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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la escritura literaria

 

(TIEL) Módulo III Crímenes y castigos: pervertir el género 

Consigna siete: Elegir dos de las imágenes, escribir dos textos independientes que instalen una mirada sospechosa.


Imagen 4

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La tarde empezaba a caer sobre la ciudad gris. Con sus casas viejas, sus veredas descuidadas y  calles angostas, daba la impresión de que se había detenido en el tiempo.  Entonces me vino a la memoria aquél fatídico día cuando aparecieron muertos, en aquel callejón, la señora y el señor Gutiérrez.  El caso nunca se resolvió, a pesar de que había tres mujeres sospechosas.

Recuerdo que me interesé por conocer todos los detalles, consecuentemente con mi pasión por las novelas policiales. En ellas había aprendido que el asesino siempre vuelve al lugar del crimen. Yo estaba segura de que, por más años que transcurrieran, algún día aparecería una de las tres.

Sin embargo yo misma descreía de esta teoría tan primaria. Pero fue esa tarde  calurosa cuando al asomarme por la ventana abierta quedé perpleja. La vi de atrás, caminaba lentamente hacia el punto en el que se perpetró el hecho. Me costó reconocerla. De las tres, era la que menos sospechas me inspiraba. 

Retrocedí en mi habitación. Ahora, sin saber qué hacer con ellos, tenía en mi poder el secreto y el  nombre que descifraban mi intriga. 


Imagen  2

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La noche santafesina invadía lentamente la ciudad, mientras la luna llena iluminaba suavemente las calles oscuras. En aquel departamento de calle San Martín se vivían horas dramáticas y enigmáticas a la vez. En el piso del comedor yacía sin vida el cuerpo de una mujer de unos treinta años, Mariela Tevez, apuñalada cruelmente. Según los familiares no faltaba nada en el lugar como para relacionar el hecho con un robo. 

La única persona que pudo aportar datos sobre tal horrible hecho fue un vecino de una casa lindera que solo pudo observar a un hombre alto, delgado  y con una campera negra que corría hacia el lado opuesto del departamento. No pudo ver nada más que la silueta que reflejaba la luna llena, pues se alejaba de espaldas a él.  

Fue entonces que la hermana de la víctima recordó que, días antes, vio a Mariela en un bar charlando con un tipo que llevaba puesto una campera negra y que además era alto y delgado. No lo conocía, tampoco ella le había comentado nada sobre esa persona, por lo que  indagaron al personal del bar y a algunos parroquianos. De resultas de estas diligencias arrestaron a Juan Colombini,  que confesó haber compartido unas copas con la víctima y nada más. Nadie le creyó y sus amigos lo condenaron aun antes que la justicia se expidiera. Entre los elementos a analizar figuraba su campera negra. 

El crimen parecía no quedar impune. El criminal había sufrido el desprecio general,  aunque una noche, varios meses después, alguien encontró una campera negra con restos de sangre en el techo del bar. Tenía en su bolsillo la navaja asesina.

 


Copyright©Graciela Lauretta 

Julio, 2017. Todos los derechos reservados por el autor