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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la escritura literaria

 

(TIEL) Módulo III. Crímenes y castigos
Consigna siete alfa En la década de 19…, fue detenido R. S., un ingeniero alemán, soltero, de 29 años, por haber cortado un mechón de pelo a una adolescente, G. M., con unas tijeras durante un viaje en tranvía. Luego de reconocer que había cortado el cabello para satisfacer su deseo sexual, fue enviado a la Sala de Observación de Alienados donde entabló un buen vínculo con un médico que le pidió que pusiera por escrito lo que el mismo R. S. llamaba su “enfermedad”. Construir el relato del paciente incluyendo en él algunos de los fragmentos originales que se transcriben a continuación.


“Me da vergüenza, tanta ignominia de escribir esto y me es muy difícil. La primera vez que corté pelo, eran los cabellos de mi hermana, en una edad entre 15 y 17 años; mi madre y hermanos sabían que yo lo había hecho.”“De niño ya seguía las muchachas que tenían trenzas largas, las seguí por mucho tiempo en las calles siempre teniendo miedo de que me adivinasen por qué las estaba siguiendo”.

“En Berlín fui detenido por la primera vez después de haber cortado cabello a varias muchachas.”
“Fui detenido por segunda vez en Hamburgo.”
“Habiendo cortado cabellos, me voy a la cama y estoy besando y besando los lindos cabellos; los aprieto a las mejillas y las narices y estoy gustando el rico olor de los cabellos. Acostándome los tengo sobre la almohada besándolos, y entonces vienen los movimientos del cuerpo y después soy muy feliz”
“Prefiero los cabellos largos y rubios, no siento atracción por ninguna otra parte del cuerpo femenino.”

AMARGA INOCENCIA

La internación y la sentencia eran eminentes, el psiquiatra, al igual que la policía de Berlín, quería una confesión escrita del joven ingeniero Rudolph Scheider, un genio psicópata acaudalado.
Se habían sucedido varios crímenes en toda Alemania, un asesino serial dejaba su “toque” cortándoles un mechón de pelo a sus víctimas, adolescentes rubias, con cabello largo trenzado, las cuales luego de ser violentadas eran asesinadas.
Rudolph, ya tenía antecedentes desde la época que cursaba la secundaria, pero nunca había pasado a mayores, solo molestaba con la tijera a sus compañeras blondas con larga cabellera.
Tras varias horas de espera, el escrito fue entregado en mano al médico, en el detallaba los motivos de su “enfermedad”.
“Me da vergüenza, tanta ignominia de escribir esto y me es muy difícil. La primera vez que corté pelo, eran los cabellos de mi hermana, en una edad entre 15 y 17 años; mi madre y hermanos sabían que yo lo había hecho.
Mi padre nunca estaba en casa, como a todo militar lo trasladaban de una ciudad a otra, pero a nosotros, su familia, siempre nos dejaban en nuestro pueblo natal, solo venía de visita para dejar embarazada a mi madre y así demostrar su hombría y quien mandaba allí.
Al ir creciendo, dejé de maltratar con la tijera a mi hermana y comencé a buscar otras rubias, me atraían con sus trenzas doradas y su piel tan blanca, casi transparente, donde se podía observar el fluir de la sangre a través de sus venas, ardientes, hormonalmente desprejuiciadas, emanando ese olor a perras en celo, provocándome.
En Berlín fui detenido por la primera vez después de haber cortado cabello a varias muchachas. Mi madre, nunca me lo perdonó.
Comencé la universidad y allí el deseo de cortar el pelo a esas prostitutas encubiertas como estudiantes, aumentó, ya no solo quería tener sus mechones para olerlos y besarlos en la cama durante la noche, sino también darles su merecido por promiscuas.
Fui detenido por segunda vez en Hamburgo. Luego de ese hecho me encerraron unos meses en una clínica psiquiátrica, donde no pudieron diagnosticar mi “enfermedad”.
Un año más tarde, la ira era incontrolable, las mujeres siempre se burlaban de mi timidez, solo se acercaban por mi prestigio profesional y el dineral ganado en tan corto tiempo.
Una noche de invierno, salí solo a caminar y fue la primera vez, que no solo me acerqué a una jovencita para cortarle el pelo, la golpee reiterada veces, le arranqué sus ropas y comencé a clavarle la tijera en su cuerpo impuro, como el de mi hermana, la que todas las noches cuando yo era pequeño, me vejaba y sus largas trenzas me acariciaban la cara.”

 

Copyright©Stella DiMare. Abril, 2015

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