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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la Escritura Literaria

 

(TIEL) Módulo XII. El archivo del escritor

La transposición de materiales o el laboratorio del alquimista

Consigna trece Escribir un relato a partir de una frase que provenga del discurso histórico, una frase hecha del tipo de las que se transcriben a continuación y de las que ya no sabemos si se dijeron o si son un mito o una invención, pero que siempre se las repite refiriéndolas a la relación entre una situación actual y una remota o descontextualizándolas.  

O bien escribirlo a partir de una imagen histórica fuertemente convencionalizada. Extensión máxima: 4 páginas.

Como modelo para esta actividad se propuso la lectura completa del cuento Muero contento. En ese cuento se recrean los últimos momentos de la vida del sargento Cabral, desde lo que el mismo sargento piensa, siente, ve. La imagen construida por Kohan contrasta con la imagen del Facundo Cabral de los manuales escolares, ya que los dichos de Cabral no revelan lo que él siente sino lo que se espera que él diga según los valores y prejuicios de la época.


Frase elegida:

“La historia, señor ministro, juzgará imparcialmente si el coronel Dorrego ha debido o no morir”


          POR LA PATRIA

¡Harto de las luchas sin fin por estas insidiosas tierras! Más de dieciocho años, cargan la montura sobre nuestros lomos para tomar el timón del gobierno. Conozco a Manuel desde joven, siempre ha sido un hombre de principios,  los que a que a veces lo alejaron de nuestro presente. Pero la patria... ¡es mucho más que todos nosotros!

Mientras cabalgo entre las sombras de una noche cerrada y oscura,  medito mi terrible decisión, o quizá, la que comparto con otros, los que nunca firmarán la condena y solo asolarán con sus  murmullos en mi cabeza.

Con muchas menos almas que las de él, logré apresarlo. Nadie duda que soy el Gobernador de esta provincia  y como tal cumpliré con fidelidad mi mandato y al fin podremos restaurar  la economía extinguida en estas pampas.

Dorrego tiene un fresco e inocultable perfil republicano, tanto que los estadounidenses abrirían palmas a su paso, celebrarían sus tardes de exilio en el debate fogoso de un hombre rústico que no mide el porvenir. Aún  debe de aguardar el  refuerzo de sus amigos, pero hasta aquí no han llegado.

El hombre ostenta el poder que le confirió esta misma legislatura; el luchó  cuerpo a cuerpo como nosotros y también por la misma causa. Mis hombres y yo, recién llegados del Brasil, cargamos con el agobio inmerecido de una derrota que fue nuestra victoria en los campos de batalla.

Hoy mis tropas agotadas  ? pero siempre fieles ? han cruzado los campos de Navarro;  al mirar su rostro lo vi tan solo y sin rumbo, que no pudo prestar resistencia. Medito en  las palabras que me alientan y en la voz que me conduce a un nuevo destino.

Mi ejército abatido volvió a Buenos Aires,  sediento de respuestas. Las llamas que  encendieron la marcha del país hasta 1827 hoy reclaman su legítimo lugar. Los emisarios de Manuel no tienen palabras, la campiña les dio vuelta sus espaldas y los soldados del Brigadier huyen hacia  Santa Fe pidiendo refuerzos.

No olvidaría  ni por un momento que fui electo a sombrero alzado, allí, en la capilla de San Roque. En mi mano derecha conservo la carta de Salvador María que hostiga mi conciencia sin que lo exprese; las voces de quienes me confían el futuro se apoderan de mí ser.

Llego al cuartel y me vuelven los pensamientos, las cartas que nadie debe leer. Las que llegan hacia mí para que cuente con el apoyo que me brindan. Muchos de quienes nunca figurarán sus nombres, me han hecho saber de sus expectativas, las de una patria grande y pujante: “¡Lavalle, nuestro porvenir está ahora en sus manos!”.

Por estas horas, el coronel recorre a pasos largos la quietud de su celda, la humedad de la noche turbia que envuelve los campos de Navarro, comienzan a inquietarlo. Se recuesta sobre el catre e  intenta descansar. Palpita el sortilegio de un final que aún desconoce. Piensa y quizá recuerda alguna hazaña o quizá extrañe los brazos de su esposa y amor de sus hijas.

Falta muy poco para el amanecer. Me postergo un rato sobre la silla, observo el descanso de la tropa desarmada por el humo y las vainas de la guerra, ¡la hostilidad de una patria insolente que nos dio la espalda!

Es 13 de diciembre, tomo mi pluma; aún palpita la traición de todos ellos; me siento  sofocado por las cargas y las monturas; tengo en mis manos el dibujo de nuestro sueño futuro. Comienzo a escribir, en tanto que el amanecer  despeja las sombras.

Apenas unos minutos más, observo mi reloj, los redoblantes suenan con un efímero fulgor... guardo en mis bolsillos todas las misivas. Me pongo en pie y observo tras la ventana. El pelotón de fusilamiento de la quinta línea puso en posición las armas. El coronel cae abatido.

Me vuelvo al escritorio, tomo mi pluma: “Señor Ministro, sé que abalará mi decisión y que la historia recordará entre sus páginas este hecho. Comunico por cuerdas separadas a todas las provincias de la Confederación los hechos ocurridos en el día de la fecha”.

 


Catorce gama Relatar un episodio histórico de su elección que se refiera a una muerte, una traición, un complot o un pacto; hacer una suerte de investigación bibliográfica sobre el hecho elegido, consultando libros de historia y/o archivos de documentos históricos.


UNA  GESTA

Fuimos de la tribu de los Arvernos, los más temibles detractores de los legionarios romanos. Ni el mismísimo procónsul en jefe, en sus memorias no podrá olvidar jamás lo ocurrido en los campos de Alesia. En aquel indolente septiembre del 52 a.C. nuestras tropas hambrientas y furtivas, pero sedientas de gloria, desafiaron en el corazón de las Galias al gran César.

Aquella mañana, preparé sus botas de cuero sin curtir y su escudo;  limpié con mucho cuidado  la espada larga y sin punta. Era el ardid  más feroz en las manos deVercingétorix, nuestro joven comandante.

Los jefes de campaña tenían las órdenes precisas; durante meses  planificamos hacer ruinosas todas  las tierras aledañas y sus pobladores fueron trasladados más allá de las fronteras. Los Mandubios vendrían  a la vanguardia y el resto de nuestra confederación acudiría  en refuerzo. Confiábamos en que la ferocidad de nuestras huestes  harían temblar al experimentado procónsul, cuyas ambiciones para entonces, eran  las de dominar  el mundo.

Estructuramos con tiempo y mesura nuestros próximos pasos. Estudiamos minuciosamente las estrategias y contemplamos cada hecho. No era menor la intranquilidad con la que había llegado Julio César a las Galias, sobre todo  pensando que el triunviro Marco Antonio había ocupado el poder de Roma. Tampoco le era fácil asumir la derrota de Craso en manos de los Partos.

¡Claro que codiciaban nuestras prósperas tierras! Desde el Languedoc hasta Narbona y más allá del Rin, eran valles y llanuras tan fértiles como hospitalarias... aunque solamente fuéramos bárbaros salvajes y vagabundos.

Mi función era  registrar todos los hechos, contar con detalles la historia de nuestro pueblo. Trataba de permanecer cerca del comandante, su padre me había encargado su cuidado, como el  brindarle apoyo y consejos.

El sol asomaba cuando comenzó la formación de las tropas. Vercingétorix les recordó a manera de arenga nuestros triunfos previos. Señaló con detalle la bravura del pueblo Galo, las derrotas romanas en los tiempos de Brenno, como en los campos de Gergovia  y refirió nuestras  tantas hazañas... las que occidente trataría de olvidar.

Con voz estridente les dijo: ¡Solo por un día brillará el sol en los campos de Alesia!... y no haría falta nada más que ello.

Ese día nuestro comandante casi quebró al ejército más poderoso que conoció la humanidad entera. La lucha frontal de los cuerpos ensombrecía el día. Desde muy lejos tambaleaban las arenas de la Roma que perdía en pocos instantes su República. César desplegaba sus legiones ostentando la vanagloria ancestral del imperio.


 

 

Copyright©Alicia Jadrosich

Abril, 2017.  Todos los derechos reservados por su autor