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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la escritura literaria

 

(TIEL) Módulo X Pasajes y fronteras

Consigna veinticinco beta Escribir un relato a partir del siguiente argumento: Una mujer vieja y sola, internada y a punto de morir, desea que vaya visitarla el hombre al que ha amado siempre y que hace años que la ha dejado. El hombre llega, la toca, la acaricia, la ama. Al final, el lector descubre que ese hombre era en realidad un médico que ha hecho algunas manipulaciones con la mujer agonizante, y que le cierra los ojos porque acaba de morir.

 

LA DESPEDIDA 

Eran pocos y muy breves sus momentos de lucidez. Y cuando los tenía, se daba cuenta de que mucho más breve era el tiempo que le quedaba en este mundo. Era entonces cuando volvía a perderse en el laberinto de su mente. Allí se sentía segura. Revivía el amor de ese hombre que hacía muchos años ya se había ido para no volver.

Sus hijos la visitaban de vez en cuando, pero ella prefería ya no recordarlos, era revivir el momento en que se había quedado sola con ellos.

Pero esta vez era distinto. Necesitaba verlos y pedirles ese último favor antes de partir: volver a ver a su esposo.

Esa semana se lo pidió a cada uno de sus hijos cuando la visitaron, y todos le dijeron que hablarían con él, que lo traerían. Pero ninguno cumplía con su último deseo.

Una noche, ya tarde, abrió los ojos y lo vio. Estaba allí, parado junto a su cama, observándola con una expresión triste y melancólica. Ella le tendió la mano y él  la tomó cálidamente entre las suyas. Hablaron mucho, él le pidió perdón, no supo justificar su abandono, pero le dijo que la seguía amando, que la necesitaba.

Para ella, ése era el mejor regalo que la vida podía darle, justo antes de partir.

Su mano, pálida y temblorosa, acarició lentamente el rostro de ese hombre que volvía arrepentido. Se quedaron en silencio, acariciándose mutuamente. El perdón estaba implícito.

De pronto, ella sintió que era el momento de partir, pero no quería hacerlo sin que él la amara una vez más. Y él no pudo ni quiso negarse. La amó, como antes, como siempre. Pero ella ya no sentía, había dejado de respirar…

El médico se incorporó lentamente, acomodó su ropa y le cerró los ojos, con la misma mano cálida que minutos antes la había acariciado...

Hora de la muerte: 3:00 a.m.


 

Copyright©Mar de Alas

Enero, 2017. Todos los derechos reservados por el autor