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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la escritura literaria

 

(TIEL) Módulo IV. La literatura y los géneros discursivos de uso cotidiano
Consigna nueve Imaginar la siguiente situación: dos mujeres intercambian chismes en una peluquería de barrio, mientras se hacen cortar, peinar o teñir el pelo. La charla de las dos se mezcla con la enumeración de las acciones del peluquero, llevada a cabo por una narrador objetivo. Utilizando esta idea, escribir un relato en el cual se parodie el lenguaje de las mujeres.

Barrio de Martínez, zona norte del Gran Buenos Aires. Viernes. Ruido incesante de secadores, música de fondo, parloteo desenfrenado de clientas ansiosas. Ricky está feliz. Hoy trabaja pero mañana tiene franco. Nunca se toma un sábado. Es un  buen día en la peluquería. Suele ser una locura  de mujeres desesperadas y buenas propinas pero es el cumpleaños de su madre y quiere estar presente. Tomar un par de mates con ella a la tarde, llevarla al Tigre tal vez, ya verá.
Prepara su rincón de trabajo. Poco espacio sobre la mesa entre los productos a la venta, el secador, la planchita de pelo y la cartera de la clienta. – ¿Por qué siempre la cartera acá arriba, Dios?” – refunfuña en silencio.
Ricky es un obsesivo. Histéricamente obsesivo y esta mañana está especialmente perturbado. Su mejor tijera no aparece. Ya buscó por todas partes y no está. Mientras busca en los cajones del pequeño mueble blanco, escucha a su nueva clienta sentarse a su lado. Se prepara.
¿Pili?, ¿Sos vos? – de pronto pregunta una rubia exultante que se acerca a la sillón.
¡Cande! ¡boluda! ¿qué haces acá?– responde Pilar en un ademán de casi me paro, pero mejor no que se me cae la bata, la toalla y me quedo en bolas.
¿Cómo te va? – le pregunta Candelaria.
Yo bien. Tratando de mejorarme esto – se señala la cabeza – necesito un milagro, boluda, pero bueno…
Sí, yo también – asiente con una risa cómplice.
Ricky acomoda a su clienta en el sillón. Medio “de parada” no la puede atender. A veces es necesario un poco de disciplina. Suele ser sutil pero severo –permiso señora, el cable...– empieza diciendo y luego con una sonrisa forzada pregunta: ¿qué hacemos hoy, Pilar?
No sé, Ric, vos sos un genio. Un corte, eso quiero, algo nuevo, distinto. Un
cambio. Me separé Ric. Se acabó. Vida nueva.
No sabía nada, Pili – le dice asombrada Cande que se sentó a su lado – ¿qué pasó?
Se acabó, me cansé de tanta mentira y de los dos cuernos que tengo.  Eso es, Ric – dijo sin dirigirse a él – cortame el pelo y los cuernos – se reía angustiada.
¡Boluda!– exclamó Candelaria – y fijate que a Tomás se lo veía un tipazo. De esos de fierro, viste?
El fierro se lo quise partir en la cabeza cuando me enteré que me engañaba con Gloria Rizabalaga – enfatizó.
¿Gloria?, ¿la mamá de Joaquín de tercer grado?–
Ricky hacía su mejor esfuerzo. La mujer no paraba de mover su cabeza. Estaba nerviosa, gesticulaba, imposible un corte parejo. Cortaría poco esta vez, lo justo. Otro día estaría menos alterada. Ricky entendía. Las escuchaba siempre. Seis años tenía cuando su madre le partió una botella de vino en la cabeza a su padre. Lo agarró con otra mina. No lo volvió a ver.
¿Y ahora, Pili? ¿qué vas  a hacer? – preguntó Candelaria.
Juicio voy a hacer – dijo muy segura – le saco hasta los calzones, me dijo mi abogada – el muy turro me pidió perdón, que los chicos, que nada cambie. Pero no, Cande, hay cosas que no se perdonan, viste?.
Tenés razón, Pili pero pensá, te deja algo de guita y vos , ¿después que hacés?
No sé, Cande. Mirá, para empezar la casa me la quedo, el auto y la casa en el Delta. Después veo. ¡La abogada es lo más! Súper piola.
Ricky casi tenía terminado el corte. La mujer iba a pileta para el lavado y peinado. Se le vino a la cabeza su madre. Su pobre vieja que se quedó sin nada. Deudas y deudas. Trabajaba de día en una florería y a la noche hacía tocados de novia, ramos. Una grosa la vieja. Siempre tan buena con las manos. Ahí empezó a peinar. Aprendió con su madre que hacia magia con las flores y los tocados.
Pilar, amor – dijo Ricky – ¿vamos a pileta? Cande no se separaba de Pili. La hipnotizaba la historia.
Y bueno, Pili. Vos sabés que me tenés siempre. Lo que necesites.
Ya le digo a Diego que no lo invite más al turro ese a jugar al tenis. Que se joda. Vos tranqui. Le vamos a hacer pasar del Paraíso al Infierno.
Ricky sabía muy bien cómo eran las cosas. No sólo atendía mujeres, muchos hombres también se cortaban con él, le pedían cambios de corte y hasta color. Días atrás había atendido a Tomás. No parecía preocupado. Se lo veía mucho más cerca de un Paraíso que de un Infierno. Justamente ese día le contó que viajaba a Miami por trabajo. Eso le dijo. Se lo veía feliz, muy descansado. Un tipo con suerte – pensó Ricky.
Pilar estaba otra vez de vuelta en el sillón a la espera del secado. Todo estaba saliendo bien y ya le habían pasado el aviso de una nueva clienta en espera. Más distendido por haber encontrado la tijera extraviada, Ricky sólo esperaba terminar ese día.
Gracias  Ricky, amor ¡sos lo más! La verdad es que los cuernos se disimulan bastante se rían en complicidad con Cande.
Pero sí, Pili, estás divina. Después contáme cuándo se lo decís a los chicos, ¿viste? Por Juani, no quiero meter la pata cuando venga a casa a jugar con Tobías.
Ricky sentía haber vivido su propia historia de engaño y desamor. Pobre la vieja. Mañana la llevo al Tigre, preparo la canasta, pongo el termo, el mate y unas buenas facturas. Pobre la vieja.
– Buen día, Sandra, ¿qué hacemos hoy? – se miraron los dos en el espejo. Una nueva clienta esperaba un milagro.

Copyright©Elena Gil. Mayo, 2015
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