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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la Escritura Literaria

 

(TIEL) Módulo Variaciones

Consigna uno. Leer los textos que siguen e ir anotando observaciones acerca de ellos a medida que se los lee, teniendo en cuenta en qué aspectos se vinculan los textos entre sí (semejanzas y/o diferencias entre unos y otros).


En base a la lectura de los textos del apunte se detallan las similitudes encontradas:

 a. Tres personajes, una mujer de 30 años, y dos hombres;

 b. el texto transcurre en un café;

 c. hay bullicio en el ambiente;

 d. la protagonista femenina llevaba un vestido floreado y zapatos rojos.

 e. la mujer sale de la escena, seguida posteriormente por el hombre que la acompañaba.

 f. la mujer en un momento le dice “Si” a el hombre de traje.

 g. la mujer se toma el colectivo de la línea 39;

 h. uno de los hombres observa a la mujer.


También se observan como diferencias:

a. Diferentes géneros literarios,

b. algunos textos son relatados en primera personas y en tercera persona.

 

Consigna dos. Escribir dos nuevas variaciones para agregar a las que fueron transcriptas en el inicio de este módulo, respetando el argumento mínimo de alguno de esos textos. Extensión máxima de cada variación: media carilla.


Variación 1


El café de los solos

—¿Sabes lo que pasa?, la gente está sola.

—¿Sola? Este café está lleno de gente.

—Pero están solos, mira a ese estudiante de la punta, hace una hora finge esperar a alguien, revisa su teléfono de vez en cuando pero nunca escribe. Es muy joven para estar un lunes por la mañana en un café. Si prestas atención, su carpeta está casi vacía. Evidentemente se escapó de la escuela y está haciendo tiempo.

—O quizás espera a su padre.

—No lo creo. O si no,  mira esa chica de la mesa del medio. ¿Qué hace una chica tan linda, arreglada como para pasear un domingo en un lúgubre café porteño, con ruido, gente que va y que viene? Su vestido ?de seguro? es su mejor vestido, una vez alguien le dijo que le quedaba bonito y ahora lo usa en ocasiones especiales. Tiene zapatos rojos, dicen cuando las mujeres se vuelcan al rojo es porque quieren un romance. Evidentemente ella también está sola. Pero está sola debido a una inconsciente elección. Y te digo más, en minutos entrará un hombre, se sentará en su mesa y pedirá un café. Quizás sea su primera cita, o la segunda vaya uno a saber. Pero me atrevo a decir que la muchacha no corresponderá las intensiones de este hombre. Lo sé porque está cruzada de brazos, ella ya ha renunciado a la posibilidad de entablar un romance con el hombre que está por entrar. Es más, ya ha apartado un billete de 100 pesos con el que pagará ni bien llegue el hombre después de explicarle que debe irse por un compromiso ineludible. Se irá rápido, ella tiene experiencia y no le dará tiempo al muchacho a que en la despedida intente planificar un nuevo encuentro. Será un beso nomás, seguido por un abrazo, a veces los abrazos son los gestos cariñosos más dolorosos que se pueden recibir. Luego tomará su cartera y se perderá por esa puerta. Y ese hombre quedará solo, como al igual que todos en este café.

 


Variación 2


Fuga

Una mujer se encuentra en un café de Buenos Aires, tiene zapatos rojos y un vestido floreado. Es rubia y refinada. Es una hechicera. Tiene  más de 300 años, pero su aspecto es de unos 30 años. Conoce los nombres de todos los concurrentes al café, sus historias y el día en que morirán.  En una mesa contigua hay un hombre moreno, es un cazador, ha perseguido a esta mujer por más de veinte años, y esta noche de invierno logra encontrarla finalmente. El cazador intenta pasar desapercibido leyendo un diario, sabe que si comete un paso en falso, la hechicera se le escapará otra vez. Otro hombre entra al café, es bajo y lleva puesto un traje negro. Ha venido por una reunión de trabajo, pero una fuerza que no logra comprender lo obliga a sentarse en la mesa de la mujer. El hombre ya no controla sus músculos, la mujer lo mira fijamente, dominándolo. El hombre  levanta el brazo para pedir un café  intentando hacer fuerza para no hacerlo, pero es en vano, la mujer ya ha tomado control de este hombre que sin quererlo se ha metido en un lío que no puede comprender. Su voz también está sosegada, es un espectador en un cuerpo que ya no le pertenece. El cazador intenta escuchar qué pasa en la mesa de la hechicera, pero esta al notarlo hace que todos eleven el volumen de sus charlas y todo se vuelve un bullicio inteligible. La hechicera se levanta de la mesa rápidamente y encara hacia la puerta, el cazador advierte el movimiento y va tras de ella.  No puede avanzar mucho, ya que el hombre bajito lo frena con un abrazo fraternal digno de la fuerza de un oso. La hechiza vuelve a escaparse tomando el colectivo de la línea 39.

 


Consigna dos beta. Escribir un texto breve a partir de una frase críptica (una fórmula mágica, oracular o mística; un hechizo; un trabalenguas, una adivinanza o acertijo; un nombre secreto; una orden encubierta; una fórmula científica arrancada de su contexto para hacerla circular en otro; una fórmula que selle un pacto; un réquiem; una frase inscripta en una cripta o tumba; un canto popular infantil que haya perdido su significación inmediata; un palíndromo (frase que puede ser leída de derecha a izquierda o de izquierda a derecha y mantiene los mismos sonidos, por ej.: “¿Sanatas a satanás?”).

La frase elegida puede estar en cualquier parte del relato: intitularlo, cerrarlo, incluso puede no estar, puede ser parafraseada o tomada para estructurar el relato o sugerida de modo que el lector la adivine o bien que el relato se constituya en una pista para que el lector la construya. Sugerencias: a) revisar en la memoria y anotar toda clase de frases rítmicas que vengan a la mente (las que se recuerdan de la infancia suelen convocar mundos propios y experiencias ricas para ficcionalizar);

b) hacer una lista con las recordadas y con las buscadas en diversos tipos de libros o en la memoria de los otros; también puede ser inventada. Elegir después una de esas frases para resolver esta consigna de escritura.

 


Volverte a ver


—Enséñame una frase abuela.

—¿Qué quieres saber?

—¿Cómo se dice “perro”?

—Se dice Trewa.

—¿Y gato?

—Gato se dice Narki.

—Ah… Me gusta el idioma mapuche, abuela.

—A mí me gusta que te guste, Suyai.

—¿Por qué la gente no habla mapuche?

—Sí se habla, pero no por aquí, tu madre y yo crecimos en una comunidad mapuche en Neuquén, y era común hablarlo allí.

—¿Y es lindo Neuquén?

—Claro que sí.

—¿Es como Buenos Aires?

—Claro que no. Por eso me vuelvo hoy, tu madre debe estar por llegar para llevarme  al Aeropuerto.

—No quiero que te vayas, abuela.

Pichintu mongelíñ paniewllelaiaiñ.

—¿Qué significa eso?

—Debes averiguarlo.

—Yo no sé hablar mapuche, abuela.

—Son tus raíces deberías saberlo.

 


Buenos Aires, 5 de Junio de 1986 

Abuela, te escribo esta carta porque mamá dice que donde vivís no hay teléfonos. Acá hace mucho frío, seguro que allá también. Le pregunté a todo el mundo por tu frase y nadie sabía que significaba. Le pregunté a mi papá y creo que no le gustó mi pregunta porque se fue enojado, aunque siempre está enojado. Le pregunté a mi maestra y dijo que averiguaría, pero nunca lo hizo. Mis compañeros tampoco sabían que era, y algunos se rieron de mí.

Un día, la niñera llamó a mi mamá y le dijo que no vendría a cuidarme. Entonces mamá dijo que tendría que llevarme al trabajo, pero que tenia quedarme callada y no molestar. Yo nunca había acompañado a mi mamá al trabajo, ella trabaja en un edificio muy grande, le dicen La Casa del Neuquén. Según lo que ella me explicó, ahí va la gente que tiene que atenderse en algún hospital de Buenos Aires. Por lo que vi allí todos tienen muchos problemas, debe ser por eso que a  veces mamá llega muy preocupada y habla mal del “sistema”. Yo no vi ningún sistema. El día que yo fui había un hombre mayor en la sala de espera que estaba con su hijo, creo que él tenía un problema en la columna o algo así.  El hombre tenía una vincha en la cabeza, recuerdo que una vez me explicaste que eso se llama Trarilonco y que era mapuche. Le ofrecí un vaso de agua y el señor aceptó y me sonrió. Entonces le dije si le podía preguntar algo y el señor dijo que sí con la cabeza.

—¿Usted es de Neuquén?

—Sí, de ahí venimos.

—¿Y sabe hablar mapuche?

—Algo.

—¿Qué significa Pichintu mongelíñ paniewllelaiaiñ?

—Significa “Ya que es tan corto el tiempo en que vivimos ¿no tendríamos que volver a vernos?”.

Fin

 

 

Copyright©Daniel Aguilar

Julio, 2018.  Todos los derechos reservados por su autor


Nota: las correcciones finales de los textos estuvieron a cargo de su autor.