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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la escritura literaria

 

(TIEL) Módulo I Variaciones

Consigna uno Escribir una variación para agregar a las que fueron transcriptas en el inicio de este módulo, respetando el argumento mínimo de alguno de esos textos. Extensión máxima: media carilla.


EL  JUEZ

 ¿Por qué dijo que “sí”? Eso es lo único que encuentro común en  el relato a todos los testigos. Y pasaron muchos: el tipo que entró a leer un diario y tomar un café, es un relato muy subjetivo, cargado de interpretaciones…  después vino uno que negó todo, yo creo que no estaba en el bar, para mí que lo agarraron como a un perejil o para hacer número y tener muchos testigos. El tercero era un policía de civil, tiene delirio persecutorio, ya estuvo retirado un tiempo de la policía por licencia psiquiátrica. Al Jeringoso no le entendí una palabra…otro que traen para hacer número. El mozo, pobre tipo, le pagan dos pesos y vive corriendo, encima con el calor que hacía… estoy cansado de los informes de la policía… no dicen nada, parece que les sacarían plata de su  sueldo, si escriben mucho… ¿y el que estaba esperando a la mujer de vestido floreado?,  ¿creí que no existía más la gente enamorada del amor?... Pobre mujer,  estaba asustadísima… creo que nunca más dice “sí”.

Después entraron los tipos, que estaban en la parada del 39, ¿quién los dejo declarar a los dos juntos? Parecían siameses… qué tipo raro el Pai… se cree que es vidente… ¡yo no creo en nada¡ Por último , el falso poeta… mi abuelo decía que todos los poetas eran cornudos.

 Yo archivo la causa, total el tipo salió corriendo y lo atropelló el 15 y lo mató. No hay culpables. Caso cerrado.

 

Consigna dos alfa Inventar una nueva anécdota nimia (siguiendo las instrucciones transcriptas más abajo) y realizar tres variaciones (de extensión máxima: media carilla cada una). Ampliar una de ellas de modo que derive en un relato breve (extensión máxima: una carilla y media).

Enviar al orientador solamente las variaciones y el relato. La anécdota debe ser construida a partir de las siguientes instrucciones:

-que haya un encuentro aparentemente efímero entre un hombre y una mujer;

-que la acción transcurra en un lugar público o semipúblico (una plaza, el baño de un bar, un museo, un hotel, un tren, etc.);

-que haya otro/s personaje/s que mire/n (y/o cavile/n sobre) ese encuentro;

-que haya más de una acción encadenadas lógica y cronológicamente y alguna acción secundaria;

-que haya un intercambio gestual o verbal entre dos personajes (cualquiera de ellos)


Variación I

SALA DE ESPERA

Me levanté temprano, estuve esperando  mi  turno tres meses. Me bañé y tomé un colectivo que me dejó en la puerta. Cuando llegué, pensé que iba a ser el primero, pero no. Me senté en la primera fila, imaginando que eso me acercaría más a mi turno.  Eran todos hombres.

Sentía, no solamente sentía, sino lo pude confirmar, que detrás del vidrio, la secretaria me miraba… ¿me conocería? Traté de pensar si yo la conocía, tal vez fue una compañera del  colegio.

Cada tanto la puerta se abría.

?Pizzuti,  Gabriel?  al rato repetía.

?Pizzuti, Gabriel.

Luego del tercer llamado, pasó solo, sin acompañante. Tal vez fuese hipoacúsico, o tal vez se hubiera quedado dormido. No me incomodaba, pero me sentía observado por la secretaria. Pudiese  haber sido una novia en mi juventud. No, no creo, no me miraba como si conociera.

?Tamborini, José Luis.

No lo volvieron a repetir y entró con un diario debajo de su brazo derecho, era colectivero.


Variación II

Me seguía mirando, ya si  me incomodaba…sacó media cabeza por el orificio de su escritorio y dijo:

?Canaleti,  Luis. Era yo, ¿cómo conocía mi nombre? Me acerqué.

?Tiene la bragueta baja.

Casi al mismo tiempo, se abrió la puerta. Todavía confundido por la afirmación de la secretaria. Entré y saludé. Era una mujer.

 

Relato

Ya habían pasado muchos y era muy tarde. Estaba incómodo. Porque la silla era incómoda, al principio parecía cómoda, pero no lo era. Habían llamado a todos los que estaban y yo solo quedaba sentado en la primera fila. La secretaria no sé cuándo se fue. Ya nadie me miraba, estaba solo  ¿me habría quedado dormido? ¿O no escuché cuando me llamaron? ¿O no estaría en la lista? ¿O me hubiese confundido de piso? ¿O de dirección? De repente, se me hizo un “blanco”, no me acordaba de nadie ni de nada. Vi la puerta que siempre estuvo delante de mi. Golpeé….golpeé…volví a golpear…giré el picaporte y entré. Estaba todo oscuro, tanteé y caminé dos pasos, la puerta que estaba atrás de mí se cerró. Ahora sí, estaba en la oscuridad absoluta… no tenía miedo, eso era lo raro.

Baje 123 escalones, los conté, la escalera, se hacía más angosta. Al final  de la escalera, había un féretro, cerrado, rodeado por cuatro candelabros de plata, las velas estaban encendidas  pero estaban muy gastadas, consumidas… parecía que hace mucho estaban encendidas. La habitación era circular, el féretro  estaba en  el  centro, no había gente llorando ni sillas.

Lo raro, es que no tenía miedo, ni frio, ni sed, ni calor… ¿creo que ya había estado ahí? ¿ o seria que lo soñé?

Seguro esperan, un final… no lo hay.


Consigna dos beta Escribir un texto breve a partir de una frase críptica… un palíndromo.


LA LOGIA

Tenía quince años, y como todos para esa época, formábamos parte de algún grupo, conjunto, legión o sociedad con nombre extraño, una forma de jugar y no dejar la niñez de golpe.

Recibí muchas indicaciones, pasé por distintas pruebas e interrogatorios, no sé si me gustaba, pero estaba a punto de ser aceptado.

Era enero, y hacía mucho calor, nunca supe porque en los subtes hace, mucho calor en verano y mucho frio en invierno. En ese momento le daba otra explicación a las cosas, sin duda el paso del tiempo, te cambia.

Me tomé un colectivo hasta la estación Federico Lacroze, la noche anterior dejé en la silla de mi habitación el pantalón largo colgado, no me dejaban subir en pantalones cortos. Me di cuenta de que había llegado, por el  olor... mi tía siempre decía que los cementerios tenían olor a muerto.

Bajé y crucé la  calle, mientras un policía subido a una garita dirigía el tránsito… ¿No sé cómo se llaman? Tenía esas mangas blancas, que solo los tenían  los que  dirigían el  tránsito… como si fuese un distintivo, un premio. Compre un paquete  de garrapiñadas, atraído por ese aroma inconfundible. ¿Por qué será? Siempre las están cocinando… pero como siempre cuando las compras, están frías, comí dos o tres y las tiré. Sentí ese vaho inconfundible del subte.

Dos boleterías vacías, mirando y haciendo fuerza para sacar las monedas del fondo del bolsillo, perdí de vista las boleterías, cuando levanté la mirada… tres personas en cada fila. Elegí la  de la derecha. Era la más lenta.

?Hola… uno ida.

Puse la moneda en el segundo molinete, pero no abría y me devolvía la ficha... intenté tres veces y me devolvía .La gente se impacientaba, yo traspiraba.

?Dale, nene.

Un  hombre, sentado en un banquito alto se apiadó y me  dijo:

?Vení, pibe…pasa por acá. Y con una llave rara me abrió la puerta. No se dio cuenta de que me quedé con el cospel. Tenía un viaje en subte gratis. Estaba salvado.

Tenía precisas indicaciones: bajá en Agüero, caminé hasta el fondo del andén y creo que me senté en el último banco…. alguien te va a dar un sobre.

Hice como me dijeron, baje en Agüero camine hasta el fondo del andén, y creo que me senté en el último banco. Esperé.

Mientras tanto pensaba: ¿era el último banco? ¿Era el final del andén, o era el principio? ¿Cómo tenía que ser el sobre? Y lo más difícil… ¿que tenía que hacer con el sobre? ¿abrirlo? ¿Llevarlo sin abrir? ¿Y si lo habría... qué hacer? ¿Era una obligación, un regalo? Quien me manda a meterme en esto. No tenía necesidad.

No sabía cómo sentarme, el banco era duro, cada vez más duro, y no venía nadie. ¿Me habré quedado dormido? ¿Y me vio dormido y se fue? Estoy aburrido, cansado ya no me importaba nada, tenía un poco de sueño y me acosté en el banco, mirando al principio del andén, dándole la espalda a la llegada del subte.

Me desperté con la mirada de una mujer obesa, media andrajosa y con olor a pis, estirando su mano izquierda. Sostenía, solo por sus dedos pulgar e índice, como si les diese asco, un sobre. Lo agarré y lo abrí enseguida… miraba lo escrito, y la miraba a ella… volvía a mirar lo escrito y otra vez la miraba… leí de nuevo y decía manuscrito: “a la gorda, drogala”.

 

Copyright©Martín Salas

Marzo, 2017. Todos los derechos reservados por el autor