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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la Escritura Literaria

 

(TIEL) Módulo IV La Literatura y los subgéneros

Consigna nueve: escribir una receta, un reglamento o unas instrucciones con uno de los siguientes objetivos: “conseguir amigos influyentes”, “sobrevivir en la Argentina actual”, “ser una chica fashion”, “no morir a la hora señalada”, “volver a un estado amniótico”. Se puede elegir también un objetivo no mencionado aquí.

Extensión máxima: una carilla.


Instrucciones para sobrevivir en la Argentina actual

No siempre se puede entender la terminología específica, tan compleja, de los economistas, tampoco esta incertidumbre financiera actual, sí acudir a aquel viejo concepto de que cada uno desde su lugar debe trabajar para sobrellevar la situación. Desplegamos diferentes estrategias las amas de casa para cumplir con este objetivo.

Decir “ama de casa” es como decir “cocinera”, indefectiblemente, como si las demás tareas no existieran, o fueran efectuadas por seres invisibles. La tarea requiere preocuparse, ocuparse y despreocuparse: un antes, un durante y un después, como todo proceso que demanda acciones diversas.

Acciones diversas que se inician en la preocupación  por recorrer la ciudad en busca de productos de inferior costo, que implica transitar calles que no siempre están en condiciones, baches, arreglos inconclusos, y distancias interminables, que no deben afectar el dinero presupuestado para el combustible; en caso contrario, estaremos en problemas nuevamente.

A partir de ahí, memoria para recordar, en el momento oportuno, en qué lugar teníamos que adquirir las verduras, en cuál los lácteos, los cereales, la yerba, el azúcar, y así con todo lo demás. Y a analizar si la carne conviene comprarla en el supermercado o en la antigua carnicería del barrio, que nos trae, además, resabios de aquellos felices años de la infancia cuando allí nos mandaban y, felices en nuestra inconciencia, solo nos preocupábamos porque no perdiésemos en el camino la “notita” de una madre abnegada, que no confiaba en la atención  de sus párvulos.

Párvulos de otrora, los de hoy difieren notablemente, con gustos y preferencias casi fundamentales a la hora de planificar el plato del día, porque no comen verduras ni legumbres, tampoco ricota, ni pasas ni aceitunas, y ni hablar de pescados, y otros alimentos con significativo valor en sus nutrientes; y tener siempre en cuenta el análisis financiero previamente efectuado.

Concretamente, análisis de nuestros bolsillos, que nos debe llevar a que seamos meticulosos en la selección, organización y utilización de los ingredientes durante la segunda instancia del proceso, es decir, nuestra ocupación; que se adecuará a estos tiempos, a amas de casa modernas, con minutos y segundos contados de un día tremendamente agitado, que incluye el cumplimiento de horarios, el desarrollo de una profesión, el cuidado de hijos y cuanta persona se enferme, más un sinfín de trámites administrativos y domésticos. Pelar, picar, saltear, hervir, freír, condimentar, integrar, decorar son algunos de los verbos que reflejan la jornada culinaria cotidiana.

Nuevos verbos derivarán en nuevas acciones: tender la mesa, elegir los cuchillos menos desafilados, correr en busca del pan o hacer tostadas si este no es del día, servir, alcanzar la sal, el vinagre, el aceite, el queso rallado y, seguramente, algo más.

Finalmente: ¿la desocupación? Relativamente, porque esta dulce obligación culminará con la escucha de los más diversos comentarios. El desencanto puede ser la primera sensación, porque nuestros comensales, al igual que los mejores lectores de una obra literaria, expresarán su opinión, su punto de vista, sus acuerdos y desacuerdos. Y ya no hablaremos de la presencia en el comedor de algún ser con tiempo y disposición para lavar los platos; no existe. Lejos quedaron aquellas palabras que hacían referencia a la colaboración de todos ante la situación económica, a la forma en que tendríamos que distribuir el tiempo, a las renuncias, entre otras actitudes que esas charlas reflexivas sugieren.

Y de estos comentarios, que frecuentemente se lanzan desde el primer bocado y terminan siendo verdaderos juicios de valor, partiremos al día siguiente, en la continuidad de un proceso, para cuya concreción debemos poner nuestro empeño y dedicación y, principalmente, mucho amor, que se percibirá en sabores y fragancias. ¡A no olvidarlo!

 


Consigna diez. Imaginar la siguiente situación: dos mujeres intercambian chismes en una peluquería de barrio, mientras se hacen peinar/cortar y/o teñir el pelo. La charla de las dos se mezcla con la enumeración de las acciones del peluquero, llevada a cabo por un narrador objetivo (que se limita a referir acciones del modo más neutro posible).

Utilizando esta idea, escribir un relato en el cual se parodie el lenguaje de las mujeres.

Extensión máxima: 1 carilla.


Infancia compartida, ¿y después?

¿Cómo estás, mi querida Magdalena? ¡Muy bien, qué alegría verte! Y lo que menos hay es alegría; no solo el pelo, también el aire se corta con tijera en esta tradicional peluquería de la ciudad. Nacieron exactamente el mismo día, pero con un año de diferencia, Magdalena llegaba al mundo cuando Miguelina daba sus primeros pasos. Barrio, infancia y juegos compartidos las vieron crecer. Sin embargo, desconocidos motivos las han ido distanciando cada vez más. ¡Uh, justo hoy tenía que venir esta! Magdalena trata de disimular la molestia que le genera la presencia de Miguelina. ¡No puede ser, en el mismo lugar y a la misma hora! Miguelina toma la misma actitud. ¡Pensar que el año tiene trescientos sesenta y cinco días! ¡Te veo mucho más delgada! Pero qué va a estar más delgada si las pocas veces que la cruzo va camino a la rotisería, o a la panadería. Sí, estoy un poco más flaca, cuesta un poco pero se logra bajar unos kilitos. Ya que le preocupa mi delgadez, que crea que hago dieta. Joaquín aparenta estar sumergido intensamente en la cabeza de Magdalena, no obstante, se regodea observando detenidamente las actitudes de sus clientas. ¿Te vas a cortar el pelo? El peluquero espera ansioso que Miguelina le responda porque no tiene esta tarde ánimo de complicarse con tinturas, colores y tonos, ya bastante tiene con la suba del dólar, el plazo fijo, los lebacs y las dificultades para conseguir los productos a inferiores costos. Sí, quiero cortarme, además de hacerme el color, en realidad, pretendo cambiar el tono, me aburre verme siempre igual. ¡Pero de dónde saliste, morocha arrepentida! ¿Pensará esta que no recuerdo cuando comíamos pan duro para acompañar una tacita de mate cocido que nos servía mamá? Sí, te conviene cambiar, obvio. Al borde de la depresión, Joaquín quiere decirle ahí mismo que aún no ha recibido la variedad de tonalidades que ha encargado, mas, se abstiene; hacerlo les demostrará que escucha su conversación, lo cual lo dejará bastante mal parado. ¿Y tu esposo, Migue querida, cómo anda? Bien, muy bien, Magda, trabajando muchísimo, viste que él siempre va por más y quiere mejorar nuestra calidad de vida. Estupefacto, el profesional capilar no logra entender el uso de esas apócopes afectivas, sigue aparentemente ensimismado en su minuciosa tarea en la cabeza de Magdalena. ¡Pero de qué calidad de vida me habla esta mina! ¡La calidad de su amante será la que pretende mejorar su marido! Estamos proyectando nuestro viaje a Europa, nos urge conocer Madrid, París, Roma. ¡No, no puede ser tan cínica! Una vez más, Joaquín se sobresalta, no comprende cómo esta mujer que tantas veces adeuda su corte más barato, que se queja siempre por cuanto precio circula en el mercado, que manifiesta que jamás le alcanza la plata, hoy menciona un viaje al Viejo Mundo; apura su tarea,  y las despacha a las dos, a Magdalena le cobra, y a Miguelina le pide disculpas, no podrá atenderla, acaba de recordar que este día a esta hora tiene un compromiso impostergable, que no pensaba ir, pero irá.

 


Consigna once. Elaborar un relato que se construya a partir de una sucesión de telegramas y/o mensajes de correo electrónico, anotaciones de agenda, avisos fúnebres, recetas médicas, mensajes de textos (SMS), etc., y que tenga como elemento en común la figura de un personaje que será su emisor o destinatario. Tomar como modelo Los años 90 de Daniel Link o Boquitas pintadas de Manuel Puig. Extensión máxima: 1 carilla.


TOMY

Mi vida ha cambiado, si en algún momento me conoces, me verás muy bien, tranquilo, disfrutando de este bienestar que me rodea, con mucha felicidad. Sin embargo, no siempre ha sido así.

Yo nací en una pequeña habitación, casi la única, creo, de una casita junto al río. Los dueños decretaron que ni mis hermanitos ni yo debíamos vivir, así que nos abandonaron en un sitio muy oscuro. Ruidos, quejidos, movimientos y un montón de sensaciones extrañas aparecieron enseguida. En esos momentos, no entendíamos que nos faltaba alimentación, higiene, cuidados. Poco a poco se fue haciendo la luz y empezamos a desplegar algunas estrategias para protegernos del frío. Algo nos faltaba y no teníamos fuerzas para salir a buscarlo; hasta que unas voces, diferentes de nuestros sonidos, nos invadieron, parecía que tomaban decisiones. De repente no escuché nada, ni a mis hermanitos, ni a esos seres extraños que tanto habían hablado.

Me quedé esperando, alguien vendría por mí; mas, fue en vano. Como pude, me movilicé y me dispuse a caminar; llevaba a mi boca todo objeto que podía morder. No sé cuánto tiempo anduve así, y cuando parecía que mis cuatro patas flaqueaban, unas manos muy suaves palparon mi cuerpo. Un ser humano me había levantado y me llevó consigo. Me hablaba lentamente, yo no podía comprenderlo, no obstante, me gustaba y, aun viendo que era sustancialmente diferente de mí y de mis hermanitos, me iba sintiendo cada segundo un poquito mejor. Nos detuvimos frente a una puerta que se abrió, y un aroma indefinido colmó mi existencia en un instante.

El niño que me había rescatado me presentó a su familia –que luego sería mi familia– y entre ellos, detecté a un pequeño en una silla de ruedas. Había mucho espacio para caminar, para correr, para  jugar. Yo quería ladrar, saltar, hurgar en cada rincón de ese paraíso, pero entendí que mi lugar estaría junto a él. Y una mujer –que luego sería mi mamá– me alcanzó un asiento, suave, blando, y ahí permanecí, acompañando a este hermanito, mi preferido desde esa tarde y para siempre. Él fue quien primero me llamó TOMY.

Nahuel y yo nos necesitábamos, nos encontramos, nos adoptamos.

 


Copyright©Nélida Delfin

Junio, 2018.  Todos los derechos reservados por su autor


Nota: las correcciones finales de los textos estuvieron a cargo de su autor.