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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la escritura literaria

 

(TIEL) Módulo I. Variaciones

Consigna dos alfa: Inventar una nueva anécdota nimia (siguiendo las instrucciones transcriptas más abajo) y realizar tres variaciones (de extensión máxima: media carilla cada una). Ampliar una de ellas de modo que derive en un relato breve (extensión máxima: una carilla y media).

Enviar al orientador solamente las variaciones y el relato.

La anécdota debe ser construida a partir de las siguientes instrucciones:

-que haya un encuentro aparentemente efímero entre un hombre y una mujer;

-que la acción transcurra en un lugar público o semipúblico (una plaza, el baño de un bar, un museo, un hotel, un tren, etc.);

-que haya otro/s personaje/s que mire/n (y/o cavile/n sobre) ese encuentro;

-que haya más de una acción encadenadas lógica y cronológicamente y alguna acción secundaria;-que haya un intercambio gestual o verbal entre dos personajes (cualquiera de ellos).

 

 

1.1 


Hoy había más gente de lo habitual en la calle. Quizá era por el horario, se le había hecho un poco más tarde de lo habitual.Por suerte, se había acordado de llevar la bolsita, especialmente destinada  a juntar aquello que su perro dejaba en algún jardín. Había aprendido con el tiempo que esto le evitaba un problema. Siempre había gente contemplando este momento, y hoy no era la excepción.

Saludó simpáticamente a su vecino que miraba por la ventana con un tímido movimiento de mano y siguió el mismo recorrido que hace cada día.

1.2

Salió apurada, la llave en la mano derecha y en la izquierda el tironeo de la correa que sostenía en la otra punta a su perro siempre entusiasmado por el paseo matutino.
Caminó la primera cuadra y saludó a todo cuanto vecino se le cruzó por el camino.
En la cuadra siguiente tuvo que detenerse.
Al querer levantar aquello que su mascota había dejado sobre el césped prolijamente cortado de su vecino, descubrió que era imposible utilizar la bolsa que había recordado llevar para tal fin, ya que la misma estaba rota.
Se acercó a la reja y para evitar un conflicto le explicó la situación a su vecino. Prometió volver a la brevedad y dejar limpio el lugar. Nada bueno puede resultar de un conflicto con un vecino.


1.3

Esta vez, y por alguna extraña razón, su perro mostraba mayor entusiasmo en salir que lo habitual.
Apurada saludó a la señora de la verdulería y siguió su recorrido habitual.
Se dio cuenta, en el momento mismo en que su perro había ensuciado el jardín de su vecino, que no había llevado una bolsa para recoger sus necesidades.
Intentó disimular, y apurar al animal para irse rápido, pasando de esta forma desapercibida.
Pero era demasiado tarde: su vecino se acercaba furiosamente a los gritos.


1.3 Ampliado

Hoy realmente no tenía ganas de salir a dar el paseo cotidiano con su perro.
Su día había sido terrible. Una secuencia de situaciones laborales la habían dejado realmente exhausta. Solo quería darse una ducha y ponerse el pijama. Dar por finalizada la jornada.
Pero esta vez, y por alguna extraña razón su perro mostraba mayor entusiasmo en salir que lo habitual. Pobre animal, no tenía la culpa.
Así que tomó coraje, buscó la correa, sus llaves y se dispuso a salir.
Cerró cuidadosamente la reja de su casa y se prometió a si misma que éste iba a ser el paseo más corto que hubiera dado. No estaba de humor. Definitivamente no lo estaba.
Apurada saludó a la señora de la verdulería y siguió su recorrido habitual. No tenía ganas de entablar una de esas eternas charlas sobre los eventos más recientes del barrio con ella. Era una mujer muy simpática, pero igual de intensa. Y hoy la paciencia no abundaba en ella.
Continuó su recorrido. Llegó a la vereda de un señor que tenía su pasto prolijamente cortado. Un viejito viudo que vivía en el barrio desde la época en que éste se había conformado.
Se dio cuenta, en el momento mismo en que su perro ensució el jardín de su vecino que no había llevado una bolsa para recoger los deshechos..
Intentó disimular, y apurar al animal para irse rápido, pasando de esta forma desapercibida. ¡Cómo había olvidado la bolsa!
Pero era demasiado tarde: su vecino, que había observado la situación desde la ventana de su casa, se acercaba furiosamente a los gritos, acusándola de irrespetuosa y de egoísta, entre otras cosas que realmente no podría reproducir en estas líneas por respeto al lector.
A esta altura ya la verdulera asomaba en la esquina acumulando información para su próximo informe de novedades en el barrio.
Cuánta vergüenza sintió. Cuan descuidada fue esta vez. Todo por haber salido apurada y olvidar lo que nunca se debe olvidar cuando uno sale a pasear a su perro: la única, la maravillosa, la imprescindible bolsita de nylon.

Copyright©Alexa. Abril, 2015
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