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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la escritura literaria

 

(TIEL) Módulo V Oralidad y escritura 

Consigna doce beta: Seguir los siguientes pasos y elaborar un relato tal como lo indica el punto “d”.

a.  Personaje: un delincuente perteneciente a las clases populares

b. Ficha con datos personales, como así también costumbres, gustos, características.

c.  Convertir a ese personaje en narrador de una historia.


FICHA

Nacionalidad: argentina

Edad: 26 años

Estudios: primarios.   Segundo año secundario, escuela nocturna.

Estado civil: soltero

Características: buena presencia, manejo del lenguaje, no se emborracha ni se droga.

Sabe obedecer órdenes. Respeta a sus jefes.

Es frío, calculador, rápido para tomar decisiones difíciles. Es astuto y sabe actuar con rapidez. Amante del dinero.


¿POR QUÉ A MÍ?


¡Qué noche!, no pude dormir, se me cerraban los ojos y volvía a abrirlos porque las imágenes se aparecían  sin buscarlas. No es fácil deshacerse de  un tipo, aunque eso forme parte  de tu vida. Mi vida, ¡qué joder!, fue siempre una larga serie de hechos  embarrados. Mi mundo se mueve sobre dos ejes: obedecer sin preguntar y recaudar guita, como sea. En el mundo del hampa, el pez gordo se come al flaco, la traición se paga con la vida, hay que tener el oído atento y los fierros aceitados para no fallar.

Soy joven todavía, no un pendejo, porque esos se desgracian al primer contratiempo. Tengo escuela, y cuando digo escuela, hablo de la universidad de la vida. Por la gayola, no pasé nunca, pero conocí muchos monos que se  las saben todas. Con ellos se aprende lindo.

Mi trabajo consiste en ajustes de cuentas para los capos. Hasta ahora me ha ido bien. Soy un  masculino con historia. No tengo mala pinta y eso vale para laburos calificados.  Hice la primaria, un poco de la secundaria  y mi entendedera funciona bastante bien, tengo buena memoria, podría decirse que soy una verdadera computadora para archivar datos.

Me llaman el árabe, por los ojos oscuros, pero nací en Barracas al sur, como dice el tango. Hablo bastante bien, puedo pasar por un tipo finoli, cuando me empilcho. Eso sí, pocas palabras para no meter la pata. No me violento por nada, soy frío  y duro. No tengo ataduras, soltero sin pareja fija, vivo con mi madre, porque eso viste.  Respetado en el barrio, nunca entro en líos con conocidos. Para ellos soy un muchacho serio, cariñoso, que trabaja en algo que no pueden determinar y que por suerte, no imaginan. No tengo señas particulares, visto con discreción, no me chupo, no estoy con la falopa, eso lo dejo para los giles que no llegan a nada.

A qué viene todo esto, viene a que por primera vez no dormí bien después de hacer mi trabajo  y eso me preocupa, es como un mal augurio.

Espero con ansiedad el diario, lo hojeo de apuro, no hay novedades, claro, es muy pronto, fue ayer por la noche. Enciendo la radio, a la espera de las noticias y tampoco se menciona al muerto. Me levanto, me visto  y mientras desayuno con la vieja, enciendo el televisor. Nada todavía. De pasada compro distintos diarios en diferentes kioscos. Voy, como todos los días, para la oficina del capo, a informar y a esperar órdenes. Paro antes entro  en un bar, ahí me chupo una ginebra. Ahora sí, en la pantalla del televisor aparece con grandes letras rojas: CRIMEN DEL ESCRIBANO.  A continuación, el locutor, con voz de drama y música patética, informa que en la calle Costa Rica y Gurruchaga, en pleno barrio de Palermo, apareció el cuerpo de un hombre de unos cincuenta y cinco años, muerto en la vereda, aparentemente, de un balazo en el pecho.

Estatura mediana, cabello oscuro, vestido con traje gris, camisa blanca teñida en sangre, corbata roja, a metros de una playa de estacionamiento. Fue inmediatamente identificado, porque tenía los documentos en el bolsillo del saco. Solo le faltaba el reloj, un Rolex de oro, según declaraciones de la mujer, una rubia medio desteñida que lloraba ante la pantalla.

Daban a continuación el nombre del muerto, su filiación y el domicilio a unos metros del lugar. Según los dueños de la playa había dejado su auto, un Honda plateado, a las dos en punto de la madrugada.

Cuando terminé de escuchar estaba temblando, yo que soy de acero. No podía ser, tenía que haber un error. ¡Suerte de mierda la mía¡  Yo estaba en ese preciso lugar a la hora exacta, con chumbo en mano. Quería terminar con la vida de un maldito traficante, que nos traicionó. Reunía exactamente las señas del ahora finado.

Me dijeron que siempre llegaba puntual, y cumplía con la misma rutina, pero ese día se demoró.

El auto era el indicado. Me mostraron una foto, pero en la oscuridad no pude verlo bien y como todo coincidía, avancé hacia él, le apunté al pecho y disparé. No hubo  ruido, por el silenciador.

Como hago siempre, uso guantes para que no queden rastros, dejo caer  un cigarrillo rubio a medio apagar (yo fumo negros), no toco su ropa ni el portafolio y solo me llevo el reloj para sembrar un poco de confusión.

En la calle no había nadie, volví sobre mis pasos y me fui en el auto que estacioné a la vuelta de la esquina. Crimen por encargo difícil de solucionar. Como el tipo tenía toda clase de enemigos, armarían sin dudas una larga historia de enredos.

¿Y ahora qué hago? El patrón me fusila, seguro que me raja y además me larga duro para que me las arregle si me agarran. ¡Pobre tipo el escribano!, la ligó por estar en el lugar equivocado y a la hora equivocada. Parece que siempre llega temprano a su casa y ese día se demoró vaya a saber por qué.

No sé qué pensar, a lo mejor era un buen hombre o era un hijo de puta, no me voy a calentar por eso. Mi problema es otro, espero el guadañazo en cualquier momento.

Tengo que obrar con rapidez. Ya me tomo un taxi y a la terminal de ómnibus. Pasaje al Paraguay. Sale en una hora. A festejar mi título. ¡Me recibí de boludo!

 

 

Copyright©Hebe Barone

Octubre, 2016. Todos los derechos reservados