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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la Escritura Literaria

 

(TIEL) Módulo I Variaciones

 Consigna uno Escribir dos nuevas variaciones para agregar a las que fueron transcriptas en el inicio de este módulo, respetando el argumento mínimo de alguno de esos textos.

Variaciones: Desde el café

 Variación 1:

FLOREADO

El muchacho levanto los ojos del diario cuando la escuchó, parada en la puerta, lamentándose —qué lluvia maldita!—Mientras  secaba, con un pañuelo, su vestido floreado que goteaba hasta alcanzar los zapatos rojos. Se sentó junto a su mesa, revoleando el lienzo que alcanzó a salpicar el diario.

El muchacho se corrió, con mesa y silla, hacia la ventana sin dejar de observarla ni re ojear el diario: ella buscaba a alguien, que evidentemente aún no había llegado. Se pidió un cortado que se lo trajeron y al mismo tiempo que el esperado personaje entró al bar la ubicó, se acercó al mostrador y ordenó un café chico. De pronto el bar se llenó de gente; el mozo hacía lugar corriendo las mesas para un lado, para el otro, traía otras; los clientes haciendo sus pedidos; se armó flor de batifondo; el hombre, con el café en la mano, se dirigió hacia ella que lo recibió con el ceño fruncido.

Desde la ventana, no veía bien a la mujer; sí escuchaba su voz sin comprender demasiado lo que le decía a su compañero de mesa; a él lo alcanzaba a ver mejor: abría los ojos grandes mientras el dedo índice parecía rozarle la nariz a la muchacha, le estaba indicando algo, vaya a saber qué, pero parecía enérgico; subía y bajaba el tono de voz... Ella, inmutable, le dio un sí, con la cabeza, y los labios acompañaron.

Se le hacía tarde para volver a la oficina; cerró el diario, encaró la salida y al mirar una vez más la mesa de la pareja, no la vio a ella; ganó la calle y se sorprendió: algunos pasos más adelante, un vestido floreado asomaba entre la gente que esperaba el colectivo.

El muchacho se dio vuelta, como esperando, y vio salir del bar al hombre que había estado en la mesa con la mujer; alargaba el cuello, como quien busca a alguien, los ojos inquietos, la cabeza hacia un lado hacia el otro.

El colectivo arrancó. No quedó nadie en la parada.


Variaciones: Testimonio


Variación 2:


OBSERVADOR

 

Mucho trabajo en la oficina ese día, se me hizo tarde para almorzar. Salí  igual, y caminé  por Corrientes hasta el bar que está al lado del restaurante. Suelo ir después de comer. Eran como las 3 de la tarde. Un calor agobiante. Pedí una cerveza, estaba helada;  la tomé casi de un sorbo porque me distrajo  el hombre que entró con el diario usándolo de abanico. Se sentó cerca de la mesa donde había una pareja, estaba atento a lo que conversaban. Lo recuerdo  y vi  la mirada libidinosa con que  enfocaba a  la mujer de vestido floreado. Ella lo notó y se movía en la silla, como nerviosa o impaciente.  Después entro otro hombre,  de unos cincuenta y pico, trajeado; pinta de milico, fue directamente a la mesa de la mujer; ella le debe haber comentado algo del  tipo que la observaba, porque se dio vuelta para mirarlo. Al milico me lo topé en la vereda cuando entré al bar, estaba en el kiosco de diarios,  miraba mitad Clarín y mitad para adentro del bar.

Yo seguía con mi cerveza en el bar; tenía la sensación que iba a arder Troya cuando vi a la mujer decir que sí con la cabeza, salir de golpe y el tipo del diario detrás, llevándose puesta una silla y al mozo que venía con dos porrones en la bandeja. —Sí, seguí toda la secuencia; no lo que hablaban, porque había mucho barullo adentro y afuera —, y le digo más, casi enseguida el compañero de mesa se largó a la calle detrás del libidinoso; para mí que lo quería frenar para que no siguiera a la mina. Yo la llegué a ver: miraba la vidriera, bajo el techito, porque llovía bastante  y espiaba si no llegaba el cole.

—¿Eh? ¿A quién le iba a avisar?  Si lo hacía y contaba  tal cuál fue la secuencia, intrigante, seguro me dicen que la cerveza se me había subido, que el calor… Noo,  ¡para que me tomen a la chacota! Aparte ya se me había hecho la hora de volver a la oficina. A la mina no la volví a ver.

—¿Dónde trabajo? En una Inmobiliaria de acá la vuelta. ¿Quiere mis datos?

 


Consigna dos alfa Inventar una nueva anécdota nimia (siguiendo las instrucciones transcriptas más abajo) y realizar tres variaciones (de extensión máxima: media carilla cada una). Ampliar una de ellas de modo que derive en un relato breve (extensión máxima: una carilla y media). Enviar al orientador solamente las variaciones y el relato. La anécdota debe ser construida a partir de las siguientes instrucciones 

-que haya un encuentro aparentemente efímero entre un hombre y una mujer;

que la acción transcurra en un lugar público o semipúblico (una plaza, el baño de un bar, un museo, un hotel, un tren, etc.);

-que haya otro/s personaje/s que mire/n (y/o cavile/n sobre) ese encuentro;

-que haya más de una acción encadenadas lógica y cronológicamente y alguna acción secundaria;

-que haya un intercambio gestual o verbal entre dos personajes (cualquiera de ellos).


Escogí “alfa”


LA PRIMAVERA 

El Padre Javier me avisó que el sábado, en la Catedral  la Camerata Bariloche, daba un concierto.  No me entusiasma demasiado entrar a la Iglesia (mi amigo Javier lo sabe) pero el Concierto lo merita.

No hubo forma que el auto arrancara, con el cole no llego ni de casualidad. El remís me dejó más de una cuadra de la Catedral, estaba cortada Frey. Escuchaba algunos acordes cuando ya casi entraba y ¡oh sorpresa!  Había gente de pie a los costados. Faltaba casi una hora para  comenzar.  Mi cuello  empezó a moverse, como  el lente de un submarino en superficie;  no estaba dispuesto a escuchar  el concierto de pie. Veo en el penúltimo banco que una mujer se levanta;  sin  muchas vueltas me zambullo en el asiento.  La monjita me miro, creo que algo quería decirme pero siguió con el rezo de su rosario.

´           —Perdón, estaba yo sentada ahí, fui a buscar el Programa del Concierto, ¿no viste la campera que dejé como testigo?—

—¿Eh?  Nooo, la apoyé en el respaldo de adelante, pensé que alguien se la había olvidado, mentí—

—Yo le dije que estaba ocupado ¿no me escuchó?—  agrega la monja.

¿Rezaba y me hablaba? No la escuché— 

—Bueno, ahora  que ya lo sabes,  ¿me dejarías sentar?—

Lo veo a Javier pasar detrás de ella y me fulminó con la mirada — Habría estado observando…

Vuelvo la mirada a ella, mientras pensaba qué decidía y me tildé: unos ojos negros,  unas pestañas largas que parpadeaban  lentamente  y  la sonrisa… No tenía muy claro si era pura dulzura o estaba conteniéndose por no tirarme con la carpeta que llevaba apretujada contra su pecho.

La Orquesta ya entraba el escenario improvisado, delante del Altar Mayo, cuando sin entender cómo ni en qué momento, aparecí en el borde del banco, casi cayendo y ella sentada como ¡una reina!

La Primavera de Vivaldi, cautivó la atención de todos los que estaban presentes,  la mía mezclada con el fastidio.


DOS COMPASES 

Estacioné casi en la puerta de la Catedral; se veía imponente toda iluminada, ese estilo neogótico… Hacía tiempo que no venía a escuchar el Concierto de la Camerata  Bariloche. Cuando entré, me sorprendí: faltaba más de una hora para comenzar y ya se veía mucha gente, los bancos se veían todos ocupados, largos como son. Caminé por  uno de los costados y atisbé un lugarcito en la tercera fila de la izquierda.; hacia él me dirigí.

–Permiso por favor —al hombre que parecía centinela del hueco que estaba destinado para mí—Paciente, de pie, espero. ¿Cómo que no hay lugar? Si  fueses tan amable de  sacar tu abrigo dejarías libre justo el espacio que yo necesito para sentarme y disfrutar el Concierto que  está por comenzar,  junto a vos y a toda estas gratas personas que ocupan el banco. ¿No es maravilloso?— No estaba nada feo, unos cuarenta y pico. Sentí que me fulminaba con la mirada —  Sorteé sus piernas largamente estiradas, ignoré su mirada y me senté tranquila, sabía que las diferencias no habían terminado.

—Perdón, no es que sea reiterativo pero ¿no te das cuenta que estamos todos incómodos, entre dientes— No me parece, mientras le sonreía y me alcanzaba la fragancia de su perfume. Miré hacia un lado, hacia el otro del banco y todos me devolvieron un gesto afable, algunos hasta un revoleo de ojos como diciendo: ¡qué amargo este hombre! Se iban ubicando algunos de los músicos ¡Hace tanto que no la escucho! Vos ¿solés venir? Siempre hay excelentes orquestas.  Mudez total.

Siento un dedo que viene del banco de atrás y da golpecitos en mi hombro. Me doy vuelta y la veo: una religiosa del convento de Las Carmelitas  —cómo la dejaron salir— sonríe invitándome a su banco —va a estar  usted más cómoda y tranquila— Obvio que fue partícipe silenciosa de los hechos acaecidos un banco más adelante. Le agradecí y la serené porque, realmente, ya estaba muy tranquila y sumamente cómoda junto a este personaje que aunque tenía mala onda, había un costado de él que me resultaba interesante.

—Dos veces perdí de escuchar este concierto y ¡justo hoy me topo con esta incomodidad! Este buen hombre no estaba pensando en voz alta, el comentario era claramente para mí aunque algunos de los que compartíamos el banco, se quedaron mirándolo, otros cuchicheaban entre ellos.

-Bueno… yo creo que es bastante interesante lo que te sucede— caso omiso al rezongo— esta vez no hubo pérdida; te topaste con estos gratos vecinos de banco, me conociste, aun considerando que no fueron las condiciones ideales pero… se dieron y supiste correr tu fastidio y resignar un pequeño lugar porque, no sé si te diste cuenta, que soy metro y medio, más bien delgada, cabello castaño… me dio la sensación que en algún momento me miraste diferente, sin bronca ¡Ah! ¿No? ¿Ni en sueños y seguís fastidioso? Fue como un instante, tu mirada  apacible y sostenida ¿Cómo? ¿Si soy psicóloga? No, sí me detengo mucho a observar a las personas, a mirar la hondura de ciertas situaciones… en fin, es una modalidad que tuve siempre y generalmente me devuelve resultados interesantes, no siempre agradables. Ahora, con respecto a vos, creo que el platillo de la balanza se inclina hacia lo atrayente.

¿Que no son temas para tratar dentro de una Iglesia? O sea que sí meritan que se traten, ¡claro, en otro espacio! Quizás se te ocurra dónde, mientras disfrutamos el concierto, ya comienza…

El  Director sostiene instantes  la batuta en alto y con  un impulso casi mágico convoca a todos los instrumentos… La Primavera de Vivaldi, inunda la Catedral.

 

 


Copyright© Susana García Amor

Junio, 2017.  Todos los derechos reservados por su autor