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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la escritura literaria

 

(TIEL) Módulo III Crímenes y castigos pervertir el género

Consigna siete: Escriba dos textos independientes que instalen una mirada sospechosa (extensión máxima: media carilla).

 

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SIN SALIDA


No estaba aún decidido a hacerlo. Siempre me demoro saboreando el placer que me deja la escena anterior. Todavía siento el gélido sopor de esa última mirada en mis ojos. Pero ahora todo debe continuar y nadie me va a detener, como siempre.

Apenas anochecía, la mujer volvía no sé bien de dónde, sé que la encontré transitando con cierto cansancio por la calle de adoquines y ligustros. Avancé, con tanta firmeza, como si cada silencio reafirmara el devenir.

La sujeté con fuerza, miré su cuello… tan delicado y frágil que me persuade y me envuelve… entonces sigo. Repito paso a paso lo que ya sé y no quiero evitar, esta vez su cabello me insinúa mucho más. Ella empieza a desvanecerse entre mis brazos que la rodean y la aprisionan (…) procura detenerme y no lo alcanza.

Sé que aquí nadie puede oírla; sus ojos comienzan a entrecerrarse, se dilatan sus desesperados intentos antes del flagelo. Su vestido comienza a agrietarse, sus pies tensados en el vacío.

Manotazos que se despliegan abatidos entre mis garras. Intenta un grito, un último suspiro que advierte el horror. Ya casi está…escucho una sirena… luces que fulguran tras las ventanas…hombres de atuendos similares que corren y yo ahí… huyendo con mi mano, que casi se demora.

 

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LA BODA


Empecé a vestirme y arreglarme con tanto tiempo, que ya estaba disfrutando la ceremonia. Apenas unas horas para la boda, pero antes pude seguir paso a paso todos los preparativos. Ella estaba tan pero tan feliz… como yo algún tiempo atrás; lo cierto es que ya no importaba mi felicidad, sino la de ella.

Como amiga además de la tarjeta, le regalé el ramo de rosas blancas, porque eran sus favoritas. Envueltas con un fino murgaño que parecía tan real como mágico. Para ella, coleccionista de arácnidos fue el regalo más preciado.

A Edgar - de quien nunca me olvidé - le compré un escapulario, tramado y ancestral porque para él era una cábala casi infalible. No le podía faltar el día de su boda.

¡Fue tan emotivo cuando entraron juntos!... era como si desde siempre se pertenecieran, el uno al otro. La madre de él con su bastón esperando el "sí" tan ansiado. Un enlace para una pareja de casi cincuenta años… era todo un logro.

El Padre Juan nos convocó al festejo y así fue que cantamos y aplaudimos. Repentinamente la vimos desmayarse, la familia, el alboroto, el rostro desesperado de Edgar. La ambulancia que a los pocos minutos ingresó... pero ya era tarde.

Aparentaba ser un paro cardíaco. El médico solo había observado como una picadura en su mano derecha, algo tal vez insignificante. Podría decirse una muerte inexplicable.

La gente salía en medio de sollozos y desconcierto. Yo fui la última, recordé cada paso de ese altar. Me subí al taxi con algo de frío entre mis huesos, miraba los alrededores, las calles desoladas de una ceremoniosa noche larga.

 

 

Copyright©Alicia Jadrosich

Mayo, 2016.  Todos los derechos reservados