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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la escritura literaria

 

(TIEL) Módulo X Pasajes y fronteras

Consigna veintitrés alfa Jugar con el punto de vista o focalización y con el saber del narrador. Estos recursos suelen ser de vital importancia en muchos relatos de pasaje, como en todos los incluidos en este módulo. Imaginar la descripción de un canguro, un oso hormiguero o un ornitorrinco realizada por el cronista de un viaje a las Indias Orientales durante el siglo XVI.  Extensión máxima: 1 página

 

ALGO INCREIBLE


Navegábamos hacia el poniente, en una ruta tan alucinante como imprecisa. Solo conocíamos los  relatos de algunos osados e impertinentes marineros que se prestaron a la  aventura. Nosotros a la orden de la Corona, atravesamos ese mar tan cruel, cargado de leyendas y de oscuridades, para llegar a nuestra meta. La humanidad seguía creyendo  en  esos espantosos relatos, muchos de ellos fueron un obstáculo para llegar a un nuevo lugar.

Urdis, que timoneaba la barca, tomó un derrotero ya conocido en nuestros portulanos, era la ruta del almirante genovés que había avistado nuevas tierras. Días, noches de tormentas y cielos cerrados nos alcanzaban a diario. Las estrellas se habían vedado a nuestro paso. La guía se hacía tan ambigua como indeseable, salvo que  atravesar los  Sargazos... era ¡tan de intrépidos como codiciosos! En esa meta nos propusimos avanzar, ir más allá de sus viajes: debíamos hallar el continente.

En una  mañana  soleada y muy calma, nos atascamos.  Urdis  me dijo que no  podíamos continuar, algo muy grande  ataba la embarcación  y no lograba salir de allí. Todos los relatos conocidos invadieron mi mente: los monstruos que devoraban los barcos, los mares desconocidos y hostiles, las rutas que podían bifurcarse en medio de una gran mar... y yo que debía cumplir las ódenes.

Toda la tripulación puso sus manos para salir de allí. ¡Cosa increíble! -me dijo Urdis... ¡almirante, Ud. no creería ésto!. Me Puse en la proa y avisté con gran asombro, los colores debajo nuestro, asimilaban circunferencias tan oscuras como alarmantes. Gigantes tentáculos dispersos entre  las aguas nos encadenaron como redes  entrelazadas, impidieron  nuestro movimiento.

Los marineros desesperados querían huir. Algunos comenzaron a arrojarse, parecían ser devorados, el horror se apoderó de  todos nosotros.  Yo con la espada en mano aguardaba ver la cabeza o la cola del monstruo, tan profundo, tan incierto como devastador.  Un tentáculo verde asomaba casi sobre la línea de flote en dirección a nosotros.

Mis oficiales y yo lanzamos nuestras espadas. ¡cosa increíble!... Urdis lo había dicho: impenetrable, oscuro y tenebroso era el Mar de los Sargazos. Mientras tratábamos infructuosamente salir de allí, la espesura de las algas nos sumergía, en un anochecer muy lejano al poniente.

 


Copyright©Alicia Jadrosich

Enero, 2017.  Todos los derechos reservados por su autor