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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la escritura literaria

 

(TIEL) Módulo X Pasajes y fronteras

Consigna veintitrés alfa Imaginar la descripción de un canguro, un oso hormiguero o un ornitorrinco realizada por un cronista de un viaje a las Indias Orientales durante el siglo XVI. Habiéndose detenido la expedición en las actuales Australia o Nueva Zelanda, el cronista describe el animal que ve por primera vez en su vida y lo sorprende.

 


LA AVENTURA

 

Se acercaba una gran tormenta. El barco había anclado cerca de la costa. Esta parte de la isla era conocida, estaba en los mapas. El capitán deseaba explorarla. Era un hombre de personalidad inquieta, él presentía un gran descubrimiento.

Al descender del bote, atravesaron la extensa costa  y se adentraron en la espesura. A corte de machete avanzaron  hasta llegar al primer claro, donde se toparon con animales nunca vistos por ellos. El capitán dio orden al escribiente para que iniciara su tarea. Cada planta, cada piedra, cada animal debía ser descripto a la perfección.Se trataba de animales altos, de pelaje marrón claro, patas enormes y manos pequeñas, ojos vivaces, orejas paradas y movedizas. Saltaban una y otra vez, acercándose peligrosamente.El trueno lo despertó. El agua caía estrepitosa en el techo de la casa. Al ver por la ventana observa como la calle se cubre de agua. Recuerda haber dejado las persianas del taller abiertas Era su costumbre. Los óleos no secan fácil en otoño. Sacó el auto sin importar el peligro. Avanzó por la calle hasta cruzar la bocacalle y todo se convirtió en un caudaloso río con distintos brazos. No se distinguían cordones, cunetas, ni veredas. A su paso, el agua comenzaba a moverse en peligroso vaivén. Disminuyó la marcha. El reflejo de los refucilos iluminaba todo. Por un instante pensó en la reserva de animales. El animal saltarín se acercó. El escribiente trató de huir hacia las rocas. Pequeñas gotas de lluvia comenzaron a caer en forma lenta. Todos buscaron reparo hombres y animales. Los hombres regresaron a la playa. Los animales se perdieron en la espesura.Sólo un hombre quedó enfrentado a la bestia. Ambos, temerosos. El animal pateaba en suelo y acomodaba el cuerpo para el ataque. El escribiente, tembloroso, sacó su cuchillo. La lluvia era cada vez más fuerte. Ambos estaban totalmente empapados. El animal avanzaba con pequeños  saltos. El hombre retrocedía a pequeños pasos.Sintió la necesidad de acelerar el vehículo. Le gustaba ver las olas que provocaba. Aceleró y giró en una de las esquinas. El agua salpicó el parabrisas. Cerró los ojos por un instante. Quiso frenar. No pudo. El auto siguió a la deriva. Vio cruzar animales de la reserva. Comprendió en ese instante que se trataba de una gran inundación. Uno de ellos, asustado, saltó frente al auto. Giró el volante con toda su fuerza. Logró esquivarlo, no así el tronco del árbol. Su pecho golpeó el volante.La tormenta impidió zarpar. La tripulación dormía con el oleaje. El escribiente terminó su relato y dibujó el  animal. Luego sintió un extraño dolor en su pecho dejándolo casi sin aire.

 


Copyright©Verónica Martinoli Vieyra. 

Marzo, 2016 Todos los derechos reservados