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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la escritura literaria

 

(TIEL) Módulo IV  La literatura y los géneros discursivos de uso cotidiano

Consigna diez: Imaginar la siguiente situación: dos mujeres intercambian chismes…

 

TERTULIA


Amiga mía, esperaba este momento. Felicitas despliega su abanico de plumas blancas, su visillo, su reparo.

Manuela la saluda con un movimiento de cabeza y una sonrisa; avanza, ofreciendo a los caballeros la mano enguantada. El moño rojo punzó contrasta con las puntillas de su escote. Acepta una taza de té y sin disimulos guía a la joven hasta unas sillas en el extremo del salón.— ¿Qué nuevas traes niña?

Tatita sabeFelicitas tiembla.

¿Qué es lo que sabe? ¿Cuándo? ¿Cómo? Respira, ordena las ideas, te lo ruego. Que no es cosa baladí y es menester pensar muy bien.

Está bien, Manuela. Ayer mismo, por la mañana, Domitila me anoticia que fue interrogada sobre la entrega de ciertas esquelas en cierta casa.  La mulata asegura que respondió como quedamos.

Continúa niña.

Por la tarde, mi padre envió por mí. Estaban las esquelas extendidas sobre la mesa las que él llamó “insolencias de una señorita descarada” que invita a un joven a una relación nada cristiana. Rojas las mejillas y la mano en alto habló de sorpresa, vergüenza, deshonor.

¿Y cuál fue tu descargo?

Tal cual como ensayamos respondí con la calma que el cuerpo me permitió, le confesé que sabía de sus tratos matrimoniales con el viudo Aranguren, del rechazo que el anciano me produce. Él avanzó hacia mí con ira en los ojos, la mano alzada, a punto de cometer una barbaridad.

Espera niña, que tal recuerdo te ha quitado el color. Toma un sorbo de té, te hará bien. Manuela, con un gesto avisa a la mulata de servicio. La taza de porcelana tiembla en manos de Felicitas.— ¿Puedes continuar?

Sí, amiga, siempre obligada por tus sabios consejos. Verás, pude hablar, con la mirada baja, como quedamos, le recordé que hasta ayer se le escuchaba decir “Felicitas, la luz de mis ojos” y hoy, los deberes de mujer me llaman, me obligan a seguir caminos vergonzosos.

¿Qué hacía él?

Tatita respiraba fuerte como un potro perseguido.

Manuela alisa su falda, acomoda su peinado. Continúa niña, esta es una primera vez de algo, una contienda despareja y valiente. Dime.

Le hablé de Mariquita, de Remedios, de La Perichona, del dolor de vivir obligada y del único consuelo que nos queda, buscar una caricia robada y mentirosa.  Le reconocí la audacia de mis actos, con el solo fin de exponer con toda dureza mi congoja y rogarle que revise su decisión. Felicitas, le dije, no puede ser un regalo para un viejo rico y maloliente.

¡Felicitas! El abanico de Manuela se detiene, cae el moño punzó sobre la falda.  ? Esas palabras no estaban en nuestro acuerdo.

Bien lo sé, Manuela, pero estaban en mi corazón.

¿Y qué hizo tu padre ante tales improperios?

Levantó la voz, señaló la puerta, me ordenó confesión y salió a golpe de tacón repitiendo “¡Habrase visto!, ¡habrase visto!”

Dios mío Felicitas,Manuela enrojece.— Has tomado una plaza. Veremos como sigue, pero habremos de defenderla con heroísmo y resolución, que las batallas intramuros son tan grandes como las de campo abierto.

 


Copyright©Iris Campo 

Julio, 2016.  Todos los derechos reservados