Trabajos de taller

Glosario de términos

Buscar

Seguinos en

  • Taller literario online La Argamasa en facebook

“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la Escritura Literaria

 

(TIEL) Módulo XI Historias de familia

Consigna uno. Elegir alguna persona conocida (no necesariamente familiar) que les resulte interesante o que tenga características destacables. Detenerse a pensar en ella y escribir, en columna, una lista de atributos de esa persona. Incluya atributos físicos. Al lado de cada atributo escribir una o varias oraciones en las que ese atributo se exprese mediante una acción. Usar lo que escribieron para armar un retrato de la persona elegida en la que sus atributos están expresados a través de acciones. (Extensión máxima: 1 carilla.)

Trabajador: imprentero de nacimiento, pero albañil, plomero, pintor o lo que hiciera falta, nunca se sintió un desocupado, con lo mucho que significa eso en nuestro país.

Miope: su mirada siempre era mediada, apuntaba, fijaba, miraba, pero siempre de frente, cara a cara, doblemente.

Intelectual. Parecía que los libros lo elegían a él, todos querían ser leídos y protegidos por su biblioteca, de tantos consultados aprendió a no hablar improvisadamente, a tomarse unos segundos de más para elegir las palabras adecuadas.

Flaco: pasaba tan desapercibido como su sombra, escasa, fina, larga, no quería distraer ni ocupar demasiado espacio.

Solitario: sus mejores amigos eran sus cuadros, sus discos, sus libros, ellos se asombraban cuando alguna vez los invadíamos.

Ágil: muchos le decían gato, trepaba árboles, tejados y techos, lo que hiciera falta con elegancia felina.

Risueño: dispuesto siempre a mostrar su dentadura a prueba de contingencias, cualquier broma o ironía la desafiaba.

Rubio: el sol parecía haberle prestado especial atención, su cabellera aleonada era una marca distintiva.

Alto: caminaba muy cerca del cielo, mucho más que otros por lo menos. Todo parecía tenerlo al alcance de la mano.


CHACO

Lo recuerdo siempre caminando muy cerca del cielo, por lo menos más cerca que nosotros, sus amigos, sus compañeros, o sus discípulos, sí, discípulos me parece la palabra más justa, era como que todo le quedaba al alcance de las manos, esas mismas que tendía a quien lo necesitara. Cuando entrábamos en el barrio, su cabellera aleonada anticipaba por mucho su llegada, estaba claro que el sol le había prestado especial atención, esa melena era su marca distintiva, imposible confundirlo, cada pasillo preparaba su recepción, avistado y esperado como ninguno. Dispuesto como pocos nunca esquivó el esfuerzo, imprentero de cuna, era plomero, albañil, techista o lo que hiciera falta, y en el barrio todo hacía falta, esto lo mantenía ocupado todo el tiempo, a veces el fin de semana no le alcanzaba, por lo que también se convertía en consultor de los vecinos. Extrovertido y simpático, nunca se dejó vencer por la injusticia y la desigualdad, tampoco las olvidaba cuando se iba, pero sentía que con los necesitados debía mostrarse fuerte y optimista, por eso una broma, una cargada, un chiste bastaban para exponer su dentadura a prueba de contingencias, grande reluciente impecable. Siempre prefirió pasar desapercibido, así como su sombra escasa, fina y larga, su elegancia felina le permitía treparse a los más altos árboles o tejados jugando a lo que le pidieran los chicos que tanto lo admiraban. De vuelta de la villa, su casa lo acogía modestamente, lo esperaban sus cuadros propios, los retratos familiares, sus discos, sus libros, si hasta parecía que nos miraban recelosos cuando alguna vez lo invadíamos, alterando así  la austera cotidianeidad. Siempre nos urgía una respuesta, un consejo, una necesidad, siempre nos volvíamos satisfechos sabiendo para dónde ir. Su mirada firme, segura, sincera, dejaba traslucir sus conclusiones, siempre mediada, buscaba centrarse, apuntaba, fijaba y miraba, y no erraba, sus conclusiones certeras, ideológicas y sinceras nos marcaron el camino. “Chaco” (nunca supe el porqué de su apodo) era un teórico impecable de la izquierda argentina, de las luchas sociales, de los movimientos solidarios, compañero de la militancia de mis escasos dieciocho, recorríamos las villas ofreciendo lo poco que teníamos, un fuerte compromiso solidario, algunos libros necesarios de leer, un intento de adoctrinamiento, y mucho esfuerzo y voluntad de trabajo para enseñar a leer, para ayudar a construir, o para lo nos solicitaran, años maravillosos y reconfortantes, aunque no tuviéramos nada más que derrotas. Tenía en los libros aliados incondicionales, daba la impresión de que ellos lo elegían, que querían ser leídos y protegidos por Emilio, orgullosos de ser citados en charlas interminables y esclarecedoras. Recordado “Chaco”, querido Emilio, se hace necesario recordarte hoy, para ser más preciso, yo lo necesito, porque me gana la desazón, la bronca, la indignación, porque me duele el alma de cada jubilado, de cada desocupado, de cada purrete que pide comida, porque estoy viviendo una nueva derrota, y van?, y porque sobre todo debo seguir adelante, muchos años atrás tu inspiración y consejo me señalaban el camino, hoy será esta evocación y este humilde homenaje. Seguramente andarás por ahí, ayudando a quien lo necesite, como siempre, vaya mi agradecimiento a mi referente, maestro y responsable excluyente de mi orgullosa “izquierdosidad”.

 

Consigna dos. Escribir el monólogo interior de un niño o niña en la siguiente situación. Un niño/a acaba de tener un hermanito/a y viaja con su abuela en colectivo, rumbo al hospital, a conocerlo y a ver a la mamá, que está internada.

MALAS NUEVAS

No me gusta viajar en colectivo, de chiquito gritaba y lloraba, mi mamá quería taparme la boca, pero yo lloraba más todavía, encima lejos de la ventanilla y nadie la abre. Tengo calor, me molesta la bufanda, me la quiero sacar pero la abuela no me deja, gracias señor por el asiento, tengo sueño, todavía no era hora de levantarse, pero  llegó “el que te dije”, eso me habló la abuela: “nació tu hermanito, vamos a conocerlo”, y yo ya lo conozco, me mostraron cien veces la fotito, ya le vi el corazón, la nariz, los pulmones, el pito, ya sé que se llama Marcelo, ya sé que mamá y papá discutieron por el nombre,  pero ganó papá, él es de Ríver y dice que “Marcelo es el más grande de todos”, por suerte abrieron la ventanilla y la abuela está un poco más tranquila, ya no estoy tan colorado, y qué me importa que mamá está dolorida, yo siempre me porto bien, y además ella se fue de casa hace como tres días y me dejó solo con papá  y con el “Puqui” que me lambetea la cara y no me gusta, y papá  se iba enseguida porque “el que te dije” estaba por llegar, una sonrisa, una caricia y chau, y a comer los fideos de la abuela que son muy ricos, pero no como los que hace mamá, y escucharla que “vas a tener un compañerito de juegos, ya no vas a estar solo en la pieza, ya no te vas a asustar de esos monstruos que vienen a la noche”, y los juguetes y la ropa son míos, que “el que te dije” se compre los suyos, igual los tíos y los abuelos le van a regalar un montón de cosas, y yo creía que no iba a venir porque papá dijo: “¡justo ahora tiene que venir, con el quilombo que es este país!”, yo no sé qué es eso pero papá estaba enojado con mamá, y ella lo abrazó y le dijo que iba a traer un pan en el brazo o algo así, después me llamaron, me contaron y dijeron que era un regalo de Dios, y yo no había pedido ningún regalo, y no voy a ayudar a cuidarlo ni a cambiarle los pañales, me dijo Martín que la hermana hace caca y tiene  muy feo olor como el “Puqui”. Yo solo juego muy bien con mis soldaditos, mis figuritas, mis muñecos, ellos son mis amigos, la abuela me acaricia y me da un beso, como si supiera, “vas a estar bien ,Ramoncito, vas a ver que lo vas a querer mucho”, y no me interesa si vamos a ser todos felices ,yo estoy bien con mamá y papá y además me acordé que Ramón también había sido el más grande y por eso yo también soy de River y ahora ¿ es Marcelo el más grande?, y vuelvo a tener calor y empiezo a ahogarme de nuevo y tengo ganas de vomitar y no me gusta viajar en colectivo todo por “el que te dije”, empezamos mal, la abuela me ayuda a bajar, ya llegamos, falta poquito para conocerlo dice, y a mí qué me importa que esté despierto, y ¿ por qué tengo que estar contento y qué culpa tengo yo?, hola mami te extrañé mucho.


Consigna tres beta. Tomando el segundo texto de Steimberg como modelo, intentar recuperar recuerdos infantiles que se relacionen con la enfermedad de seres queridos o la muerte de abuelos o de personas próximas a sus familias. Elegir uno de ellos e intentar ficcionalizarlos. Recordar que la construcción de escenas, la representación de un mundo a partir de detalles, la sujeción a la mirada a la hora de escribir son fundamentales para construir un texto interesante.

VÍCTIMAS

No sé si habrá sido el dormir en horas no habituales, no sé si serán los restos diurnos del sueño, o la mezcla de las dos cosas, pero amanecí tratando de fijar en mi mente las imágenes que cruzaban raudas y desafiantes como película que se quiere volver a ver. Vos volando de palo a palo en aquel campo de San Miguel, parecías un arquero de selección, mis compañeritos maravillados te aplaudían enloquecidos cada vez que evitabas un gol. Mamá que te retaba porque te ibas a romper el pantalón y yo que me sentía tan orgulloso, era la escena perfecta, soñada, y creo que actuada especialmente para mí.

¡Qué elegancia en esa foto!, camisa celeste, corbata azul con lunares, peinado a la gomina, una afeitada impecable y un escritorio gigante donde controlabas no sé qué cosa, parecías el presidente de la empresa. Te fuimos a buscar ese día para ir de compras, sin saber que sería tu última jornada en la Corporación Metropolitana de Transportes. El paseo por la avenida San Martín era lo habitual para los vecinos de Devoto, la recorrimos de punta a punta, y compramos sin fijarnos en lo que gastábamos, algo inédito para mí, pero no cuestionable, por lo menos no ese día, sobre todo mirando el hermoso “Rado” cuadrado que lucía en mi muñeca, el de Jorge era redondo, pero no menos bello, mamá y su tapado rojo que no paraba de dar vueltas frente al espejo, y vos con esos zapatos de charol tan deseados, que iluminaban mi mundo con su brillo. Cómo no querer atrapar esas imágenes, cómo no querer quedarme ahí, fue la última vez que te vi feliz, fue la última vez que recuerdo a la familia feliz. Todos pensábamos que papá conseguiría muy rápido otro trabajo y seguramente mejor remunerado. Sin embargo, tu peregrinar por clasificados y agencias de empleos nos enrostró una realidad que golpeaba, y a vos empezó a grabarte en el cuerpo síntomas, tensiones, avisos de enfermedades. Sin rendirte saliste a la calle y tu escritorio pasó a ser un recuerdo, tu compañera era ahora una bicicleta que te llevaba de barrio en barrio, de casa en casa, tratando de cobrar las cuotas convenidas de artículos de plástico,  vendidos también a domicilio,  a gente que había comprado cuando creía que podría pagarlos. Ese tiempo había pasado, tu orgullo herido, la desazón de no poder proveer, y tus propias limitaciones explotaron en un infarto. Mi miedo, mi terror, mejor dicho, en aquellos días de terapia intensiva, sin poder verte, me hicieron ofrecer al Señor promesas incumplibles. No hicieron falta, pero ya nada fue igual, sobre todo yo ya no sería el mismo. El reposo indicado, los sobresaltos prohibidos, las pasiones ahogadas, los disgustos escondidos fueron totalmente respetados por mi hermano y por mí, pero el costo fue muy elevado, entregué la niñez y la adolescencia, renuncié a pelearte, a discutirte, a cuestionarte, el cargarte con tu Estudiantes querido, y ofenderme con tu burla por mi Platense sufrido. Fui un hijo modelo callado, respetuoso, ejemplar, como ningún niño, y¿ saben qué? no sirvió para nada, pocos años después el segundo infarto no te perdonó, como era lógico, de nada sirvieron las promesas, los cuidados, los silencios, y todas las “evitaciones”, no lo sabía en aquel momento, y me quedé con todas las palabras no dichas atragantadas en la garganta y rebotando en mi mente buscando un camino por donde canalizar tanta angustia y silencio. El tiempo, psicólogos y analistas ayudaron a poder repasar la película con vos de protagonista, con una sonrisa canchera, recorriendo canchas, soportando avalanchas, puteando árbitros.

En la mesa de luz sigue el telegrama que dice: “Considérese despedido a partir del 1/5/2018, liquidación final y haberes a su disposición”, es la quinta vez que lo leo y vuelvo a pensar que lo mejor era intentar dormir, y soñar y recordar que el desempleo mata, ¿ no es cierto papá?


Consigna cuatro. Utilizando construcciones nominales que al modo de fotos o momentos detenidos de una escena den cuenta de una historia, relatar cualquiera de estas dos situaciones. Extensión máxima: 1 1/5 carillas.

Cuatro beta. Una noche de navidad, con la llegada de alguien disfrazado de Papá Noel para repartir regalos, desde la mirada de un niño o niña pequeños.

BUENA NOCHE

Veinticuatro de diciembre, once cuarenta y cinco de la noche, los abuelos amontonados en los sillones, mamá lava las copas estrenadas para la ocasión, papá destapa todo tipo de bebidas, sidra, vino, champagne, y gaseosas se ofrecen para el brindis esperado. Hermanos, primos, primos segundos, murmuran, insultan, gritan, lloran. Todo listo para el festejo. Once cincuenta y cinco, el tío Martín disfrazado de Papá Noel, rojo, panzón, ridículo, bolsas, paquetes, presentes esperados y sorpresas descansan sobre la alfombra. Señas, amenazas, advertencias reclaman mi silencio, los pequeñitos crédulos corren, empujan, alborotan, el arbolito tambalea, niños y niñas reclaman lo prometido, contentos, descontentos, conformes, resignados, muy cansados. Cada uno con su copa o vaso, sirena, ruidos, risas, saludos, besos, abrazos, brindis, deseos imposibles. Por fin son las doce, el tío empapado en sudor, estoico, podrido, los chicos recogen regalos y buscan camas, la abuela como cada vez empieza a levantar los platos, mamá como cada vez la reta, las tías entonadas empiezan con las mismas quejas un año más antiguas, “Marcos no estudia, se lleva un montón de materias”, “Ignacio sólo piensa en la pelotita”, “no sé en qué anda”, “no me gustan las compañías de Sandra”. Es turno de los varones.  Boca tiene todo arreglado, árbitros, partidos, campeonatos, el “presi” maneja todo, bosteros de mierda, gallinas de mierda, fútbol para todos era una estafa, el que quiere ver que pague, la selección se vuelve en primera vuelta, muertos, no sienten la camiseta, tonos que se elevan, mentes que se nublan, bebidas que circulan, ahora ya está: ¡VAMOS ARGENTINA, CARAJO!. Ojos que se entrecierran, cuerpos que se desarreglan, ánimos caldeados, discusiones infantiles, los abuelos se retiran a descansar, todos los años pasa lo mismo, y falta lo peor,¿ qué querés que haga este tipo?, no le dejaron nada, se chorrearon todo, la yegua, el finado, los hijos, los amigos, hijos de puta, que no vuelvan más. Sí, claro, porque estos son carmelitas descalzas, la cuna del presidente era robada, padre, hermanos, tíos, primos nacieron ladrones, morirán ladrones, y nos matarán a todos. Se arregla todo matando unos cuantos, planes sociales, negros, todos vagos que cagan al país. Mano dura el que las hace las paga, meta bala y corta la bocha. El abuelo enojado grita desaforado, no lo escuchan, todos gritan, putean, amenazan, creo que dice: “!BASTAAAA!, ya está bien por esta noche, a dormir. ¡FELIZ NAVIDAD!”.

 


Copyright©Horacio García

Junio, 2018.  Todos los derechos reservados por su autor


Nota: las correcciones finales de los textos estuvieron a cargo de su autor.