Trabajos de taller

Glosario de términos

Buscar

Seguinos en

  • Taller literario online La Argamasa en facebook

“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la escritura literaria

 

(TIEL)  Módulo VI  Focalización

Consigna de escritura catorce: Reescribir el cuento “Las hamacas voladoras” a partir de la expresión “sexto punto”, cambiando el punto de vista. El narrador debe estar en tercera persona y el focalizador puede ser el viejo o alguno de los personajes que están en las hamacas: la chica rubia, el hombre gordo, la vieja del sombrero.

Extensión máxima: dos carillas.

 

 

Le gustaba subirse a las hamacas voladoras. Le daban una perspectiva distinta de todo. Ver las cosas desde el aire, elevarse y girar, le permitía pensar con más claridad. Ese domingo en particular tenía mucho en qué pensar, necesitaba aquietar su mente, poner sus ideas en orden. Necesitaba el cielo y los giros en el aire para apaciguar sus demonios.

Sin saber por qué, sentía que iba a ser distinto a otras veces  y, por primera vez, sentía un poco de aprehensión por el “vuelo”, como ella lo llamaba.

Desde el aire podía percibir las siluetas de las personas que deambulaban por el parque, pero le era casi imposible seguir a la gente que había subido con ella. La señora del sombrero seguramente lo había perdido en la vuelta inicial, lo cual debe haber hecho reír al niño que subió detrás de ella. ¿Y el hombre gordo? ¿Se sentiría cómodo girando como una noria?

Fui ahí que se percató. ¿No iban muy rápido? Generalmente, la velocidad aumentaba en forma gradual, para alcanzar el que ella creía el punto máximo, casi al finalizar la vuelta. Luego empezaba a disminuir y ya sabía que pronto tendría los pies sobre la tierra nuevamente. Pero esta vez, apenas las hamacas se habían elevado, ya estaban girando muy rápido.

Podía sentir cómo su cabello rubio trazaba estelas en el aire, sabía que en alguna vuelta había perdido su sonrisa y encontrado una mueca que la reemplazaba. La alegría que le provocaban sus "vuelos dominicales" se estaba transformando en miedo.

¿Qué le pasaba al anciano que manejaba las hamacas? ¿Estaba apurado? Intentó mirar hacia abajo y le pareció divisarlo en la puerta de la boletería. ¿Quién manejaba las hamacas entonces? ¿Sería el chico de mantenimiento? No, imposible…

De golpe, ya no podía mantener los ojos abiertos, el aire parecía clavarse en ellos como si estuviese plagado de alfileres. La velocidad había aumentado. Ya no podía intentar ver qué pasaba abajo, ni siquiera intentaba imaginar a sus compañeros de viaje. El miedo que había comenzado a sentir se transformaba en pánico con cada vuelta. Su cabello había dejado de trazar estelas doradas en el cielo para dibujar formas crispadas y sin sentido.

Un crujido se hizo perceptible a través del sonido sordo del aire arremolinado. Y un imperceptible coro de gritos y gemidos comenzó a inundar el espacio, a competir con el crujido del poste y de las cadenas.

Sintió que giraba casi cabeza abajo y lanzó un grito ahogado que se unió a la sinfonía de terror que había comenzado a perforar sus oídos. Un punto más. ¿Hasta dónde llegaría?

Un punto más. Las hamacas dieron un salto. Ya no podía pensar. Sólo atinaba a aferrarse a la barra de seguridad. El ruido se había vuelto ensordecedor, los gritos de arriba se fundían con los de abajo. El terror llenaba el espacio, arriba y abajo.

Un punto más. Y todos vieron las hamacas volar entre cadenas retorcidas. Gritos, corridas, sirenas. Silencio…

 

 


Copyright©Mar de Alas

Mayo, 2016.  Todos los derechos reservados