Trabajos de taller

Glosario de términos

Buscar

Seguinos en

  • Taller literario online La Argamasa en facebook

“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la escritura literaria

 

(TIEL) Módulo XII El archivo del escritor

Consigna trece Escribir un relato a partir de una frase que provenga del discurso histórico, una frase hecha del tipo de las que se transcriben a continuación y de las que ya no sabemos si se dijeron o si son un mito o una invención, pero que siempre se las repite refiriéndolas a la relación entre una situación actual y una remota o descontextualizándolas. O bien escribirlo a partir de una imagen histórica fuertemente convencionalizada. Extensión máxima: 4 páginas.


Imagen: José de San Martín niño junto a sus padres y hermanos viajando en barco a España.


LA VOZ QUE LLAMA

Raza del guayakí
la selva no te ha olvidado, 
tu alma guaraní 
perdura en el sueño amado 
y desde el verdor del monte natal 
la brisa sutil del tiempo estival 
nos vuelve a traer tu voz secular...

“Alma guaraní”. Fragmento

 

José se mira en el espejo una y otra vez, buscando algún parecido con sus hermanos mayores. Se friega la piel mientras se baña en la tina. Intenta quitarse el color que con tanto amor le explica Rosa que es tan sólo un poco de tostado por el sol caliente de la siesta. La de sus padres y hermanos es pálida, se ven las venas. Hacen un juego de engamado perfecto con el azul de los ojos y variopinto en rubio de las melenas ensortijadas. Son calcos de Don Juan de San Martín.

La suya, en cambio, tiene un matiz como la tierra, amarronada, que no revienta en manchas púrpuras con las picaduras de la infinidad de insectos, que son dueños del ambiente. Su piel soporta estoica el veneno. Como si estuviera inmunizada. Como si los conociera de siempre, desde antes de nacer. Sus ojos negros profundos se acercan un poco al matiz de Doña Gregoria, pero parecen tener otra hondura, de otros tiempos. 

Rosa Guarú no difiere del resto de los pobladores de la Misión recientemente abandonada por los jesuitas, expulsados por la osadía de construir un imperio económico nativo. Habla perfectamente guaraní, español y latín. Canta con esa voz melodiosa que el Tupá Dios parece haber dispensado sólo a ellos. Es la niñera, sí. Pero no es esclava. Los guaraníes no lo son, nunca. Altivos, trataron como iguales a los españoles. Compadre, hermano, jamás jefe. Hay algo de superioridad natural en la raza que a veces engendra dioses hombres.

Don Diego de Alvear y Ponce de León pasa varios meses por año en la casona San Martín en Yapeyú, embriagado por la visión de un Edén alcanzable. Una fábrica artesanal de violines, arpas, clavicordios. Sus cuerdas armonizan con las voces, silenciando en cada atardecer los chillidos de la selva. Bajo sus estrellas, Rosa Guarú narra las primeras bellas palabras en los oídos del niño. Las historias de los hijos de Tupá, los dueños de la tierra, peregrinando en ella, purgando los males en busca del mágico lugar en que serán inmortales, allá, hacia el poniente. Hombres dioses del color de la tierra. Rosa Guarú canta leyendas de perseverancia, sacrificio, coraje y fuerza espiritual. Canta la búsqueda del alma animal que marca el temperamento y guía hasta hallar la plenitud. José sueña con una enorme ave oscura que vuela en círculos, por encima del viento. Un ave soberbia de mirada penetrante y dura. Con una protuberancia sobre el pico semejante a las curvas de su propia nariz. Un ave que aún no conoce, pero que ya está en su esencia.Los bandeirantes portugueses atacan y destruyen la Misión. Los fuegos consumen piadosamente los registros de su nacimiento. José, con cinco años, se sujeta a la baranda de un barco que lo aleja de Rosa, quien se aferra a la promesa de que un día volverán a buscarla. 

Alvear, el noble ibérico de nariz aguileña, se ocupa de todo. Incluso del necesario retorno de la familia a España. José observa alejarse la costa que canta en las tardes. Inicia así, tan pronto, su peregrinación de purificación en la que necesitará perseverancia, coraje, fuerza espiritual y un amigo, Carlos María de Alvear, también nacido en las Misiones, quien sacará la espada contra aquellos que se dignen llamarlo Cholo en su presencia. Rosa Guarú entona las primeras bellas palabras a otros niños de su vientre. Y espera a aquel que es el primero.

Rosa Guarú canta. Y su voz rodea los mundos para susurrar al oído de José: hombres dioses del color de la tierra. Elévate. Levántate. 

No morirá sin verlo. Casi ciega, la apostura del paisano de poncho canela, botas, pañuelo y sombrero claros le es inconfundible. Él volvió a Su Madre. A esta tierra envilecida para ayudarla a caminar hacia su gloria: hombres libres por derecho propio, habitando un espacio sin mal por la fuerza del sacrificio. Yvy Marã (1) , el que nos lleve a ella ha llegado.

José va al encuentro de su alma, allá al poniente, a la inmortalidad del Ande. Lo siguen estoicos guerreros de su raza fogueados en luchas centenarias. ¡Mil veces muertos que vencidos!

Blanqueada su piel en los retratos, los artistas parecen darle el gusto al niño que quiere parecerse a sus hermanos. Del hombre que fue, ocultaron su origen, que es sólo uno: la selva y la tierra americana.

Desde Aguapé, en su tumba humilde y escondida, Rosa Guarú entona palabras de consuelo a los tapes guerreros que murieron en las islas perdidas en el hielo. Estirpe sanmartiniana la custodia. Ellos oyen la voz de quien los llama, acunando canciones en el sueño.  


Grazna el ave su quejido al sol. 

Se lanza con las garras desplegadas, 

de acero muestra su plumaje, 

concéntrico su vuelo incontrastable.

Desgarra el cielo en círculos de muerte. 

Su presa no lo aguarda. 

Nada detiene la carga desatada. 

Es Él quien manda.

El sol limpia la sangre.

La nieve cubre restos.

Es límpido el aire que amanece.

Es otra la Patria desde entonces.

El cóndor vela el paso.

Queda Él erguido en las alturas.

Su mirada feroz nos interpela.

A creer en la paz como bandera.

Tu figura, San Martín,

se reitera eterna desde el Ande

sombreando la pampa en cada tarde.

Tu vozarrón de combate

eriza la piel desde las tripas.

Nos llamas con tus sables en el aire

desde todas las plazas a seguirte.

Yvy Marã .

Ese es, junto a ti, nuestro estandarte.

 

 

(1) Yvy Marã: leyenda del Territorio sin Mal. Cosmogonía esencial guaraní de la peregrinación fáctica y del alma hacia un lugar sin enfermedades, ni odio, ni dolor. Algunos consideran que es eterno y celestial. Otros que se halla en este mundo. La mayoría de las tribus guaraníes la creyeron allende el mar al naciente. Otras la buscaron a los pies de la cordillera andina, y en el centro de la tierra.

 

 

Copyright©Delia Plazaola.

Diciembre, 2016. Todos los derechos reservados