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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la escritura literaria

 

(TIEL) Módulo I Variaciones

Consigna dos alfa: Inventar una nueva anécdota nimia (siguiendo las instrucciones transcriptas más abajo) y realizar tres variaciones (de extensión máxima: media carilla cada una). Ampliar una de ellas de modo que derive en un relato breve (extensión máxima: una carilla y media).

Enviar al orientador solamente las variaciones y el relato. La anécdota debe ser construida a partir de las siguientes instrucciones:

-que haya un encuentro aparentemente efímero entre un hombre y una mujer;

-que la acción transcurra en un lugar público o semipúblico (una plaza, el baño de un bar, un museo, un hotel, un tren, etc.);

-que haya otro/s personaje/s que mire/n (y/o cavile/n sobre) ese encuentro;

-que haya más de una acción encadenadas lógica y cronológicamente y alguna acción secundaria;

-que haya un intercambio gestual o verbal entre dos personajes (cualquiera de ellos).

 

 

RELATO 1

 

SE ROMPIÓ EL SILENCIO


Un hombre sentado en la barra de un “Pub” espera inútilmente a su pareja. Llega una chica jovencita y le pregunta ¿Estás solo? Ante la respuesta afirmativa se sienta a su lado.

Apoya una mano en su brazo y le susurra algo al oído. Después, no para de hablar.

Por momentos su voz se vuelve dulce, por momentos se hace agria.

Se acalora, se saca el saco, sus ojos se llenan de lágrimas.

Las demás parejas los miran con desconfianza. Hay mucha diferencia de edades. Ella podría ser la hija. Comienzan los murmullos.

Las miradas se clavan en ellos y surge un clima de inquietud en el salón. El aire se enrarece. Las luces que disminuyen, disimulan el malestar.

La puerta de entrada se abre de pronto y entra un grupo bullicioso que se acerca al mostrador profiriendo gritos y risas destempladas. ¡Sorpresa!...

 


RELATO 2


¡HOLA!  ¡HOLA!


¡Hola Esteban! ¿Qué pasa? ¿No podés venir? Ya estoy en el “Pub”. Bueno, te disculpo, pero esperá un momento que busco un lugar para hablar…Te perdés un show. Veo un tipo grande levantarse una pendeja súper moderna. Se le sentó al lado, lo agarró del brazo y le vació la copa. No sé qué irá a pasar.

Te lo cuento porque estoy solo y me aburro. Todas las miradas están pendientes de la pareja.

Si se arma revuelo, te llamo.¡Chauuu!...

 


RELATO 3


HORÓSCOPO


¿Por qué no le habré hecho caso al horóscopo? Hoy me anunciaba: “Día poco favorable para encuentros fortuitos. Se recomienda no entablar relación con personas desconocidas, en especial del sexo femenino. Puede desembocar en situaciones escabrosas”.
Dicho y hecho. Me metí en un bar y tuve un episodio  desdichado  con una chiquilina impertinente que me dejó pagando en medio del salón.

 


Inventar una nueva anécdota nimia. Ampliar una de las tres variaciones escritas (extensión máxima: una carilla y media)

                             

Ampliación

 

EL BAR


Entro, busco un lugar apartado, me siento. La butaca acusa la presión de mi cuerpo y se acolcha. Miro hacia uno y otro lado, hay poca gente, es temprano. Algunas  parejas se aprietan en los sillones, apenas se escuchan susurros.

Las mesas bajas me miran como esperando la copa que todavía no tuve tiempo de pedir. Ella todavía no llegó. ¡Maldita costumbre la de las mujeres! Les encanta hacerse esperar. Llamo al mozo y le ordeno una cerveza.

Cuando se abre la puerta, entra una figura salida del  escaparate de algún  negocio de modas para pendejas. Esas  que chatean o viven con el celular mandando mensajes de texto.  Mira hacia todos lados esperando encontrar al personaje, que probablemente le  sacudió la cabeza con promesas delirantes. Mientras espero, observo.

Está desconcertada, se arregla la remera larga, se acomoda la otra que asoma en tono contraste, dejándole un hombro al descubierto y el  bretel  del corpiño. Tironea de la minúscula pollera. Se pasa los dedos por el pelo. No sabe si sentarse o quedarse pegada a la puerta.

Los pocos ocupantes del salón comienzan a mirarla. Yo también la miro. Mientras espero a mi pareja, suena el celular. Es ella que me avisa que un inconveniente le impedirá venir.

Primero me indigno, pero se me pasa rápido porque la piba me engancha. Es evidente que ella llegó tarde  para no clavarse esperando, y es también evidente que la dejaron plantada. Mira el reloj con bronca, patea el suelo con la punta de la bota. Parece enfadada. En el salón casi todas son parejas. Al fondo, dos jovencitos charlan, cabeza a cabeza, tomados de la mano.
El único que está solo soy yo. Me mira fijo,  le hago un gesto con la cabeza y pica el anzuelo. Tendrá entre dieciséis y diecisiete años. Yo tengo treinta. Camina hacia mi mesa con expresión distante. Cuando está a pocos pasos, se detiene y me pregunta:

—¿Sos vos?

—Sí, soy yo, digo sin pensar, de puro aburrido, calculando que es una cita por Chat.

—Me mentiste, sos un tipo grande y yo una pendex.  Esperaba alguien de mi edad. Mejor me voy.

—Quedate, no me como a las chicas, puedo ser agradable y hasta simpático. Para demostrarlo te invito a pedir lo que quieras. Una gaseosa, un helado, un sandwich con todo adentro. Elegí.

Duda uno momento, me sonríe y termina aceptando.

El diálogo dura muy poco porque  se convierte en monólogo. Ella habla, pregunta y se contesta sin darme tiempo a nada. Solo puedo asentir con la cabeza, sin saber si acierto  o no con lo que ella dice. Con la llegada del pedido se le encienden  los ojos, mastica, y aún con las últimas migas que le han  quedado pegadas a los labios, empieza a llorar. Suspira y se suena la nariz con estruendo. 

La miro azorado, sin entender lo que ocurre. Se dan vuelta muchas cabezas  interrogantes.         

Así de pronto, sin transiciones, sin preámbulo, aflora la historia.

—  Me escapé de casa, sin decir nada. A esta hora ya deben haberse dado cuenta de mi tardanza y estarán preocupados. 

Me cuenta de que  en la mochila lleva unas mudas de ropa y unos pesos que  sacó de la cómoda de su madre.

Con total desparpajo dice que yo le había prometido ayudarla, y que ahora no puedo dejarla desamparada, que si la encuentran, me va a meter en un lío por corrupción de menores.

De golpe me corre una aguja helada por la espalda, el trago de cerveza me raspa la garganta  y se me blanquea la cara.

¡Mocosa de mierda!  Pienso y trato de explicarle, pero ella no quiere  entender. Le agarro las muñecas,  creo que la sacudo con cierta violencia,  porque deja escapar un chillido. En ese momento todo el salón me mira y noto en algunos, la intención de intervenir.

Suavizo mis gestos, trato de sonreír y  procuro explicarle  que se trata de un equívoco, que debe volver a su casa  y terminar con semejante locura. Elevando la voz le digo que no soy el de la computadora, que no sé qué le prometió el tipo de los mensajes. Miro a mí alrededor y   noto que ya algunos dedos teclean  un celular.

Siento  calor  y escalofrío  y una nube agria se cruza ante los ojos. Mi cabeza gira a mil por hora.Hay  ruido de banquetas, pasos cada vez más cercanos. Como en sueños escucho que alguien grita:

¡Degenerado, dejá a  esa chica!  Llamé al 911, ya  viene la policía.

Me siento atrapado en ese juego inocente, creado en un momento de inconsciencia. Tartamudeo disculpas que no se entienden. Dos brazos fuertes me sostienen  por detrás, se escuchan voces airadas, alguna que otra palabrota.

De  golpe se abre la puerta del boliche. Llegó el patrullero pienso. Cierro  los ojos  y con un hilo de voz susurro: 

— ¡Es un error, por favor entiendan, es un error!

El alboroto me despabila.   Las carcajadas del grupo que entra quiebran  la tensión del lugar   Se abalanzan sobre la pendeja al grito de:

__¡Ganaste la apuesta, ganaste la apuesta, sos una genia! El idiota picó la carnada. Y  llevándola casi en andas,  se van  como una tromba de la misma forma que entraron.
Cuando llega el patrullero me encuentra  sentado pesadamente en la butaca, demacrado, casi sin voz, con la absoluta convicción de que tienen razón: “¡soy un perfecto idiota!".

 

 


Copyright©Hebe Barone

Mayo, 2016.  Todos los derechos reservados