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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la Escritura Literaria

 

(TIEL) Módulo VI Focalización

Consigna cuatro: escribir un relato a la manera Faulkner en Mientras yo agonizo. Pensar en una situación de la que puedan dar cuenta varios personajes, como protagonistas o testigos. La situación debe desarrollarse a medida que el texto avanza gracias a los monólogos de los personajes que alternativamente narran desde su punto de vista en primera persona. Por ej. La lectura de un testamento de una mujer ante sus herederos. Extensión máxima cuatro carillas.

LA TÍA

Marcos

Confieso que fue grande mi sorpresa aquel martes de marzo cuando Tita me pidió que la visitara, creo no equivocarme si afirmo que fue la primera y última vez que lo hizo. No teníamos relación, tal vez porque no era uno de sus sobrinos preferidos, me jugaba en contra ser hijo de madre soltera y padre desconocido, un combo que no se tragaba, tan creyente y católica ella. Pero necesitaba un abogado y su sobrino seguramente le haría un precio especial. Al día siguiente llegué al departamento de la calle Zapiola muy temprano, muy nervioso, muy intrigado. Dijo que quería que me haga cargo de su testamento y que disponga de su herencia para que sea repartida entre sus sobrinos. Me encargó  su redacción y guarda,  como así también el privilegio de leerlo ante los beneficiarios al día siguiente de su muerte. Restaba una sorpresa más: me entregó lo que parecía un cofre que contenía: documentos, fotos, recuerdos, según dijo, que también se conocerían en el momento de la lectura. La escuché atentamente y luego de tomar nota detallada de su patrimonio, fijé mis honorarios y me fui. Nunca más la vi.


Alejandra

Recuerdo que mamá siempre me  decía : “ La tía Tita tuvo un gran mérito, supo elegir muy bien con quien casarse, un hombre apuesto, formal, educado, decidido, atlético, o sea,  un militar”, y lo decía totalmente convencida, supongo que era una especie de fantasía de las chicas de aquella época, las mismas que pasaban bochornosas tardes de verano en la pileta del Círculo Militar, uno de los clubes más recomendados de la ciudad. No pertenecía a esa clase social,  ni solía frecuentar esos ambientes, pero su mejor amiga le pidió encarecidamente que la acompañara, que no la dejara sola y que su papá le daría el gusto y pagaría también su cuota. Así fue que juntas empezaron una vida sana, deportiva, llena de competencias, torneos,  trofeos y sobre todo un montón de chicos apuestos y muy pudientes. La tía no desaprovechó la beca, se movía en el nuevo ambiente como pez en el agua, rápidamente se convirtió en una atleta, jugaba al tenis y ganaba, competía en natación y ganaba, jugaba al vóley y ganaba, no paraba de ganar trofeos, la recuerdo siempre bronceada, elegante, simpática, rodeada de chicas y chicos. Yo la admiraba, quería ser como ella. Había terminado su magisterio sin contratiempos, no quiso seguir estudiando y nadie la contradijo, en aquella época para los padres eso era suficiente: la prioridad era casarse y armar una familia impecable. Como algo natural, esperado,  apareció Ernesto, un Guardamarina muy apuesto y gentil que enamoró definitivamente a Tita. Mis recuerdos se cortan aquí, se casaron enseguida, y se fueron enseguida, viajes de adiestramiento, destinos lejanos, y periplos exóticos y placenteros nos alejaron mucho tiempo. Volvieron en el “76” poco antes del golpe.


Juan José

Era futbolera Tita, futbolera y gallina, fue ella quien me transmitió el amor por el glorioso River Plate. El Círculo Militar quedaba muy cerca del monumetal, así  que después de un día de club la tía se iba con sus amigas a la cancha y se ubicaban en la famosa platea femenina. Cuando se casó con Ernesto,  pasamos a ser tres los fanáticos. Vueltos de Europa se volvieron a instalar en el departamento de la calle Zapiola en Villa Urquiza, era un cómodo departamento de tres  ambientes, muy agradable y confortable. En esa época comenzaban los preparativos para el mundial de fútbol de 1978, construcción de nuevos estadios, refacción y remodelación de otros, campos de entrenamiento, logística, todo a cargo de un Ente que dependía de la Marina y era presidido por un almirante. Tita lo hinchaba a Ernesto para que,  aprovechando su grado y sus influencias, me consiguiera las entradas para poder ver los partidos más atrayentes, ella manejaba todo, le decía qué hacer y cómo hacerlo, su marido sólo asentía y ejecutaba, la milica parecía ella. En cada salida con Ernesto, ella se encargaba de ponerme plata en el bolsillo, para que no me faltara nada decía, abría  el cajón de su mesa de luz y repartía para el tío y para mí. Yo no entendía mucho, pero tampoco me importaba, estaba “chocho”, presencié casi todos los partidos preparatorios de la selección, fui a entrenamientos, hasta conocí personalmente al flaco  Menotti,  técnico de aquel equipo, que gentilmente se acercó a saludar a Ernesto. Yo disfrutaba mucho de los dos, pero repentinamente y como otras veces la relación se cortaba, la tia era la encargada de decirme que no iban a estar por unos meses, viajaban mucho a veces por trabajo,  muchas otras por placer. Recuerdo haber preguntado en casa ¿cómo hacen los tíos para viajar tanto?, Lydia me contestó que ellos eran solos, no tenían muchos gastos y además fundamentalmente Tita era una excelente financista, hacía milagros con el único ingreso de la casa que entregaba Ernesto, invertía en acciones, dólares, plazos fijos, en fin, una timba financiera muy de moda en ese momento que le permitía en pocos días recoger importantes ganancias, las relaciones de su esposo aseguraban el no equivocarse. Son muy agradables mis recuerdos de aquellos tiempos, de alguna manera creo que me convertí en el hijo que no tuvieron.


Juan Carlos

Todo cambió con la muerte de Ernesto, aquel departamento de Urquiza era un paseo alegre y divertido para los primos, cada uno tenía  un motivo distinto para visitar a los tíos.  En mi caso me fascinaba la biblioteca de Ernesto, muy poblada y con volúmenes muy originales, pasaba horas y horas como si estuviera en casa. Sin embargo, mi mejor recuerdo está cargado de agradecimiento, en aquellos años jóvenes yo militaba en el Partido Comunista y presidía el centro de estudiantes de la Facultad de Veterinaria, no hacíamos nada de otro mundo, alguna pintada, alguna volanteada, en una oportunidad no fuimos lo suficientemente rápidos para desarmar la acción y nos llevaron en cana, nos separaron y quedé solo en una celda, cuando la cosa empezaba a ponerse fea, y me empezaban a cagar a trompadas, reconocí la voz de Ernesto que preguntaba por mí. “ Sí almirante,  lo trajeron hace un rato, en un ratito se lo entregamos si usted se hace responsable y dígale que no se meta más en quilombos”. Me llevó a su casa, me curó, y no hizo una sola pregunta, fue sumamente discreto, la única que se enteró fue Tita. Me conmocionó mucho saber que había sido asesinado en Europa, nunca supe que pasó aunque lo sospechaba, no quise preguntar lo que no me contaban. Decía que después de su muerte el departamento ya no era el mismo, la tía disimulaba muy bien o ya había superado la ausencia, estaba en plena actividad, todo el día entraba y salía gente, organizaba reuniones, eventos, charlas de beneficencia, quería ayudar a las víctimas de la subversión. Formó una asociación de la que era  presidente, tesorera y motor. Recuerdo que a mí  me parecía una empresaria, cada vez que la visitaba no paraba de sonar el teléfono, daba órdenes a su secretaria con precisas instrucciones de depósitos bancarios, transferencias, préstamos etc. el departamento parecía una financiera. Creo que eso nos fue alejando, era como que nuestra relación se entendía sólo con Ernesto vivo, lo que siguió solamente fueron llamados telefónicos de compromiso y formales, hasta que me enteré de su estado de salud, eso volvió  a acercarme.


Marcos

A juzgar por lo escuchado, soy el único que no derramó ni una lágrima, también soy el único que no figura en el testamento que vine a leerles, supongo que imaginan el porqué, al principio me dolía, me entristecía, solo mamá sabe cuánto, pero el tiempo hace milagros y lo superé, a decir verdad hoy me siento aliviado, aliviado por no ser un  beneficiario de su puta herencia, de no ser partícipe de su puta existencia. Las tres propiedades que dejó son: una casa en Castelar de dos plantas valuada en 130000 dólares, actualmente en alquiler, para Alejandra, un semipiso en Flores valuado en 150000 dólares, también alquilado actualmente, es para Juan José, finalmente un mini hotel en Córdoba en el valle de Calamuchita, valor aproximado 180000 dólares, es para Juan Carlos. Era discreta la tía ¿ vieron?,  a juzgar por  sus caras tampoco sabían nada¿ verdad?, claro está que todos estos años cobraba la renta correspondiente, yo me enteré hace un mes cuando me llamó para hacer el testamento, es mi deber decirles que estas propiedades son producto de lo que se llamó  “botín de guerra”, fueron robadas a los familiares de desaparecidos durante la dictadura militar, gente que el tio “chupaba” y sus secuaces asaltaban y vaciaban, la tía administraba poniendo todo a su nombre fraudulentamente, mediante aprietes y amenazas. El cofre tiene todos los títulos de propiedad,  documentos endosados a nombre de Tita que prueban la masacre y el saqueo posterior, detalles de cada identidad y su destino final, fotos de las víctimas y de sus familiares, joyas, dólares y otras monedas, todo lo que pudieron rapiñar está ahí. Ordenada la tía, bondadosa la tía, quería que esto se lo repartieran en partes iguales entre los tres para asegurarles una vida tranquila. ¿podrán?, ¡qué hija de puta la tia!


Alejandra

Bueno pará un poco,  che, vos sangrás por la herida porque no te dejó un carajo, esto es mucha guita y a mí me arregla la vida.


Juan José

A mí también


Juan Carlos

A mí también


Alejandra

Después de todo eran unos zurdos de mierda.


Consigna trece beta: Escribir un relato en primera persona con un narrador deficiente. Las razones por las que el narrador no acaba de comprender los hechos pueden ser diversas. Es posible elegir algunos de los narradores caracterizados abajo o alguna otra variante no consagrada por la tradición. Extensión máxima dos carillas. En este caso es un niño.

LUNA

Parece mentira Lunita ya hace cuatro años que llegaste a casa, fue el ocho de enero, me acuerdo bien porque yo era chiquito y todavía estaba contento con los regalos de los reyes , ¿te acordás?, estábamos en el patio con la abuela, Camila, mamá y papá, yo jugaba en la “pelopincho” con mis amigos invencibles: Hulk, Batman, Iroman. No te di  mucha bolilla y la verdad que vos tampoco.  Llegaste  porque Kimey se había ido al cielo y no iba a volver, todo el día estuve triste mirando el cielo pero nunca la vi ,esa tarde jugaste con todos menos conmigo, me escapabas, me enojaban las risas de los demás que festejaban tus monerías, me parece que fue la última vez que todos reímos. De a poquito me fuiste perdiendo el miedo, te fuiste acercando y empezamos a hablar, tanto que mamá decía que era la única que me conocía la voz, pero ¿en qué quedamos?, porque si hablo en la cena me dicen que cuando se come no se habla, o si no que sólo hablan los mayores. Cada vez pasaba más tiempo con vos, me parece que me escondía, a eso jugábamos en el sótano, los gritos ahí casi no se escuchaban y podíamos espiar sin que nos vieran. Siempre gritaba papá, le pedía plata a mamá, pero no era como un pedido, porque yo también pido, pero no con malas palabras ni asustando. Mamá siempre terminaba yendo al cajón y le daba y después  se acurrucaba en la cama y no paraba de llorar. Camila la abrazaba y ella se calmaba. Yo también me ponía triste pero te tenía a vos Lunita, unos lambetazos, unos saltos, unos juegos y listo, se pasaba. Sólo te dejaba para ir al cole, pero cuando volvía nos encerrábamos  en nuestro escondite, nadie nos buscaba, si se acordaban de comer,  me llamaban. Una noche en la mesa papá decía que Camila tenía que empezar, que ya era grande, ¿ te acordás que te conté?, mamá decía que no,  que era muy chica, que con ella alcanzaba, que iba a trabajar más, que le iba a dar más plata, papá seguía gritando que en esta casa se hace lo que yo digo. La abuela fue la que me dijo del agujerito en la pared del sótano, ella también espiaba, por ahí veíamos entrar y salir mucha gente, la aventura era subir la escalera sin hacer ruido y abrir un poquito la puerta, vos siempre te mandabas alguna: o estornudabas o ladrabas y había que volver corriendo para que no nos vean. Era raro los hombres iban a la pieza de mamá, después de un rato salía uno y entraba otro, algunas veces entraba Camila y se quedaba largo rato, se escuchaban cosas, gritos como cuando vos lloriqueás porque querés algo, o cuando aullás porque escuchás una sirena, algo parecido. Después salían las dos contando plata y se la daban a papá. Vos ya sabías y me venías a lambetear, te abrazaba y me dormía  más tranquilo. Un día me hicieron entrar a mí, ¿te acordás que vos llorabas? Papá  me pidió que me desnudara y un señor me sacó fotos, así desnudo, y me quiso tocar el pito y mamá no lo dejó y le quiso pegar y lo corrió hasta fuera , si lo agarrabas Lunita…. Seguro que no volvía. Después de eso no salimos del sótano en todo el día, en ese momento ya eras mi mejor amiga. Al otro día mamá me pidió perdón, se ve  que había hecho algo malo porque no paraba de llorar. Sólo paró cuando escuchó a papá gritarle a Camila en la pieza, le decía que le faltaba plata y que ella se la había robado, que la iba a cagar a palos, perdón por lo dicho, entró mamá y los gritos eran más fuerte, no se entendía, cerraron la puerta, los ruidos te asustaron, empezaste a ladrar y no sabía cómo calmarte. De repente no escuchamos nada más, nos quedamos atrás de la puerta del sótano sin hacer ruido, esperando, al ratito salió mamá, tenía sangre por todo el cuerpo, entró al baño y volvió con el botiquín, con una gasa y agua oxigenada le curaba la cara a Camila, estaba muy quieta mi hermana, abrieron un poquito más la puerta y lo vimos a papá, estaba tirado al costado de la cama, nos acercamos, tenía los ojos como dados vuelta, tampoco se movía y había mucha sangre, en ese momento nos vio mamá y nos gritó que nos metiéramos en el sótano y no salgamos. ¡Cuántas cosas pasamos juntos Luna!, el susto que nos pegamos cuando la policía casi tira la puerta abajo, recién ahí salimos, ni me acuerdo cuanto tiempo había pasado, por suerte dijo que Camila estaba en el hospital pero bastante bien, que mamá estaba en la comisaría y que por bastante tiempo no iba a volver, y que papá estaba en el cielo, y me acuerdo que te pregunté ¿todos van al cielo?. Y ahora vos y yo esperando a la abuela y esperando una nueva vida, juntos para siempre o hasta que te vayas al cielo. Te amo, Luna.


Consigna catorce: reescribir el cuento “Las hamacas voladoras” a partir de la expresión “sexto punto”, cambiando el punto de vista. El narrador debe estar en tercera persona y el focalizador puede ser el viejo o alguno de los personajes que están en las hamacas: la chica rubia, el hombre gordo, la vieja del sombrero. Extensión máxima: dos carillas

El sexto punto del decálogo que su psicólogo le recomendó decía: “afrontar el desafío de salir solo”, lo estaba recitando en voz baja, tratando de convencerse, cuando un estrépito de hierros y maderas lo paralizó, el salto  que pegó en la hamaca lo volvió a poner en la realidad, estaba subido en una especie de vuelta al mundo, una máquina infernal que hacia girar las hamacas tal calesita sobre su mismo eje a velocidad respetable, evidentemente el ruido indicaba que algo había pasado, pero nada que pudiera  notar fehacientemente, el hombre gordo que estaba atrás suyo parecía no haber notado nada, la mujer de  enfrente  sólo se preocupaba por no perder su sombrero. Había cedido a las presiones de amigos, sus hijas y claramente de su terapeuta, para algo le pagaba ¡qué joder¡ y estaba en ese parque de diversiones mugriento como parte de la estrategia   para superar su pérdida amorosa. De chico se mareaba con la hamaca de la placita, se mareaba en el colectivo y vomitaba, por eso la idea de subir a esa puta máquina era como vencer sus miedos más primitivos, una muestra de coraje que demostraría que hay vida después de una separación. Pocos minutos bastaron para empezar a arrepentirse, ya se estaba descomponiendo, le pareció que la vuelta fue más rápida y el ruido más intenso y sospechoso. Se agarró más firmemente de la barra protectora y optó por pensar que no pasaba nada, que simplemente era su cagazo, lo convenció la chica que no paraba de sacar fotos. El prefirió castigarse y recordar una vez más su desgracia, su pareja de catorce años lo dejó, su pareja veinte años menor le estrelló en sus sesenta y cuatro años el golpe frio y certero de la soledad, pero lo peor, lo que lo atormentaba,  lo que no podía entender es que no sufría, que no le  dolía, que había pasado esos catorce años sin amor, siendo un observador imparcial de su propia vida, el insulto del hombre gordo lo interrumpió, se estaba secando la transpiración y parecía asustado, la rueda iba y volvía, las hamacas se sacudían y parecía que iban a volar, ahora sí todos estaban alarmados, la chica ya no sacaba fotos, el sombrero de la señora ya estaba en el suelo, justamente trató de ver qué  pasaba abajo, se enfocó en la cabina tratando de ver quien manejaba la máquina o quien no la manejaba y debía hacerlo, era un chico de unos quince años que parecía pelear con la palanca, se asustó, se sintió totalmente indefenso y a merced de cualquier loquito que quiere ser famoso, ahora no tenía dudas, esto era a propósito, los asientos iban de izquierda a derecha y  de arriba a abajo, el ruido no permitía escuchar los gritos de la gente que desde abajo imaginaba el desastre. De quién carajo te querés vengar pensaba, seguro que el viejo lo cagaba a palos, seguro que su vieja se prostituía, seguro que pasaba hambre pero, justo hoy, justo que yo decido salir se le ocurre vengarse, los padres criamos monstruos, estaba convencido de eso. A lo lejos vio que un viejo trataba de pasar entre la gente que ya se agolpaba, supuso que quería parar al chico, supuso que habría pedido ayuda, supuso que ya llegarían bomberos, policías, ambulancias, supuso que estaba soñando, pero no, nada de eso ocurría, optó entonces por pensar algo agradable, durante catorce años había sabido que el fin de semana tendría buen sexo, durante catorce años tuvo asegurada una vida social aparentemente normal, durante catorce años los fines de semana comía como los dioses. Sanas costumbres que son pobres costumbres que se extrañan penosamente como si fueran importantes, estaba muy enojado con él mismo, pero no era el momento. Le pareció escuchar una sirena pero el ruido era tan intenso que no estaba seguro, las hamacas estaban a punto de colapsar, le pareció ver algo que voló, no vio bien pero lo imaginó, sólo le quedaba una duda, o llega el viejo y lo para al chico o el chico llega a la última velocidad y el cielo o el infierno nos acogerá. Cerró los ojos y aunque parezca mentira,  rezó. Cuando lo bajaron y lo llevaron a la ambulancia,  se cruzó con el chico ya esposado, hizo una mueca que pareció una sonrisa, no podía dejar de pensar que esto no hubiera pasado si hubiera estado en pareja.

 

Copyright©Horacio García

Febrero, 2018.  Todos los derechos reservados por su autor

Nota: las correcciones finales de los textos estuvieron a cargo de su autor.