Trabajos de taller

Glosario de términos

Buscar

Seguinos en

  • Taller literario online La Argamasa en facebook

“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la escritura literaria

 

(TIEL)  Módulo VII. Tiempo y narración

Consigna de escritura diecisiete beta: A partir de La noche boca arriba, de Julio Cortázar, escribir una historia y contarla según la técnica temporal de la “alternancia” de modo tal que se convierta en otra versión a la original.

Extensión máxima: dos carillas.


Salió temprano con la idea, anclada en su mente, de dar un paseo en moto. Se dirigió al pasillo donde el portero de al lado le permitía guardar su motocicleta, la sacó, la revisó y luego la montó, como un guerrero monta a su fiel caballo.

Tenía necesidad de huir, de escapar, se sentía perseguido, como una liebre seguida por perros de caza. Se sentía una presa que se convertiría en ofrenda de algún absurdo sacrificio.

Estaba saboreando el paseo, la huída, el escape o como quieran llamarlo. El sol se filtraba entre los edificios, el viento parecía disipar sus pensamientos y, con la mente casi en blanco, comenzaba a disfrutar de la travesía.

Recorría pasajes rodeados de árboles. Los pájaros revoloteaban sobre su cabeza, distrayéndolo cada vez más. El recorrido se iba transformando en un paseo placentero. Nada parecía presagiar lo que estaba a punto de ocurrir.

El trayecto se hacía más y más agradable conforme avanzaba. La calle larga, rodeada de árboles, se le asemejaba a un pasaje a la aventura. ¿Qué peligros le aguardarían más adelante?

Tal vez distraído por el aroma puro y diáfano del día que comenzaba, se perdió tan profundamente en la espesura de sus pensamientos que, a pesar de conducir por la senda correspondiente, no pudo evitar el accidente que lo aguardaba a la vuelta de la esquina. Cuando reaccionó ya era tarde, el chirrido de la frenada se entremezclaba con el grito agudo de la mujer que cruzaba ignorando las señales de tránsito. El impacto fue certero y junto con el choque, perdió la visión.

No supo cómo sucedió, tal vez fue una emboscada. Se sentía confundido, inmerso en una profunda oscuridad. El aire olía a sangre, sabía a sal y presagiaba muerte. Se sentía atrapado, un peso y un dolor muy fuerte le impedían moverse. Se sintió desvanecer.

Cuando volvió en sí, estaba rodeado por hombres que parecían querer hacerlo prisionero, pero sólo intentaban ayudarlo. Sus voces sonaban lejanas e ininteligibles. Cuando pudo reacomodar sus pensamientos, se sintió aliviado de saber que la mujer estaba bien.

Pronto llegó la ambulancia que lo llevaría a la sala de urgencias. Al llegar lo tuvieron un largo rato en una habitación y de allí, a la sala de rayos. Con la radiografía lista, lo condujeron a otra sala.

Casi inconsciente, sintió que lo rodeaban y lo llevaban en el aire, siempre boca arriba, siempre de cara al cielo, como dándole la oportunidad de implorar piedad a sus dioses.

Mientras avanzaban, veía pasar los árboles y los últimos rayos de sol escudriñaban entre las ramas, como luciérnagas erráticas que venían a despedirse. Al llegar a destino, sintió que lo depositaban sobre una superficie húmeda y fría que lo hizo estremecer.

Sintió que unas suaves manos de mujer le acomodaban la cabeza, intentando que la superficie helada sobre la que estaba se sintiera menos sobrecogedora.

Intentó abrir los ojos y, entre las sombras con las que su mente pretendía engañarlo, pudo distinguir a un hombre sonriente, con un objeto brillante en la mano, que le decía que todo estaría bien.

¿Quién era esa figura masculina que se encontraba ante él? Logró abrir los ojos y comprendió todo. Ahí parado, con el puñal en la mano y una mirada impiadosa, estaba el Sacrificador. Se dio cuenta de que había sido atrapado por los aztecas. Ahora lo sabía: el fin estaba cerca.

Sintió miedo, mucho miedo, conocía bien sus rituales. Tal vez fue a causa de ese miedo que volvió a desvanecerse.

 

 

Copyright©Mar de Alas

Junio, 2016.  Todos los derechos reservados