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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la escritura literaria

 

(TIEL) Módulo I Variaciones

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ASADO CON EX-AMIGOS


¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de

tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo?  

Lucas. 6,42

 

Estamos todos o casi todos. Sentados en una mesa improvisada con dos caballetes y un tablón de madera, esperando que Mariano nos traiga el asado. Mientras tanto vamos picando algo; berenjas en escabeche, tomates con muzarella y albahaca, empanaditas de carne. Falta Oscar. Laura luce  un escote insolentemente pronunciado. Trato de no mirarla, de apartar mi vista de  los recuerdos. No pensaba venir, pasó mucho  tiempo desde que dejamos de vernos.

En los ochenta íbamos todos los viernes a  Paladium, la “Catedral” como le gustaba llamarla, Florencia. Los sábados a Babilonia o a Cemento a buscar algo de pogo y merca. Nuestra gira terminaba los domingos, desayunando, reventados, en algún bar mugroso de San Telmo. Una noche, en el monoambiente de Mariano, nos juramos amistad eterna en un pacto que sellamos con shots de tequila y ginebra hasta quedar beodos. Laura vomitó varias veces en el piso y en el baño. Mariano tuvo que prestarle una remera de The Who y tirar la que llevaba puesta a la basura.  Oscar fue el primero en distanciarse. El primero en pegar un buen laburo,  en ponerse de novio con una mina de “otra clase”. La conchetita esa, le decía siempre Laura, va a terminar por separarnos. A esos pequeños gestos debí prestarle más atención, pero se suponía que en esa época éramos todos muy liberales. Los celos no estaban permitidos en nuestro código de amistad y era vox populi que a Laura le gustaba alternar con muchos. El resto del grupo se fue dispersando por acción del tiempo; casamientos, hijos, trabajos esclavos, en fin, el efecto erosivo de la vida adulta. Hasta que un día el facebook nos volvió a juntar.

 Mariano llega con el asado, y propone un brindis por los buenos viejos tiempos. Laura levanta la copa y  recuerda precisamente a Oscar, "sin él estamos incompletos, dejamos de ser un círculo", dice. No pude disimular mi mirada de odio. Cuando terminamos de comer  las mujeres levantaron los platos y se fueron a la cocina a buscar el postre: ensalada de fruta con helado.

El resto del día esperé la oportunidad para encontrarme a solas con Laura. Necesitaba quitarme la espina, reprocharle su infidelidad adolescente. Tuve la oportunidad a la hora de la siesta. la encontré sentada a la sombra de una parra, haciendo como que leía.

No era necesario que nombraras a Oscar. Era mi mejor amigo  hasta que te metiste en su cama.

No seas hijo de puta Marcos. Vos me metiste es su cama, el día que te conté que estaba embarazada y vos, que en esa época andabas siempre borracho o intoxicado, me echaste a la calle tratándome de puta de mierda. 

 Trato de hacer memoria, en esa época era fácil confundir lo peor con lo más intenso. Escaneo mi mente y no logro recuperar imagen alguna de esa situación, de haberla echado o de la confesión que me está haciendo.   

Y para que sepas, porque creo que nunca te enteraste o no te interesó, Oscar pagó el aborto, y también me alojó en su casa para que no se enteraran mis viejos.

Lo lamento, alcanzo a decir confundido y con ganas de desaparecer para siempre de esta casa y de este grupo al que ya no pertenezco.

Y eso no es todo, Marcos. Algo salió mal en la operación. Jamás pude volver a quedar embarazada.

 


Copyright©Alejandro Oliosi. Febrero, 2016

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