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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la escritura literaria

 

(TIEL) MÓDULO XI HISTORIAS DE FAMILIA 

Consigna cuatro alfa. Los preparativos y arreglos de una mujer que va a salir de noche, desde la mirada de su hija pequeña. (en este caso, de su hija adolescente)


Un brillo muy fuerte desde afuera;  es la noche del sábado. Yo en mi cuarto, y tras la ventana que da a la avenida, veo que las luces me llevan. Se aproxima la hora… el hombre al que mamá lo llama “vida”,  siempre vestido de negro, con los pantalones oxidados, la capa opaca, la camisa oscura muy al cuerpo. Trae las botellas de Quilmes, mi jugo de naranja, algunos maníes y unos palitos sueltos. El  pollo bien dorado con papas fritas de la parrilla de Don Ramón, el de  la esquina.

Mamá tiene listos los  helados de chocolate y crema: es el postre de siempre... el de siempre de los días sábados. Él a veces se queja porque las cubeteras,  lo escarchan. La semana  tiene alguna que otra pera o manzana, lo que va quedando de las bolsas que nos trae.

Ella, desde la tarde está con el cepillo en el pelo, hasta que por fin le da brillo y forma. La cara muestra colores y rubores fuertes. Los ojos resaltan, los labios de rojo... muy rojo, igual que las uñas. La cintura se acomoda al vestido que compra cada tanto para esa noche. Parecen todos iguales, pero son verdes, negros y violetas; otras veces saca alguno de los más viejitos y le agrega alguna lentejuela o unos prendedores que eran de la Tía Tota. ¡Está entusiasmada!, solo que no la veo reir.

El hombre tiene la  pulsera de tachas  plateadas y llamativas en la muñeca. El reloj negro sobre la otra mano. Los zapatos más oscuros o sucios, siempre son  los mismos, un perfume algo rancio que nunca me supo decir cuál era. Pone  los discos de rutina  para el postre, los de Gustavo o  de Los Fabulosos. La cuchara  entre el chocolate y la crema. Muy fuerte, toda la música envuelve y fastidia, menos a ellos.  Ella deja de ser mamá... solo baila y se aprieta en él. El volumen confunde la noche y los cuerpos. Yo me vuelvo a mi cuarto.

La música en la voz de  Los Fabulosos,  hace una noche casi sin fin. No dejan perder el brillo de Gustavo con el “Vita-Set”.  El hombre de negro, ya transpirado enciende un cigarro y la convida, después deja todo sobre la  mesa ratona del comedor.  Más fuerte, todo suena más fuerte y confuso, mamá,  también. Tras la música  y el volumen se encierran en el cuarto de ella. No se escuchan las voces.

Cierro la puerta, me vuelvo a la ventana... oxidada como las ropas, como la noche de los sábados. La avenida cambia sus colores y pierde sus sonidos. Es de mañana, la puerta entreabierta del cuarto me hace saber que ya se fue, que mamá volverá a ser como todos los días.

Ella sentada en la cocina, con el mate, mirando el piso y apilando sus vestidos de los sábados. Sus ojos llorosos y en silencio. Saca de su cuarto algunas cosas que eran de él, guarda los discos y acomoda todo. Esa tarde, fue el primer domingo de paseo después de mucho tiempo.

 


Copyright©Alicia Jadrosich  

Abril, 2017.  Todos los derechos reservados por su autor