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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la escritura literaria

 

(TIEL)  Módulo VII.  Tiempo y narración

Consigna de escritura diecisiete alfa: La noche boca arriba, de Julio Cortázar. Reescribir la historia comenzando por el final y reconstruirla seleccionando una serie de escenas clave que se narren repetidamente desde diversas perspectivas. Pueden incluirse otros personajes, por ejemplo, los camilleros.

Extensión máxima: tres carillas.

 

Se despertó sintiendo un fuerte dolor en el brazo. Un olor a muerte inundaba el aire. Se esforzó por abrir los ojos. Al hacerlo, en medio de una oscuridad apenas teñida por los ocres de las antorchas, pudo ver la figura ensangrentada del Sacrificador. Su mirada parecía penetrarlo y agudizar su dolor. Todo comenzó a dar vueltas a su alrededor, sabía que había llegado su hora. Apretó los párpados en un intento desesperado de escapar, de evadirse del sacrificio que estaba a punto de ocurrir.

Tomó aire y gritó con todas sus fuerzas, pero una voz lejana lo sacó de su pesadilla.

— Amigo, no grite, es una pesadilla. Seguro que es por la anestesia. Tome un trago de agua y deje dormir.

Abrió los ojos y el Sacrificador ya no estaba. La húmeda cueva había desaparecido, pero el olor a muerte seguía impregnando el lugar. Ahora, boca arriba, veía el techo de la sala, apenas iluminado por una luz tenue y opalina. Respiró hondo. Había sido una pesadilla. Sentía los labios resecos, tal vez por la anestesia. Intentó incorporarse para tomar la botella de agua que estaba sobre la mesita de noche. Pero se dio cuenta de que estaba atado, conectado a una especie de polea y con un tubo que salía de la cara externa de su muslo. El brazo derecho estaba cubierto por una sustancia blanca y dura que le impedía moverlo, por lo que llevó la mano libre a su cuello buscando su amuleto protector. No estaba, ahora esas plegarias que podían sacarlo del mundo onírico que lo envolvía, eran inútiles. Había tenido muchas veces ese sueño, ¿o era éste el verdadero sueño? La realidad se volvía arena movediza y lo tragaba. ¿O lo tragaba la pesadilla?

Cerró los ojos nuevamente, intentando concentrarse para volver al mundo al que pertenecía. Cuando volvió a abrirlos se encontraba otra vez boca arriba, amarrado. Las cuerdas laceraban de tal modo la carne que casi no podía respirar del dolor. Como pudo, con el mentón, intentó buscar su amuleto. No estaba. Tampoco estaba su puñal. Ahora estaba perdido. Cuando los acólitos dejaran de entonar los cánticos que llenaban el aire, vendrían a buscarlo para emprender el recorrido final hacia el altar de sacrificios.

Intentó pensar, recordar cómo había llegado hasta allí, cómo lo habían atrapado. Y el esfuerzo por recordar lo indujo a un sueño más profundo que el anterior. ¿O estaba despertando?

Abrió repentinamente los ojos y se encontró rodeado de caras que le hacían preguntas, se daban indicaciones entre sí y le decían que iba a estar bien. Sintió miedo, por eso se dio cuenta de que era un sueño, en sus sueños siempre reinaba el miedo. Volvió a dormirse con la esperanza de despertar y encontrarse nuevamente en casa.

Un húmedo y terroso olor a pantano lo despertó. El aire olía a guerra, pensó. Recordó porqué estaba allí escondido, en la espesura de la selva: estaba huyendo de los aztecas, que andaban de cacería para ofrendar a sus dioses.

Decidió levantarse y seguir camino, adentrándose aún más en la densa selva, pero sin apartarse de la estrecha calzada que sólo los motecas conocían.

Pero estaba muy cansado y pronto el sueño volvió a vencerlo. Y otra vez la misma pesadilla en la que se veía escapando de los aztecas, montado en un enorme insecto de metal que zumbaba, errático, entre sus piernas. Montado en él recorría extrañas avenidas de una ciudad misteriosa, con luces rojas, verdes y amarillas que centelleaban como luciérnagas diurnas. Y en la mentira infinita de ese sueño, la oscuridad se cerró sobre él. Quedó tendido sobre la calzada, boca arriba, sintiendo en los labios una rara mezcla de sangre y sal. Cuatro o cinco hombres lo rodearon y lo sacaron de debajo de la motocicleta. Le dolía una rodilla y no fue sino hasta que lo levantaron que sintió el dolor en el brazo derecho.

 

 

Copyright©Mar de Alas

Junio, 2016.  Todos los derechos reservados