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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la escritura literaria

 

(TIEL) Módulo VII Tiempo y narración

Consigna diecisiete gama El texto leído es una adaptación de los fragmentos finales de “La marca de nacimiento”* de Nathaniel Hawthorne. A partir de esta escena final imaginar los antecedentes del suceso y escribir un racconto. (Extensión máxima: 2 carillas).

*Luego de realizada la consigna, puede leerse la versión completa del cuento.


SORTILEGIOS


¿Cómo no disfrutar de su estridente caída?  Tanto los de Occidente como los del  Oriente  no fueron más que soberbios y aguerridos hombres que creyeron en un imperio eterno.  Desestimaron la ciencia y el conocimiento  por  regadíos de sangre. ¿No leyeron que el mundo quería otras cosas?

 

Al Karif con una ligera y suave sonrisa triunfadora,  pensaba en lo que le dejaría al mundo. Él no hablaba de tierras ni dominios, de batallas ni dioses. Su pensamiento atravesaba las fronteras del mundo conocido, en su imaginario soñaba con otro tipo de conquistas.Todos los días trabajaba arduamente en su taller. A veces parecía haber encontrado el elixir tan preciado  y otras, las muchas,  los fracasos lo abrumaban  hasta el desaliento.

Dispuesto a no renunciar sus sueños  y ya muy entrada su madurez, incorporó al joven Lamei como su discípulo. La medicina y sus empirismos les llevaban largas horas diarias. Un día casi celebran la fórmula; descubrieron un aleatorio teorema de exponencias. Lanzaron sortilegios entre aire, tierra, fuego, agua y éter. Todavía no habían alcanzado sus objetivos.

Algo agotado y fatigado, Al Karif decidió suspender por un tiempo sus ensayos. Lamei insistía en que encontraría la fórmula  que lo salvaría de su enfermedad.  La vida del joven discípulo se iba desvaneciendo con el paso del tiempo. Sus brazos se hinchaban y la comezón lo paralizaba.

Eran tiempos de oscuridad,  donde la ciencia perdió sus principios entre los arcanos del destino: fueron guardados celosamente entre los silencios del poder. Pero ellos, estaban decididos a deshacer todo hermetismo.

Lamei insistía en su propósito, sabía de la vejez y el cansancio de su maestro, pero no se rendía.   El discípulo  confrontó algunos escritos, no pudo  avanzar más allá de lo conocido. Sus  días se  turbaban más y más  por el avance de la enfermedad. Pensó igual  que su maestro: el mundo merece algo más que sangre e imperios. 

Una noche, ya sin fuerzas y vencido por el cansancio, se dormitó. El éter bajo la nueva fórmula... comenzó a fluir con tanta energía que desbordó el frasco.  Lamei temió, y hubiera querido que ese amanecer Al Karif lo acompañara. Se apretó con fuerza sus brazos, se reconoció sin fuerzas. Desvaneció y la energía fluyente del éter quebrantó las paredes del taller.   No supo cuánto tiempo permaneció así.

Lo despertó Al Karif, que apenas podía sostenerse entre bastones. Observó la energía, supo que habían llegado al acierto, pensó haber encontrado la cura para  Lamei. Solo faltaba un paso: la fermentación. Lo sorprendió sobremanera el avance de su discípulo. El progreso de su mal los arrojó, casi sin salid, hacia la experimentación.

Poco tiempo había transcurrido y Lamei hasta pareció rejuvenecer, sus brazos limpios, su cuerpo íntegro, no había quejas de dolor.  La fórmula fue el sortilegio que el mundo esperaba: ¡Tenemos la ciencia, mi querido Lamei! ¡Todos nos recordarán, y tú mi fiel amigo, tú llevas su sello en tu cuerpo!

Dispuesto a dar a conocer sus resultados, en un breve tiempo Al Karif,  comenzó a sentir una picazón algo extraña  en sus piernas. Pensó en la vejez, en el cansancio y el desgaste de su vida.

Maestro, ¿celebramos la caía de los guerreros? O... ¿brindamos por el mundo de las ciencias?

Una ligera y suave sonrisa despidió el rostro de Al Karif de su discípulo, supo casi con certeza que había atravesado  una frontera.


 

Copyright©Alicia Jadrosich

Octubre, 2016.  Todos los derechos reservados