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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la Escritura Literaria

 

(TIEL) Módulo XI Historias de familia

Consigna uno. Elegir a una persona conocida que les resulte interesante o que tenga características destacables. Detenerse a pensar en ella y escribir, en columna, una lista de atributos de esa persona. Incluya atributos físicos.

Al lado de cada atributo escribir una o varias oraciones en las que ese atributo se exprese mediante una acción. Tener en cuenta que incluso los atributos físicos pueden expresarse a través de acciones.

Usar lo que escribieron para armar un retrato de la persona elegida en la que sus atributos están expresados a través de acciones.

FICHA

Flaco: siempre tiene algún reparo con la comida

Pesimista: escucha cualquier propuesta o idea y ve solamente el lado negativo

Obsesivo: siempre tiene alguna manera de hacer las cosas para que salgan perfectas

Sociable: de alguna forma hace amigos

Procrastinador: siempre encuentra la manera de posponer las cosas, aun las que le interesan

Obstinado: siempre se mantiene firme en su idea, aunque a veces no sea lo correcto y es muy difícil hacerlo cambiar de opinión.


EL FLACO

Desde que lo conozco  tiene ese apodo, ya hace tantos años que todos lo llamamos así, que creo que hay pocos que todavía recuerden su nombre y apellido completo, es alto y enjuto; como dice mi vieja, tiene poca carne, siempre tiene algún reparo con la comida, generalmente come poco y pocas cosas, no hay nada que le venga bien. Siempre tiene la oreja dispuesta a escuchar cualquier problema o propuesta, la mayoría de nosotros lo tiene como consultor, es impresionante ver cómo se va transformando su rostro  a medida que va escuchando de una facies de atención hasta alcanzar la expresión propia que resulta de ver el juicio final en directo,  es un especialista en ver el lado negativo aunque las ideas sean buenas.

Siempre piensa que nadie hace las cosas mejor que él, y tiene alguna manera de hacer las cosas para que salgan perfectas hasta el mínimo detalle, aunque a veces los resultados no son los que esperan, siempre se mantiene firme en sus ideas, aunque a veces no sean las correctas y es muy difícil hacerlo cambiar de opinión, esgrime razones que  intentan sostener su pensamiento, y por supuesto, cuando no encuentra eco en sus amigos, actúa una especie de ofensa que no dura mucho tiempo. A pesar de todo, es un buen amigo y consigue nuevos amigos donde sea, es muy sociable. Es un especialista en encontrar la forma de posponer las cosas, todo puede esperar un poquito más, aun las que a él le interesan, pero el flaco es así, es parte del grupo, todos odiamos-adoramos alguna de sus virtudes-defectos, sin él creo que no seríamos lo que somos.

 

Consigna dos. Escribir el monólogo interior de un niño o niña en alguna de las siguientes situaciones. Intentar incorporar en él otras voces o discursos (extensión máxima: 1 carilla):

-Un niño/a está por dormirse. Hace dos días que el papá no está en la casa. Su madre le ha dicho que está de viaje, pero en realidad, se fue después de una pelea en lo que parece ser el comienzo de una separación.

-Un niño/a acaba de tener un hermanito/a y viaja con su abuela en colectivo, rumbo al hospital, a conocerlo y a ver a la mamá, que está internada.

-Un niño/a va al dentista. Está en la sala de espera con su mamá o su papá, aguardando que lo atiendan. En la sala hay carteles didácticos con dentaduras, cepillos, instrucciones de lavado, y una vitrina en la que se exponen dentaduras de yeso.


JOSECITO

Yo pensé que íbamos a ser dos solamente, le dije a papá y él me dijo yo también, pero sabes qué? Vamos a ser tres, no sé si me engaño o él tampoco sabía, ¿Cómo apareció Josecito? y ¿dónde vamos a poner la camita? Le dije a la abuela antes de subir al colectivo, como es nene, hablamos con Carlitos y se va a llamar Josecito, otra vez me golpeé la cabeza con el vidrio de la ventana de este colectivo chatarra, mira, abuela los botines que quiero, ahí en ese negocio de botines, ya se durmió de nuevo, nos vamos a bajar en la luna, abuela, vamos a tener que comprar una pelota para Josecito, no quiero que use la mía, cada uno que tenga la suya, abuela ¡dale!, seguro va a dormir con nosotros en la pieza, total somos todos varones, si duerme solito, va a tener miedo y seguro se va a subir a mi cama  y me la pilla, y ya tenemos todos los botines tirados en la pieza, lo único que nos falta es tener los botines de Josecito también, que los deje tirados del lado de Carlitos, que bastantes cosas deja tiradas y después me culpa a mí, abuela, dejémoslo en el hospital, como es bebé alguna mamá se lo va a agarrar,  seguro vamos a tener todo tirado en la pieza, pero yo le voy a enseñar a ordenar, y a jugar al futbol también, y le voy a decir que se puede  subir a la cama de Carlitos, pero a la mía no se puede subir y que se la pille a él, abuela te estoy hablando… ¿ cómo nos vamos a llevar a Josecito si no camina?, abuela, nos vamos a bajar en la luna, ¿le compramos una pelota hoy a Josecito?, hoy que duerma conmigo en mi cama para que no se asuste, no mejor en la de Carlitos a ver si me la pilla, abuela. ¿Cuánto falta?


Consigna tres beta. Tomando el segundo texto de Steimberg como modelo, intentar recuperar recuerdos infantiles que se relacionen con la enfermedad de seres queridos o la muerte de abuelos o de personas próximas a sus familias (siempre y cuando pueda mantener una distancia con ellos y no les hagan desplegar emociones demasiado fuertes, que dificultan la escritura). Elegir uno de ellos e intentar ficcionalizarlos. Recuerde que la construcción de escenas, la representación de un mundo a partir de detalles, la sujeción a la mirada a la hora de escribir son fundamentales para construir un texto interesante.


ABUELA

El teléfono sonó a la madrugada, vi a mi papá vestirse rápidamente, caminó apresuradamente hasta mi habitación y me levantó para que lo acompañe, bajamos la escalera y entramos al rambler de la familia, fuimos hasta Liniers, a la casa de mi abuela, recuerdo al llegar a mi tía molesta hablando con mi papá, subimos la escalera hasta el primer piso donde estaban los dormitorios, siempre había olor a scones que hacía la abuela, llegamos a su habitación, la luz del velador iluminaba muy poquito,  pero la vi, estaba sentada al borde de la cama, en camisón, con las pantuflas puestas,  despeinada, con los brazos estirados, apoyados en la cama como si se agarrara para no caerse,  respiraba con la boca abierta, muy rápido, como un pescado que sacamos una vez con el mediomundo en Mar de Ajó, mi papá pidió tres corbatas y le hizo como un lacito en las piernas y en un brazo, y cada tanto las cambiaba, le ataba los brazos y una pierna, después las dos piernas y un brazo, alguien le alcanzó una pastillita que había pedido y se la dio a tomar, le tomó la presión y después le escuchó la espalda con ese aparatito que tiene un nombre difícil, con el que jugamos con mis hermanas a escucharnos el corazón, tenía cara de preocupado y le hablaba para tranquilizarla, cuando pude, me acerqué para verla, y la vi muy viejita, más viejita que otros días, muy blanquita, con los labios azules, respirando con la boca abierta, parecía un pajarito lastimado, le pregunté si le dolía algo y me miró con los ojos como si fuera a llorar, creo que quiso decirme algo, pero no pudo, sentí la mano de mi papá en mi hombro, me sacó de la habitación, mi tía me llevó a la cocina, me hizo una leche con unos scones, al rato vino papá a buscarme, subimos al auto y volvimos a casa, no volví a ver a la abuela.


Copyright©Carlos Mori

Junio, 2018.  Todos los derechos reservados por su autor


Nota: las correcciones finales de los textos estuvieron a cargo de su autor.