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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la escritura literaria

 

(TIEL) Módulo IV La literatura y los géneros discursivos de uso cotidiano

 Consigna nueve: Escribir una receta, un reglamento o unas instrucciones con uno de los siguientes objetivos: “conseguir amigos influyentes”, “sobrevivir en la Argentina actual”, “ser una chica ‘fashion’","no morir a la hora señalada", "volver a un estado amniótico". Se puede elegir también un objetivo no mencionado aquí. Extensión máxima: una carilla.


BOTÁNICA EN EL HOGAR 

Retiré de la maceta los restos de tierra. Era evidente que el cuidado de plantas no era mi fuerte, pero no me daría por vencida. A mi costado descansaba una lavanda que había traído del vivero. Había muchas otras, incluso más bonitas, con flores de colores, con hojas verde agua. Pero esta lavanda y yo nos habíamos mirado y reconocido. De forma tácita hicimos un trato. Si la rescataba de aquel negocio avejentado, ella me enseñaría a cuidarla. Y se vino conmigo.

Miranda, la dueña del vivero, me recomendó que, antes de traspasarla a la otra maceta, pusiese algunos de los tallos a los costados para favorecer su reproducción. Ella lo había dicho fácil, a mí me costó como veinte minutos llenar la maceta de sustrato y luego colocar los esquejes de lavanda. Algunos me quedaron un poco torcidos, no voy a negarlo, pero a grandes rasgos se podía considerar una prueba superada. En casa de mis padres los únicos seres vivos que habíamos sobrevivido a sus cuidados, éramos mi hermano y yo. Supongo que mi madre al vernos crecer había tenido un pensamiento igual al mío en este instante, incluso en algunos aspectos, habíamos quedo algo doblados. 

Froté mis manos antes de levantar la lavanda con una palita improvisada, cortando, sin poder evitarlo, algunas raíces. Juro que en ese momento la planta suspiró, consciente de que si no lográbamos encajarla como se debía, su vida corría peligro. Con un ligero vaivén, la situé en el centro, donde había hecho un hueco con abono. Su nuevo hogar. La lavanda me sonrió cuando sintió el peso de la tierra blanda sobre ella. Me hizo recordar esos abrazos que suelen darse en los momentos necesarios, no abundan y abrigan.  

Debía buscarle un rincón de la casa donde se colase el sol, la luz natural era mi aliada en esta cruzada. La primera opción que barajé fue la ventana de la cocina, la descarté al imaginarla con restos de fritura y ensalada. Me decidí por la biblioteca. Era un espacio luminoso y podría convivir con Germán, mi cactus. Le había puesto ese nombre en honor a un amigo mío con el cual tenía esa clase de relación que no hace falta regar constantemente, simplemente sabíamos que estábamos, y con enviarnos un mensajito de vez en cuando, avisando que seguíamos vivos, bastaba.  

Tampoco la lavanda es una plata que debas ponerle mucha agua, lo justo y necesario, sin ahogarla. Hasta en eso nos parecíamos. La miré desde abajo, había quedado preciosa entre la edición de bolsillo del Quijote de la Macha y La insoportable levedad del ser de Milan Kundera.  

La lavanda es una planta cuyas flores rejuvenecen en primavera, por lo que ahora, apenas se entreveían dos cabecitas de color lila pálido. Para el verano estaría esplendida. Aspiré hondo para captar su perfume, todavía era pronto para que su aroma impregnase mi vida. Sonreí satisfecha.



Consigna 10: Imaginar la siguiente situación: dos mujeres intercambian chismes en una peluquería de barrio, mientras se hacen peinar/cortar y/o teñir el pelo. La charla de las dos se mezcla con la enumeración de las acciones del peluquero, llevada a cabo por un narrador objetivo (que se limita a se limita a referir acciones del modo más neutro posible). Utilizando esta idea, escribir un relato en el cual se parodie el lenguaje de las mujeres.

Extensión máxima: 1 carilla.


“Fue por Ramón”, le comenta Rita levantando la vista. Carmela intenta recordar si en verdad el hijo del ferretero tiene ese nombre. Su mente solo visualiza el pelo castaño del muchacho, guapo, sin dudas.  

Carmela aborrece el ambiente que habita dentro las peluquerías. La hace sentir incómoda. Pálida entre luces blancas. Igual está sentada esperando que Marcos la atienda, su pelo se ha tornado de un horroroso color beige con una corona de canas que denuncian bastante su edad. Para mayor suerte, al entrar descubrió a Rita sentada en la última de las sillas haciéndose la manicura. El ruido del secador la está dejando sorda.  

Rita vuelve a alzar la voz, parece que la chiquita esa que lo esperaba por las tardes, tiene algo que ver. Carmela sí recuerda a la chica, delgada y bonita. Joven. El comentario la hace sentir extraña. Recuerda las manos ásperas del muchacho sobre el mostrador, su sonrisa ingenua. No lo dice, claro. Solo asiente. El peluquero le indica que es su turno.  

Marcos le inspecciona el cuero cabelludo minuciosamente. Ese acto le produce escalofríos. No, no se hará el mismo color, quiere uno diferente. Carmela quiere ser otra. Rita la mira en tono reprobatorio, ella quiere que todos permanezcan como son. Estáticos.  

Cuestión que ahora el padre solo quiere recuperar lo perdido, una misión imposible, según entiendo. Rita / grita. Carmela quiere gritar para hacerla callar. Se contiene, como siempre. Marcos le muestra el catálogo de color, “ese” señala, el violeta. Rita abre los ojos como platos. Carmela se siente despiadada y satisfecha, vaya combinación.  

Rita se levanta de su silla mirándose las uñas, ese es el color de pelo de la ingrata que metió en este embrollo a Ramoncito, murmura por lo bajo. Marcos comienza a pasarle la tintura a Carmela, cuya mente ya no está en ese desvalido salón. Está de pie frente a una ferretería, con su pelo ondeando por el viento, con el corazón palpitando una vida que no es la suya, esperando.

 


Consigna once: Elaborar un relato que se construya a partir de una sucesión de telegramas y/o mensajes de correo electrónico, anotaciones de agenda, avisos fúnebres, recetas médicas, mensajes de texto (SMS), etc., y que tenga como elemento en común la figura de un personaje que será su emisor o destinatario. Tomar como modelo Los años 90 de Daniel Link o Boquitas pintadas de Manuel Puig. Extensión máxima: 1 carilla.


Correo electrónico 

22/02 – 10 AM 

Entrañable Carmela, 

Quiero llamarte. Escuchar tu voz. No decirnos nada relevante y callar nuestras mejores palabras. Si te estoy escribiendo, está claro que no me atrevo hacerlo todavía. O puede que esté esperando que simplemente me digas… llámame. Estaré en el trabajo hasta las seis de la tarde, reviso los correos regularmente, dame alguna señal.  

Gastón.


22/02 – 15 PM 

Escurridiza Carmela, 

Estoy ansioso, lo admito. Pensé que tu respuesta llegaría a mí con pasos agigantados. No te estoy apurando, solo me gustaría escuchar tu voz un segundo para saber que la otra noche no fuiste una ilusión. ¿Te llamo? 

Gastón.


23/02 – 9 AM 

Inhallable Carmela, 

No voy a negarte que estoy algo asombrado. ¿Mis correos no te llegaron? Hablé con los muchachos del Área de Sistemas en el trabajo y me dijeron que a veces tienen un pequeño retraso, ¿será eso? Espero hoy tener mejor suerte. Me desvelo pensando si te gustaría que te llame, aunque sea para recordar nuestras respiraciones acompasadas. Acá te espero, 

Gastón.


23/02 – 17.30 PM 

Perdida Carmela, 

En breve me estoy yendo a casa y hoy tampoco he sabido nada de ti. ¿Acaso me estás esquivando o quieres volverme loco de deseo? Me inclino por lo segundo porque, así me siento. No creo que aguante no llamarte mañana, esta es la última oportunidad para que me avises si es correcto. Por favor… 

Gastón.


24/02 – 11 AM 

Añorada Carmela, 

Estoy confundido. Te llamé varias veces al número de teléfono que me diste, pero no hay tono. ¿Será que anoté mal? Tampoco recibí ninguna respuesta a mis correos, la gente de la oficina me dice que ya deberías recibirlos sin problema. Tengo una necesidad imperiosa de comunicarme contigo de la forma que sea. Está claro que me gustas, mucho. 

Un beso, 

Gastón.


04/03 – 16 PM 

Irreal Carmela,

He dejado pasar unos días. Quizás te abrumé con mi insistencia, con mi evidente hambre de escucharte, de leerte, de volver a tenerte. ¿Te asusté? Mis conocidos me dicen que no existes. No puede ser, para mí fuiste, eres, tan real. Te imploro me escribas.

Un desesperado Gastón.

 

 

Copyright©Laura Ferreyra

Mayo, 2017. Todos los derechos reservados por el autor