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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la escritura literaria

 

(TIEL) Módulo IV La literatura y los géneros discursivos de uso cotidiano  

Consigna diez: Imaginar la siguiente situación: dos mujeres intercambian chismes en una peluquería de barrio, mientras se hacen peinar/cortar y/o teñir el pelo. La charla de las dos se mezcla con la enumeración de las acciones del peluquero, llevada a cabo por un narrador objetivo (que se limita a se limita a referir acciones del modo más neutro posible). Utilizando esta idea, escribir un relato en el cual se parodie el lenguaje de las mujeres.

Extensión máxima: 1 carilla.

 


CERDAS

 

Desde mi sillón, al otro lado de los espejos, se me antoja andrógina su flaca figura con el cinturón cargado de tijeras, peines, cepillos. La luz da de lleno sobre el rostro y el cabello cobrizo que levanta, corta y suelta, en una veloz danza de sus manos. Prefiero prestar atención a mi taza de café.

— Es así, es así. No es fácil acostumbrarse a vivir en el pueblo cuando se viene de una ciudad, ¿viste? ¡Y embarazada! Porque está embarazada. Hay que ver si es del marido. Acordate que no duran dos meses casados. Ella no va a aguantar, te lo digo.

 La cincuentona regordeta está retocándose las raíces para mantener el dorado, mientras mueve su cabeza para dar más certidumbre a sus corrosivos dichos que, mientras se derraman, habilitan la apertura desmesurada de ojos reflejándose en el espejo. Me pareció que las tijeras temblaron un momento en las manos de Huguito. — ¿Ah, si? ¿Te parece? No sé. Para mí que están enamorados, mirá que dejar todo para venir a este culo del mundo, a ahogarse de calor y de miseria… no sé… me parece un “contigo pan y cebolla” que se ve poco. ¿No?

— Hay querido, ¡Si no sabré yo lo que es una zorra! Le ensartó un pibe de otro a ese pobre mocoso. Lo debe haber vuelto loquito, por eso se casó. ¡18 años los dos! Una locura – aporta otra lengua, a la conversación, desde una mata de bigudíes, tras la revista vieja.

— Pero… es una chica bien educada, de buena familia, de buena posición ¿qué gana con casarse con este crío sin futuro? Pierde. Por donde miras, pierde.

— Le hubiera convenido abortar no más, antes que venir a vivir en estas condiciones.

 La tijera continúa su rítmico paso dejando el suelo alfombrado en tanto la nuca se destaca, blanca, coronando el cuello encorvado hacia delante, con el remanente de la cabellera cobriza, mojada, tapando el rostro de quien, en silencio, sólo sigue la conversación con un rictus de asco.

— ¿Es lo que vos hiciste? ¿Abortar?

 El odio tiene muchas caras. Como el de la falsa rubia con corona de papeles de aluminio y tintura. No sé de dónde salió la voz, tan suave y segura. Todo se detuvo. Casi vuelco el café.  Ahora podía ver los ojos claros bajo el flequillo cobrizo que sólo sonreían, con una mueca juguetona en sus labios juveniles.

— Y a usted – dirigiéndose a la mujer tras la revista – sabe tanto de casquivanas, ¿por algo en especial? ¿Su juventud o su marido?

— Mabel, te presento a mi prima, la que no va a aguantar dos meses, recién casada y llegada de la ciudad – dice Huguito mientras pasa un cepillo sobre el hombro ya sin capa.

Creo que se podría poner una manzana en cada boca abierta con ojitos porcinos en los rostros abochornados.

 

 


Copyright©Delia Plazaola.

Junio, 2016. Todos los derechos reservados