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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la escritura literaria

 

(TIEL) Tiempo y narración

Consigna diecisiete beta Amplificar las dos historias y contarlas según la técnica temporal de la “alternancia” de modo tal que cada una de ellas desarrolle una de las versiones del sueño Chaung Tzu  (Extensión máxima: 2 carillas)


EN LA ALTURA


Todas las mañanas Ensi salía de su pequeña casa en la aldea, con rumbo hacia el templo. Lo hacía muy cerca del alba, sabía que  al atravesar el  camino,  vería posarse sobre la cúspide de la montaña al águila más grande.  Pasaron muchos años en que Ensi y ella intercambiaban rutas, él desde la tierra y ella en las alturas.

Su tarea era  la construcción de la ciudadela. Piedra sobre piedra en medio de  caminos selváticos y así lograron hacer una ciudad fortificada.

Sentía pasión por las águilas. Ensi era un perfecto conocedor de la rutina de los depredadores y de sus  hábitos. Sabía que  en determinado momento de sus vidas  todas ellas debían someterse a un proceso de renovación,  era una cuestión vital para la especie.

En esos días, observó que su águila compañera  tenía el  vuelo  más lento y el color de sus plumas más agrisadas. Cada tanto el ave focalizaba su mira  en el paso de Ensi;  desde su máxima altura veía un templo casi en su esplendor,  un pueblo de muchas gentes.

Una tarde, siendo aún de día,   Ensi frenó la marcha.  Sentía que el cansancio lo vencía y se detuvo  bajo un árbol. La brisa de la primavera le daba la frescura que tanto ansiaba. Bebió agua del río y comió unos frutos. El águila volaba en semicírculos y ascendía,  entonces advirtió que ya había tenido su presa.  Después la vio juntarse con otras y al rato emprendieron un vuelo tan alto  que su vista no pudo alcanzar.

Comenzaba a oscurecer y se aquietó frente al entorno; el sueño lo venció y se entregó al letargo de la noche. Empezó a  verse sin su cuerpo, elevándose por la montaña joven, parecía ascender a un ritual sagrado de hombres y aves. No pudo comprender en   qué momento la ceremonia logró envolverlo.

Era el nido sagrado de las águilas y él  estaba iniciando  el  rito.  Se vio con unas enormes alas agrisadas extendidas. Sus garras partidas e inseguras. No lo dudó: buscó la pared más firme de la piedra, comenzó a golpear su pico hasta sangrar. En el sueño  no lograba entender el dolor de la vida. El resto de las aves permanecían expectantes en la cúspide.  

Ensi se miraba y buscaba sus pies, quería tocarse y no podía. La sangre brotaba del desgarro de su boca, no podía gemir ante el dolor. No podía gritar en la desesperación.  Hubiese querido correr y tampoco tuvo fuerzas. Ensangrentado comenzó a girar  con lentitud en pequeños círculos.

¡Un salto, se dijo, es la altura, podré volar!... ¡sí , aunque sangre,  podré hacerlo!

Desplegó sus alas, sentía la caía libre desde la cima y el placer  del  vuelo de  estar en lo alto, casi acariciando el cielo.  Un  fuerte viento  lo sacudió, tanto,  que despertó.

Despertó allí, abajo del  árbol, con  una gran  agitación en su pecho,  intentó pararse.  Miró los pelos agrisados en su cuerpo,  tocó su boca, la sentía extraña y lejana, como si desprendiera  carmesíes. Sus pies cuajados por los años, se veían rapaces.  Siguió con más cansancio el camino hacia la aldea, algo absorto y confundido no supo quién era.

Mientras se alejaba de la selva miró al cielo, no vio al  águila compañera de ruta.  Pensó que quizás la imaginó toda su vida. A pocos pasos de la aldea volvió a mirarse y entendió  que la tierra no le pertenecía.


 

Copyright©Alicia Jadrosich

Octubre, 2016.  Todos los derechos reservados