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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la escritura literaria

 

(TIEL) Módulo X Pasajes y fronteras

Consigna veinticinco alfa: Escribir un relato a partir del argumento desarrollado en la consigna anterior.

Siente el frío traspasar el vidrio de la ventana, a pesar de que sabe que afuera la temperatura es elevada. Su estado general denota una inquietud naciente. Una especie de acidez estomacal mezclada con una incertidumbre que le hace pesar el cuerpo. No quiere dormirse porque sabe que de hacerlo se encontrará de cara a sus miedos. Destierra esos paradójicos sentimientos, confía en él más que en sí mismo. Entonces, ¿por qué en su interior alberga esa minúscula pero perceptible dicotomía?

Son esas incansables pesadillas que lo visitan estos últimos días las que quiere frenar. Esas en las cuales el ser que más aprecia en este dichoso mundo se convierte en su adversario. En su mortífero opuesto. Tiene la certeza que es su subconsciente que juega con su mente fatigada. No puede ser Santiago, se repite en silencio. Esos rasgos pueden ser de un sinfín de personas, o de nadie. La irrealidad es la dueña de los estados de vigilia. Lo sabe bien. Se convence de su rotunda equivocación.

Mirando la oscuridad de una noche platinada no puede más que rememorar las andanzas que ambos han remontado juntos. Los años de amistad que han forjado en sus almas una unión inquebrantable. Incluso puede adentrarse en el futuro y prever un sublime final en el que sus cuerpos descansan unidos en el mismo paraíso. Se ríe de su propia ocurrencia. De ese desmesurado miedo, producto de días de preocupaciones cotidianas. Despeja con fuerza la neblina que lo envuelve, hasta que logra vislumbrar el rostro de su amigo, de sus ojos cegadores incapaces de obrar con recelo.

Busca un vaso en la cocina, se sirve un poco de agua que, a pesar de estar helada, la siente hirviendo al contacto con su lengua. Aun así, no puede dejar de beberla hasta el final. Últimamente todo le sabe raro.

Recorre la habitación contigua con la mirada algo atenuada. Debe descansar, por momentos pierde la noción del tiempo. Observa esos cuadros que tenía olvidados, los mismos que su padre tenía guardados en su taller. Santiago y él los habían descolgado antes de vender la casa. Ahora se lo cuestiona, ¿por qué lo había hecho? Sabe que existe una razón, un motivo que desencadenó el resto de los sucesos que se fueron sumando hasta dar forma al recelo que lo empuja hacia una desconfianza insana. Podría buscar los documentos, pero ¿dónde los ha guardado?

Se sumerge bajo el chorro de agua. Quiere despabilarse, espantar los fantasmas que el sueño acarrea. Sabe que este sin sentido tiene que tener un fin. Debe hablar con él, escupirle esta pavada, estrechar con fuerza sus manos para que pueda prestarle esa seguridad que siempre ha sido su aliada. Algún día también tendrá, que confesarle que lo ama.

Desnudo llega hasta la puerta. El timbre no ha parado de sonar. Percibe la familiaridad de aquella situación. Ya sabe quién es, lo que pasará. El pánico se funde con su piel mientras una ola negra lo envuelve.

Se despierta jadeando. Esta enroscado en el sillón. Las gotas de traspiración le escocen las mejillas. Apenas puede ubicarse en el lugar.

El eco del sonido del timbre resuena en el departamento. Niega con la cabeza encaprichado, tratando de escabullirse de lo inevitable. Su apocalíptico destino. Abre la puerta con una calma enfermiza. Expulsa el aire con lentitud apabullante, preparándose para hundirse junto con las palabras que Santiago, sin tapujos, pronunciará a continuación.


Consigna veintitrés Elegir una de las siguientes consignas (alfa o beta). En ambas se requiere “jugar” con el punto de vista o focalización y con el saber del narrador. Estos recursos suelen ser de vital importancia en muchos relatos de pasaje, como en todos los incluidos en este módulo.

Veintitrés alfa: Imaginar la descripción de un canguro, un oso hormiguero o un ornitorrinco realizada por el cronista de un viaje a las Indias Orientales durante el siglo XVI. Habiéndose detenido la expedición en las actuales Australia o Nueva Zelanda, el cronista describe un animal que ve por primera vez en su vida y lo sorprende.

Con cautela seguimos las huellas que va dejando en los surcos del camino. Es la primera vez que vemos uno de estos mamíferos sin su manada. Por lo general hemos evidenciado que su tendencia es desplazarse en grupos, o en su caso, con otro de género opuesto. Aprovechamos entonces esta atípica fortuna, para acercarnos un poco más de lo habitual. No parecen ser ofensivos, pero algo en su andar dominante hace que prefieras mantenerte a una distancia prudencial.

Se acerca a la orilla del río pisando con precaución la tierra humedecida, espantando los insectos que intentan posarse sobre su lomo. Sus cuatro extremidades se mueven en perfecta sincronía con sus pasos. El sol desciende a su alrededor, otorgándole un aire indomable, mientras sacude su corta y oscura melena que se le enreda entre las ramas bajas de los sauces. Estira el torso, se desgarra las capas que recubren su moldeado cuerpo y se sumerge en la claridad del agua. Glorioso, ese es el adjetivo para definir lo que vemos. Deducimos que son capaces de subsistir tanto en los ambientes terrestres como acuáticos.

No tarda mucho en resurgir apoyándose sobre sus patas traseras. Su pecho asciende y desciende en forma regular. Es macho y una fina capa de bello recubre parte de su complexión, arremolinándose en ciertos puntos específicos de su anatomía. Utiliza unas minúsculas separaciones que tienen sus miembros superiores para apartar las gotas que caen en su acuñado hocico. Sus ojos son de un tono semejante a las almendras, pequeños y circunspectos. Un sonido grave escapa de su delgado cuello al comunicarse con los suyos. Es imposible impedir que se nos erice la piel ante su prepotencia.

Es curioso ver como vuelve a camuflarse con el entorno, ocultando las zonas de su organismo que, suponemos, son más vulnerables. Acarrea algo en su espalda que no somos capaces de detallar fehacientemente. Soporta el peso con tenacidad. No tenemos dudas que son especímenes únicos, no hemos visto otros como ellos hasta la fecha. Capaces de construir guaridas para refugiarse y buscar su alimento entre la flora y la fauna local. Procrear anidando junto a la hembra y cuidar ambos de la pequeña cría durante largos períodos. Feroces si el miedo los acecha, y de una perceptible tendencia a cuidar de los suyos si las circunstancias lo requieren. Tienen la capacidad envidiable de curvar sus labios y que sus fauces irradien una encantadora sonrisa para indicar los estados de bienestar.

La esbelta figura se desvanece junto con las luces del día. No somos capaces de continuar importunándolo, nuestro instinto nos indica que debemos dejarlo ir. Hemos de ponerles un nombre para seguir el estudio e identificarlos. Nos decidimos por uno genérico: seres humanos, hasta encontrar el adecuado.


Consigna veinticuatro Elegir uno de los tres sintéticos y apretados argumentos que siguen (alfa, beta y gama), para escribir la línea argumental de un posible relato. Se trata de contar, a modo de resumen, los hechos que llevarían a cabo los personajes de la historia, en el orden en que se presentarían en el relato, situándolos en un espacio y un tiempo.

Veinticuatro alfa: Un hombre, en la vigilia, piensa bien de otro y confía en él, plenamente, pero lo inquietan sueños en que ese amigo obra como enemigo mortal. Se revela, al fin, que el carácter soñado era el verdadero.

Un hombre de mediana edad está en su departamento asomado a la ventana. Vive en un piso alto que le concede la posibilidad de tener una perfecta visión de la cuidad que se despliega a sus pies. Se encuentra agobiado por un sueño recurrente en el cual su mejor amigo lleva a cabo un acto aberrante e imperdonable. Está seguro de que se trata de una mala pasada de su mente estresada. No tiene dudas de que su camarada es incapaz de hacerle algo semejante.

La noche avanza entre cavilaciones y vaivenes. Evoca con nostalgia la simpleza de cualquier tiempo pasado. Con ello logra sentirse seguro, la traición que teme no es real. A pesar de ello, se siente confuso, cuestionándose ciertos actos incongruentes de los últimos tiempos.

Se mueve entre sombras intentando mantener una calma forzada. Los ambientes en lo que se debate fluctúan ante sus ojos dispersos. Se apega a sus rutinas para evitar caer en los brazos de las pesadillas que se extienden para intentar confundirlo.

Despierta de un sueño que no es consciente de estar soñando. Momento en el cual se confirman irreversiblemente sus fatídicas sospechas. Resignado acepta su destino.

 

Copyright©Laura Ferreyra

Octubre, 2017. Todos los derechos reservados por el autor


Nota: las correcciones finales de los textos estuvieron a cargo de su autor.