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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la escritura literaria

 

(TIEL) Módulo IX Una escritura palimpsestuosa: consigna veintidós beta

Consigna veintidós beta A lo largo de un relato en primera persona, diseminar alusiones y citas pertenecientes a “El matadero” de Esteban Echeverría y lograr que esas referencias intertextuales cobren obren sentido a partir del efecto final, donde se evidenciará explícitamente el vínculo entre el nuevo relato y el mencionado cuento, tal como hace Borges en “Biografía de Tadeo Isidoro Cruz” o “El fin”.


LA OTRA TIERRA


Dispuesto a encontrarme con  Julián antes del mediodía, tomé mi caballo y salí muy temprano de la estancia.  Tenía que hacer más de  diez kilómetros para  llegar a la ciudad. No tenía más remedio que atravesar esos caminos pantanosos y anegados,  sobrepasados por las lluvias copiosas  de los últimos días.

Cabalgaba pensando en todo lo que tendría que atravesar hasta llegar al sur, allí sí que era otra tierra. Sabía que al cruce me iba a encontrar con los laderos del gobernador, esos fanáticos que tiñeron todo  de rojo carmesí.  A mí… ¡qué no me vengan más con el cuento de que es un ilustre restaurador!  Él se rodea de serviles, de gente que se les asocia por miedo y para protegerse se ponen una cinta en el brazo.  ¡Todos ellos perdieron sus ideales!

Mientras atravesaba con cautela esas calles adoquinadas y barrosas,  recordaba cada paso del plan que habíamos trabajado con Julián, él conocía mucho más que yo la ciudad. Podía ver a diario el rostro de los mazorqueros actuando, por eso me pedía siempre cautela y prudencia.  Pero yo  soy de los que conocen muy bien a Don Juan Manuel,  porque todos sus negocios los hizo en la campiña y de allí sacó gran parte de sus aliados.

Llegué a la esquina del farol principal y escuchaba las voces de los fanáticos gritar:  ¡viva la santa federación!... se me retorcían hasta los huesos. Avancé unas cuadras más y el fango me hizo esquivar por la playa detrás del matadero. A pocos metros mi caballo comenzó a trastabillar y largó un fuerte resoplido. No sé cómo caí; quedé tendido sobre el  lodazal,  apena si me pude poner en  pie,  cuando dos o tres federales ebrios,  me arrastraron como si fuera una bolsa.

Cuando me pude incorpora, estaba dentro del mismo matadero, el lugar de todos esos bravucones y malechores  que destruyeron la patria.  Los escuché mofarse de mí y llamarme  “copetudo unitario”. El juez,  que tenía unas cuantas copas puestas,  prendió un cigarro  y me miraba con  gran altivez.

El otro, el que tenía el ojo tapado,  que le decían  el “matatodo”, parecía un gigante en medio del resto, pero bastante torpe en sus movimientos. Un fuerte dolor aquejaba mis piernas que estaban entumecidas por el golpe. El juez quería interrogarme, le dijo al “matatodo” y a los otros que empezaran con la pinza.    Les dije que venía a ver a unos amigos.  Se mofaban y me ridiculizaban. Yo lo miré al juez, le pedí que actuara en justicia y las burlas fueron mayores. No me achiqué, les predije que tenían sus días contados, que en breve estas pampas iban a conocer otro destino.

Mis palabras no cesaron, les recordé  el latir de  todos los exiliados, pero ellos no escuchaban. La furia y el alcohol los sacó de sí. Con la pinza empezaron contra mis pies y mis rodillas. Yo me mantuve sin gritar. Pensé vagamente que Julián me estaría esperando, ¡nos quedaba tanto por hacer!

_ ¿Qué tenés para decirnos traidor vendepatria?  Ya sabemos con quienes te ibas a reunir… solo queremos que nos tires algún que otro chisme… al brigadier le gustan las noticias frescas.

Dos de ellos salieron, al rato escuché unos disparos afuera y el resuello de mi caballo. El “matatodo” se distrajo por los ruidos. Ahí me aproveché, le gané de mano y le saqué el cuchillo de su cintura. Antes d dee que reaccionara, le clavé la puñalada en el  estómago. El chorro saltó sobre la cabeza del juez. No pudo ser de otra manera, el rojo punzó ahora le pintaba  su rostro.

 

 

Copyright©Alicia Jadrosich

Diciembre, 2016.  Todos los derechos reservados