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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la escritura literaria

 

(TIEL) Módulo VII Tiempo y narración

Consigna diecisiete alfa Reescribir esta historia comenzando por el final y reconstruirla seleccionando una serie de escenas claves que se narren repetidamente desde diversas perspectivas, tal como hace Faulkner en Mientras agonizo y ¡Absalon, Absalon! (Extensión máxima: 3 páginas).


PAGINAS SOMBRÍAS


Así fueron sus últimos días, abrazado por la enfermedad y con altas temperaturas, tratando de llevar a cabo su misión hacia  Gran Bretaña. En la madrugada del  5 de marzo,  falleció  casi inexplicablemente;  dejando un mar de sospechas.  Su cuerpo fue envuelto en una bandera foránea y arrojado cerca de las costas de Santa Catarina, muy lejos de arribar a destino.

Para entonces, Mariano había marchado en la gloria de los héroes que despliegan su valentía empuñando la pluma y el papel. Fue un hombre de letras y páginas abiertas, a veces sombrías  y también temibles para sus compatriotas.

Su hermano Manuel  y Don Tomás  lo habían acompañado en aquel viaje, que nunca imaginó, sería el último. Manuel guardó cada una de las cartas de  Guadalupe.  Lamentó con profundo dolor que no hubieran llegado a tiempo. Fue el primero en leerlas y meses después poder comunicarle a su cuñada aquel fatídico hecho. El ideólogo revolucionario   se perdía en la inmensidad  de las aguas.

Cosa increíble del destino o de la patria,  Mariano  conoció a Guadalupe  a través de un  relicario,  en el escaparate del platero más famoso de Chuquisaca.  El joven  no hizo más que preguntar sus datos e ir corriendo hacia ella. Fervoroso y apasionado como en su causa,  logró enamorar a una niña de a apenas quince años, casi entrada a los pies de un convento por imposición de sus padres.

Buenos Aires los vio  llegar con su pequeño hijo, Marianito, cuando aún no se habían gestado los días de la libertad para el Río de la Plata. Años de insoslayable  fatiga los involucró en la causa revolucionaria y  ella lentamente empezó  a perderse entre sus propias sombras. A veces parecía migrar como un espectro en el sopor nocturno.

Sus criadas decían que muchas veces solo quedaba en su lecho una imagen apagada de sí misma, tendida y casi sin aliento a  la espera de su esposo. Como si le hubiera sido posible escindirse entre el día y la noche.  Ellas sabían muy bien sobre la corazonada que guardaba con tanto celo y que tanto la acongojaba.

Pero ellos  no pensaban igual, él y los otros compatriotas estaban preparando el gran golpe contra los moros, no hacían más que proclamas y reuniones para lograr la libertad.

Al fin  había llegado el día tan ansiado, el pueblo en las calles, los agitadores en la plaza, un cabildo que abría sus puertas y se avivaban las voces contra el virrey. Guadalupe calmaba su ansiedad jugando con el niño y distrayendo sus palpitares. La frescura de esa tarde de mayo trajo una enorme felicidad  a la colonia.

Mariano escribía, planificaba y redactaba, era el fiel secretario de una revolución en marcha, de un mundo nuevo para un joven continente.

A escasos meses, el viaje; la tristeza de Doña Guadalupe se acrecentaba, como si aguardara un mal presagio. Turbada y confundida recibe un  ajuar de muerte.  No lo cree, lo rechaza y escribe su primer carta, la segunda y luego las otras.

Los meses sin respuesta empañaron su vida. Sobre la mecedora  en su jardín ve pasar  a los amigos de Mariano, entonces recuerda la libertad... las páginas abiertas,  algo sombrías y temibles de Moreno.

 


Copyright©Alicia Jadrosich

Octubre, 2016.  Todos los derechos reservados