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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la Escritura Literaria

 

(TEC) Módulo VI La trama 

Consigna T2: Escriba tres textos breves con los temas más abajo transcriptos. Cíñase exclusivamente al conflicto, no aborde otras instancias narrativas

 1. el personaje y su oposición a la sociedad de su tiempo.

 2. el personaje consigo mismo


1.

Salió de la oficina con la indignación clavada en el entrecejo. Balbuceando exabruptos sin detenerse a pensar si quiera que la gente a su alrededor se espantaba ante tales groserías. ¿A quién se le ocurría semejante barbaridad? ¿Cómo podían siquiera plantearle la posibilidad de hacer eso? Desde hacía treinta años era el primero en entrar al edificio y uno de los últimos en retirarse. Ningún estado de salud había podido ausentarlo de sus tareas y salvo exiguas vacaciones, que su mujer lo había obligado a tomar, cumplía a raja tabla su labor con la mayor de las predisposiciones. Era atento y cordial con sus compañeros, soportaba las idiosincrasias ineludibles y hasta organizaba los quehaceres comunes acorde a las funciones de cada uno. Nunca se imaginó que tanto esfuerzo fuera en vano. Si lo despedían quizás hubiese sido más digno que proponerle semejante disparate. Aunque a medida que caminaba se daba cuenta de que no era un ofrecimiento sino una orden. No se referían a una mera especulación, sino a un hecho consumado. No lo invitaban a pensarlo, le informaban lo que se había resuelto en la última reunión de personal.

Abrió la puerta de su casa con ferocidad y la cerró de un solo golpe. Su mujer que estaba en la cocina, pegó un saltó y derramó parte del café que recién se había servido. Se asomó justo en el momento que su marido revoleaba el portafolios en el sillón. Lo vio arrancarse la corbata como si esta hubiese cobrado vida e intentara ahogarlo. Las mejillas eran dos esferas rojas que brillaban en contraste con la blancura de sus dientes que los tenía apretados.  

¿Qué pasó? -fue lo único que osó a preguntar. 

Extendió sobre la mesa un papel en el que se leía: “A partir del día de la fecha continuará sus tareas habituales bajo la modalidad de HOMEWORKING”.


2.

Ella vomitaba las palabras. Semejantes a víboras enroscándose en su lengua que saltaban al vacío. No tenía puntos medios, la personificación de la dulzura o un huracán imparable de reproches y amenazas. Tenía el don de alejar a las personas. Los pocos que se atrevían acercarse huían despavoridos en cuanto quedaban agotados con su vaivén emocional.  

Estaba acostada mirando la ventana. El zumbido constante del ventilador le servía de compañía. Las luces de una ciudad encendida la deleitaban. Un centenar de vidas diferentes se abrían paso a través de ellas. Dibujaba formas con los dedos, intentando adivinar cómo se sentirían esas otras personalidades dentro de su cuerpo. Tomar prestada calma para que su alma se serene, implantar una sonrisa encantadora como arma contra el abandono, cautivar los rostros ajenos con palabras amenas. Ella era una masa amorfa descarriada, producto de malas decisiones, de la acumulación de pensamientos negativos aspirando de sus poros. Nada le parecía bien, su respuesta era una crítica constante, sin fe ni expectativas sobre nadie. Anhelaba poder culpar al tiempo de haberla ido transformado. La innegable verdad era que ella tenía la culpa.  

Se giró colocándose boca arriba. Amor. Sus sueños estaban fabricados de ese único deseo. Sus gritos se cristianizaban en plegarias que partían en su búsqueda. Debía hacer el esfuerzo de cambiar sus malos hábitos, ejercitar la tolerancia. Aprender a disfrutar de los pequeños y sublimes instantes de la vida. Dejarse llevar por el remolino de las experiencias venideras. Desplegar sus brazos, de cara al sol naciente, e intentar caminar. 

Le dio la espalda a la ciudad. En los cuentos de hadas también existía una malvada bruja. La de ella era su propia esencia. Demasiadas veces había tenido que ocultar sus pasiones porque les imponía tal intensidad que la mareaban. Se sentía incomprendida o quizás fuera ella la que no comprendía. La que observaba el mundo con un ojo torcido.

 


 

Consigna T6: A partir de los datos del desenlace que se transcribe, organizar una trama y escribir un relato.

“Las leyes del Cielo y del Infierno son versátiles. Que vayas a un lugar o a otro depende de un ínfimo detalle. Conozco personas que por una llave rota o una jaula de mimbre fueron al Infierno y otras que, por un papel de diario o una taza de leche, al Cielo”. 

Estoy esperando. Del otro lado del pasillo se está decidiendo mi destino. Es de lo único que me arrepiento, de haberles dado a otros la posibilidad de arbitrar mi vida. El resto fue estrictamente circunstancial. No soy un hombre malo, al menos no en el sentido coloquial de la palabra. Tengo necesidades, lo que me llevó a cometer ciertos delitos. Es posible que entre las personas que perjudiqué hubiese alguna que padeciese más penurias que las mías. Tal vez.  

El último atraco que cometí, el cual me llevó a esta desfavorable situación, lo planifiqué con la calma necesaria para poder salir del círculo en el cual giraba desde hacía demasiado tiempo. Debían atraparme. Y eso pasó. Es gracioso pensar que el día que mi madre me bautizó con el nombre de Jeremías (“el que Dios levanta”), lo eligiese guiada por una epifanía. Puede ser que en realidad nunca tuve la opción de escoger mi suerte después de todo. Mi caída era inevitable. 

Sentado en esta silla me siento minúsculo. Como un niño acusado por portarse mal. En penitencia. Me remite a mi infancia, en la habitación contigua mis padres se ponen de acuerdo en cuál será el castigo más conveniente para que aprenda a portarme bien. La vida es blanco o negro, bien o mal. Tuve una novia que solía hablarme del ying y el yang, la escuchaba solo para poder acostarme con ella. Solía monologar acerca del equilibrio que existía en la naturaleza y resultaba sumamente necesario respetar. Se enojaba cuando yo lo comparaba con “Star wars”, con la armonía que debía establecerse entre el imperio y los rebeldes para que la galaxia perdurara. Algunos debemos elegir el “lado oscuro” para que otros nos encandilen con la claridad de sus acciones.  

Podría poner muchas excusas. El abogado me ha sugerido unas cuantas. No lo haré, quiero ver el fondo de mi propio ser. Toparme con el caos para lograr, quizás, encontrar la salvación. Entender a mi madre que nos intentó enseñar que el perdón es una de las mejores cualidades que un hombre debe de tener y aceptar. 

La puerta se habré y me escoltan dentro. Las leyes del Cielo y del Infierno son versátiles. Que vayas a un lugar o a otro depende de un ínfimo detalle. Conozco personas que por una llave rota o una jaula de mimbre fueron al Infierno y otras que, por un papel de diario o una taza de leche, al Cielo. ¿Dónde me tocará a mi cuando esto acabe? Yo solo puedo sentir el calor de las llamas ascendiendo.

 


Consigna T9: escriba un microrrelato y marque la introducción, el nudo y el desenlace 

La búsqueda 

Introducción

Cuando lo vi entrar ya traía la cara desencajada. La transpiración le recorría la frente de una manera exagerada y la respiración se le notaba acelerada. Él, un hombre cuya rigidez solía palparse en sus posturas, cuidadoso de su intachable aspecto, exasperantemente retraído.


 Nudo

Pasó por mi lado sin detenerse, a pesar de encontrarme girando a su alrededor, tratando de buscar entre los olores de sus prendas una pista que me indicara el motivo de su estado. Solo descubrí desasosiego, preocupación y colonia barata.

Lo seguí hasta su estudio, esquivando el portafolios que había dejado solitario a un costado del escritorio. Revolvía papeles balbuceando insultos y reproches hacia sí mismo. Miraba desconcertado los cajones y levantaba libros cenicientos, rotando por la habitación como un trompo sin cordel. Tuve que ladrar para llamar su atención. Sus ojos se enfocaron en mi postura desafiante, estaba poniéndome nervioso. Se sentó torpemente en su silla, pasándose las manos por el rostro para despejarse.

-¿Dónde está? -preguntó aparentemente a mí, mientras apoyaba mi cabeza en su rodilla.

Esta estática entre nosotros no duró mucho. De un salto se puso en pie y me indicó que lo siguiera. Me tendió un sobre marrón e instintivamente lo olisqueé, él parecía gratamente satisfecho, de haber sabido que esta simple acción parecería templarlo un poco, hubiera puesto mi hocico en cada objeto de la sala mucho antes.

Recorrimos la casa de arriba abajo, en cada habitación me propinaba una palmada en el lomo, dándome permiso a juguetear libremente sobre sus pertenecías, ¿acaso era mi cumpleaños? A la par mío, él convulsionaba el orden imperante en los placares y en aquellos sitios a los cuales yo, por mi naturaleza de cuadrúpedo, no alcanzaba. Debo admitir que era divertido y el susto que había sentido al inicio había desaparecido por completo.


Desenlace 

Como es sabido, la felicidad se termina tan abruptamente como empieza; al abandonar la cocina volvió a fruncir la boca y en la mesada rebotó un disonante golpe. Mientras tomaba agua, lo escuché hablar por teléfono. Su tono intentaba ser calmado, pero en la última sílaba se podía notar el chirrido agudo de la angustia.

El porrazo frustrado de la puerta me dio aviso que había vuelto a marcharse. Comí algunas migas sueltas que me esperaban ansiosas en el piso y me fui directo a descansar. Había quedado exhausto, por lo general mis mañanas eran más bien pasivas. Me acomodé sobre unas colchas improvisadas y unos cuantos diarios y papeles que de vez en cuando me gustaba acumular. Antes de cerrar los ojos percibí el inconfundible olor del sobre marrón.

 


Copyright©Laura Ferreyra 

Julio, 2018.  Todos los derechos reservados por su autor


Nota: las correcciones finales de los textos estuvieron a cargo de su autor.