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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la escritura literaria

 

(TIEL) Módulo V Oralidad y escritura La construcción del discurso oral 

Consigna doce Optar por una de las tres consignas (“alfa” o “beta” o “gama”) que se propone a continuación: Consigna doce alfa: Escribir un relato a partir de lo que sugieran los siguientes fragmentos de “Él”, que se transcriben a continuación. Para desarrollar esta consigna, estructurar la historia desde la perspectiva narrativa del niño discapacitado que le da nombre al texto de Katherine Anne Porter. Es necesario tener en cuenta la condición mental del narrador protagonista y sus posibilidades de percibir la realidad y/o los seres que lo rodean, como así también su capacidad de sentir. El lenguaje debe ser adecuado a la condición del personaje. Extensión: dos carillas.

ELLOS

Oink oink… ¡lechón torpe yo!, a mi hermano se lo llevó la señora, le mordí la pollera para que lo soltara y ¡me pateó la cabeza! Grita marrana enojada: oink oink, lo busca, lo llama, con la ubre chorreando leche; me quedo al lado de ella, no me ve, la pocilga está oscura, tengo miedo, duermo… 

Me escondí en la bolsa de arpillera, bajo la mesa, ¡a ver si me agarran como al lechoncito que daba alaridos oink oink!

— ¿No vieron a Él? Había ido por leña, ya es casi de noche; sabe volver pero está nevando mucho—. Huelo a Ella, tiene olor a pan, cebolla, gallinas, a leña; huelo a Ella, más cerca… abre la bolsa, arrodillada me mira —¿puedo saber por qué te escondiste de nuevo? Está tu tío, que vino de visita, asando un lechón—.

“Asándolo”… no va a tomar más teta; tengo que contarle a la mamá; va a gritar más y a llorar —¿lloran las chanchas?—A mí me pasa que las lágrimas no me salen, se me quedan en la barriga, o en la garganta, como aquel día que Ella me empujó para adentro de la pocilga yo no quería agarrar al lechoncitoy me lo sacó y ahí nomás le cortó la garganta mientras berreaba —.

Yo jugaba con él, oink me decía y yo le contestaba: oink oink. Se olvidan siempre de dejarme un lugar en la mesa y no es que porque soy bajito y no llego, más bien es porque creen que soy zonzo y todo me da igual: comer en la mesa, o sobre la arpillera del piso, en el rincón; o que no tengo miedo cuando Ella me manda a juntar duraznos al árbol aaaalto; o a recoger leña, cuando llega la noche con esos ruidos feos que se me meten en las orejas y me asustan mucho, mucho y corro, con la leña en los hombros y me caigo y la casa la veo cada vez más lejos… y las lágrimas, que se me pegan en la garganta, quieren salir, pero los ojos, que se hacen grandes como los platos de sopa, no las dejan, solo parpadean y me sube una cosquilla a la nariz.

No comí cuando Ella me alcanzó el plato, con un trozo de pata, era mi amigo. Retumbaba, en toda la cocina, el oink oink, llamando a la mamá; todos hablaban en voz alta y no escuchaban.

En la garganta también se me quedan, aparte de las lágrimas, unos trencitos de letras negras como las que veo en el diario que lee mi papá, cuando a veces me sube a upa.

Frííí ooo— Tiemblo. Ella no me escucha y repite, repite que busque en el granero el resto de leña; me para como si fuese un soldado, me envuelve en la capa que era de mi hermana y abre la puerta —Él: ¡la leña por favor, no voy a tener para cocinar!—.

El cielo se ve tan grande desde el suelo nevado; estoy tirado sobre él, me caí; la capa cubrió tan bien la espalda que ni la siento; Ella grita: ¡Él!

Frííí ooo— Los ojos se me mojan, porque sufro mucho. Ella seca mis lágrimas. Las suyas, que salen como el agua que cae del molino, mojan mi cabeza, se mezclan con las mías. Nunca tan cerca de mí, Ella.

 


Copyright©Susana García Amor

Noviembre, 2017. Todos los derechos reservados por el autor


Nota: las correcciones finales de los textos estuvieron a cargo de su autor.