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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la escritura literaria

 

(TIEL) Módulo I Variaciones 

Consigna uno: Escribir dos nuevas variaciones para agregar a las que ya fueron transcriptas en el inicio de este módulo, respetando el argumento mínimo de alguno de esos textos.


VARIACIÓN 1

Debí tomar el subte, pensé mientras esperaba que apareciera a la distancia el colectivo 39. El cielo anunciaba una tormenta. Miré con ganas el café de la esquina. Quizás debía entrar, tomar un café y olvidarme por una vez de hacer las cosas bien. Cada vez que se abría la puerta del local, el murmullo constante me invadía y eso me desanimó. Mejor me quedaba donde estaba. Una figura femenina con un hermoso vestido floreado se dejaba ver a través del ventanal. Un hombre algo inclinado hacia adelante invadía su espacio personal. Ella parecía decirle que sí a algo que le estaba proponiendo. Recordé haberme visto alguna vez en ese brete. Hombres, que les dicen. Perdida entre mis recuerdos al volverme la encontré parada detrás de mí. El 39 aminoró su marcha y subimos. Ella y yo. Mientras pagaba el boleto escuché el ruido de un cuerpo cayendo contra la vereda. Afuera ya llovía.


VARIACIÓN 2

Mamá, no vas a creerlo, en este mismo momento estoy viendo una mujer vestida igual que Dolly. ¿Te acuerdas de Dolly? Mi muñeca. Su vestido tiene las mismas flores y hasta sus zapatos son rojos. ¿Todavía está sobre mi cama? No recuerdo haberla visto la última vez que fui a visitarte. Estoy en un café esperando la hora para la entrevista. Algo nerviosa, debo confesarte. Al levantar la vista de mi bebida, algo fría para mi gusto; me encontré con la personificación de mi infancia sentada en la mesa continua, no pude dejar de escribirte. Un hombre está con ella, con la Dolly de la vida real. Me rio al pensar que es Camilo, el muñeco de trapo que más de una vez se enamoró perdidamente de ella en el patio de la casa de la abuela. Veo que el hombre se inclina hacia adelante y ella dice Sí. Dolly siempre le decía que No a Camilo así que no son ellos. Advierto que se levanta y me asombra que hasta sus movimientos son idénticos a los que yo imaginaba. Camilo va detrás, siempre detrás. Es la hora de irme. Ojalá pudiera quedarme un rato más a jugar. Ojalá estuvieras conmigo para darme ánimos. Te extraño, mamá.


 

Consigna dos alfa: Inventar una nueva anécdota nimia (siguiendo las instrucciones transcriptas más abajo) y realizar tres variaciones (de extensión máxima: media carilla cada una). Ampliar una de ellas de modo que derive en un relato breve (extensión máxima: una carilla y media).

Enviar al orientador solamente las variaciones y el relato. La anécdota debe ser construida a partir de las siguientes instrucciones:

-que haya un encuentro aparentemente efímero entre un hombre y una mujer;

-que la acción transcurra en un lugar público o semipúblico (una plaza, el baño de un bar, un museo, un hotel, un tren, etc.);

-que haya otro/s personaje/s que mire/n (y/o cavile/n sobre) ese encuentro;

-que haya más de una acción encadenadas lógica y cronológicamente y alguna acción secundaria;

-que haya un intercambio gestual o verbal entre dos personajes (cualquiera de ellos).


Variación 1


Es un día precioso. Dos niños casi idénticos juegan al lado de su mamá. Supongo que lo es, porque le revolotean al lado y ella les habla paciente. Solo una madre puede tener una paciencia tan incuestionable ante dos gemelos escurridizos. Uno de ellos intenta que le dé algo que guarda en su bolso. ¿Un caramelo? Quizás. Adelante otro niño mayor corre en su ayuda. Se parece bastante. El hermano mayor, sin dudas. Sus ojos tienen un bello destello verde. Les sonríe divertido. Escucho que la madre le pide que los lleve hasta los juegos. Un cuarto niño de mediana edad sale disparado detrás. Cuatro hijos, vaya trabajo. La mujer los contempla sin perderlos de vista a la distancia. Se sienta al lado del hombre barbudo que lee recostado sobre un árbol. Lo besa dulcemente.


Variación 2 

Me gustaría decir que el día es precioso, pero no lo es. No hay niños ni madres en el parque. Esta desolado. No hay hermanos corriendo hacia los juegos. No hay juegos. Solo un mar de polvo y pastizales. El silencio lo absorbe todo. Sin voces, sin pedidos, sin reclamos. No hay árboles donde recostarse. No hay hombres con barba, ni sin ella, leyendo recostados. Nadie mira, nadie oye, nadie se besa dulcemente.


Variación 3 

Lucio y Lisandro revolotean a mi lado. Lisandro me pide una de las galletas que sabe tengo en mi bolso. Son imparables estos chicos. Un hombre nos contempla maravillado desde uno de los bancos verdes aledaños. En la distancia, veo surgir la figura esbelta, de Lautaro, algo desgarbada por su adolescencia. Nos sonríe. Hijo, llévalos un rato a los juegos, le pido con la intención de descansar un poco. León pasa volando detrás de mí y los sigue. Mis cuatro razones de vida, no los pierdo de vista. Pablo lee su revista recostado sobre el viejo ombú. Sé que, aunque no mire, también está atento a los pequeños. Me siento a su lado sobre el pasto fresco. Su perfume me invade y lo beso dulcemente, mientras le susurro en el oído, te amo.


Relato basado en la variación 1 

Es un día precioso. Dos niños casi idénticos juegan al lado de su mamá. Supongo que lo es, porque le revolotean al lado y ella les habla paciente. Solo una madre puede tener una paciencia tan incuestionable ante dos gemelos escurridizos. Uno de ellos intenta que le dé algo que guarda en su bolso. ¿Un caramelo? Quizás. Adelante otro niño mayor corre en su ayuda. Se parece bastante. El hermano mayor, sin dudas. Sus ojos tienen un bello destello verde. Les sonríe divertido. Escucho que la madre le pide que los lleve hasta los juegos. Un cuarto niño de mediana edad sale disparado detrás. Cuatro hijos, vaya trabajo. La mujer los contempla sin perderlos de vista a la distancia. Se sienta al lado del hombre barbudo que lee recostado sobre un árbol. Lo besa dulcemente.

Me levanto del banco verde. Está sucio con caca de paloma. Qué más da. Me alejo de ellos, del parque, del sol radiante. Pienso en ella. Amanda estaría encantada con una familia voluminosa. Le gustaba ocupar espacio. Por muchos años la dejé adueñarse de mí. Esa sonrisa tan suya. Te encandilaba. Te convertías en plastilina en sus manos. Ella te moldeaba al despertar, de mil formas.

Entro a casa esquivando libros, lápices y juguetes. Mi mujer está cocinando. El olor a pollo se cuela por el pasillo. Le encanta el pollo, a la niña también. Debería haberla llevado al parque conmigo. A veces mi egoísmo me gobierna. Esa maniática necesidad de mi espacio. Quizás producto de años siendo invadido por Amanda. Ahí está ella de nuevo. Ocupándome.

Escucho sus pasitos corriendo a recibirme. Me abraza. Me muestra su oso Felipe, le falta un ojo. Prometo arreglarlo rápido, no lo haré nunca. Me conozco. Mi mujer nos avisa que pronto estará el almuerzo y la niña corre a sentarse en su silla.

Yo sigo mi camino hasta la habitación. Mi mujer es lo opuesto a Amanda. Ella no necesita hacer ruido para vivir. No necesita abrirse un hueco en tu pecho para que la quieras. Ella simplemente está. El que no estoy, soy yo. Amanda se olvidó de devolverme.

Me lavo las manos minuciosamente. Contemplo la imagen de la persona que soy. Nada de barba. Tampoco me gusta leer. No soy él, el hombre del árbol. Por un segundo me gustaría.

Comemos el pollo. Un día de estos debería decirle a mi mujer que odio el pollo. El pollo me recuerda a Amanda. Ella quería tener una casa en el campo, ser libre, me decía adormecida entre mis brazos.

La televisión está encendida. La niña ríe con los dibujos animados. Al escucharla vuelvo a la vida. Mañana iré con ella al parque. Llevaré caramelos en mi bolsillo por si me pide uno. Iremos con Felipe, el oso tuerto. La hamacaré hasta que llegue a rozar con sus piecitos el cielo. Mi mujer podría acompañarnos. Podríamos ser nosotros los que seamos observados por el hombre del banco verde. Otro que vague por este mundo pensando en ella. En su Amanda.

 


Copyright©Laura Ferreyra

Febrero, 2017. Todos los derechos reservados por el autor