor y su recuerdo. Y justamente aquel día se cumplía un año más de la noche que la condenó a la soledad, esa noche hacía el mismo frio que un año atrás, llovía con la misma fuerza que hace un año, y hasta se sentía en el aire la misma sensación de que algo importante estaría por pasar. Paula miró por la ventana y vio en la costa una embarcación con un hombre a bordo. El hombre llegó a la orilla y bajó del bote, desde lejos parecía un hombre mayor, o alguien maltrecho, por su postura. Caminó por la playa en dirección a la casa de Paula y se detuvo mirando fijo hacia la ventana. Había algo en sus manos, de vez en cuando se las frotaba o se las rascaba, debido a la distancia Paula no podía distinguir bien. Pasaron varios minutos en el que el sujeto miró hacia donde estaba Paula sin moverse hasta que se arrodilló en la arena mientras la marea lo alcanzaba con su vaivén. No puedo explicar lo que impulsó  a Paula a bajar a la playa para ver qué sucedía, pero lo cierto es que se abrigó y salió al encuentro de ese extraño sujeto que llegaba desde el mar. Caminó hacia el hombre y la noche estaba más cerrada que nunca, no fue hasta que estaba a unos metros cuando pudo divisar el rostro del hombre.

-Martín, ¿sos vos? -dijo Paula que se aferro al Hombre entre llanto y confusión -¿Dónde estuviste mi amor, estás lastimado, tenés sangre, qué te pasó, qué te hicieron?

El hombre guardó unos minutos de silencio, y luego soltó una carcajada y dijo:

-Esta sangre no es mía.

 


Consigna ocho Optar por una de las dos consignas (“alfa” o “beta”) que se proponen a continuación. (Extensión máxima: entre 1 ½ y 2 carillas.)

Ocho alfa


«En la década de 1910, fue detenido R. S., un ingeniero alemán, soltero, de 29 años, por haber cortado un mechón de pelo a una adolescente, G. M., con unas tijeras durante un viaje en tranvía. Luego de reconocer que había cortado el cabello para satisfacer su deseo sexual, fue enviado a la sala de Observación de Alienados donde entabló un buen vínculo con un médico que le pidió que pusiera por escrito lo que el mismo R. S. llamaba su “enfermedad”».

Construir el relato del paciente incluyendo en él algunos de los fragmentos originales.


Relato

Hacía casi dos semanas que no tocaba un cabello. Si bien siento placer por todos ellos, los cabellos rubios son mi debilidad. La última había sido una pelirroja que atrapé a la salida de una farmacia donde trabajaba. Escuché en la radio que habían matado a un par de mujeres que corrían por una plaza cerca del barrio. Qué salvajes, eso no tenía nada que ver conmigo. Yo solo quería disfrutar de eso que Dios les había dado a las féminas para hacer feliz a los hombres y tanto me negaban. Pero bueno, tal noticia servía para distraer a la policía.  Si bien sabía que algún día caería, el hecho no me frenaba en lo absoluto. Ya no podía parar.

Los sábados eran los peores días. Durante la semana podía soportarlo, quizás por el trabajo. Pero los sábados eran un suplicio si no podía oler y besar algún cabello. Tenía que ser el cabello de alguna jovencita. Era vital que sea virgen, y no me refiero a lo sexual. Me refiero a un cabello sano. La semana pasada, el ingeniero Rosatti me invitó a su casa. Supongo que consideró que era momento de compartir una cena y presentarme a su familia. Ya que hacía dos años que trabajaba para él en la oficina haciendo la ingeniería de detalle de sus proyectos. Acepté la invitación, porque realmente tenía ganas de despejarme y Rosatti era un ingeniero que me caía muy bien. No era de esos ingenieros que se defendían con la lengua, era al igual que yo -solo con veinte años más- de esos ingenieros que pueden tomarse el tiempo de estar tres días realizando un cálculo si es necesario. Lo malo era que no sabía lo que me esperaría. Sabía que estaba casado y que tenía una hija. Pero no me esperaba lo que vería esa noche que me invitó a cenar. Llegue más o menos a las 21 horas. Jorge me abrió la puerta. Era un gran anfitrión. Con una sonrisa enorme me recibió y me saludó con un beso. En la oficina nunca nos saludamos con un beso. Al rato llegó su mujer, era profesional y refinada como él. Era arquitecta, pero extrañamente nunca había querido trabajar en el estudio. Supongo que eran ese tipo de decisiones que toman las parejas para mantener la relación. Su mujer se llamaba Cristina, era quizás más gentil que Jorge, me ofreció algo para tomar, a lo que yo asentí. Entonces ella trajo unas cervezas y una picada y se fue a terminar la cena. Nos quedamos en el living con Jorge hablando de los proyectos de la oficina.

-¡Papá no me sale! -se escuchó desde el piso de arriba. Y al segundo bajó por la escalera una jovencita rubia de ojos más celestes que el cielo. Era la hija de Jorge.

-José, vení, tenemos visita -Dijo Jorge-. Es mi hija Josefina. Esta haciendo su tarea de matemáticas.  El es un compañero de trabajo, es ingeniero como yo, así que ya tenés a quien hacerle preguntas de matemática.

Josefina me saludó con un beso y una sonrisa. Tenía un vestido de tela de percal con flores. Era una jovencita de unos 17 años. De su ser fluían luces y aromas que hicieron que por un momento sintiese que me encontraba en el cielo. Me saludó con un beso y sentí que su pelo cayó sobre mi hombro. Como dije antes: era inmensamente rubia e inmensamente hermosa. Sus labios eran de un rosa mate imposible de describir.

-¿Qué es lo que no te sale? -Dijo Jorge.

-Esto mirá. La profe dijo que había que llevarlo hecho para mañana.

-¿Te acordás algo de esto? -Me preguntó Jorge.

-A ver, sí es bastante sencillo. Hay que usar números complejos.

Josefina se le iluminó la cara al descubrir que quizás tenía la respuesta a su ejercicio y se sentó junto a mí  en el sofá. Sin preguntarme nada, me puso la hoja sobre mi regazo junto con el lápiz. Resolví el ejercicio y se lo entregué. Josefina lo miró, sonrió, y salió corriendo de nuevo hacia su cuarto sin decir palabra.

El resto de la noche fue un calvario. No podía dejar de pensar en tener ese cabello rubio entre mis manos. En la cena, Josefina bajó y cenamos los cuatro. Jorge me hablaba del viaje que había hecho en el  verano donde había conocido unas ruinas de no sé qué antigua civilización. Pero yo solo podía mirar a Josefina que comía mirando su teléfono y de vez en cuando intervenía para burlarse de su padre. Terminamos  de comer y me ofrecí para levantar los platos, a lo que la esposa de Jorge con un gesto le indicó a Josefina que me ayude. Llevamos los platos a la cocina y Josefina seguía jugando con su celular. Siempre llevo una tijera en el bolsillo. Nunca se sabe cuando aparecerá un ser así sobre esta tierra ante mis ojos. Entonces lo hice. Sabía que sería el último. Sabía que con este golpe se develaría mi enfermedad. Pero no me importó. No había otra oportunidad en mi vida. Entonces la tomé del pelo, le corté un mechón, y salí corriendo por la puerta trasera. En la calle, la oscuridad, los adoquines y algunos vecinos sacando la basura.

 


Copyright©Daniel Aguilar

Noviembre, 2018.  Todos los derechos reservados por su autor


Nota: las correcciones finales de los textos estuvieron a cargo de su autor.