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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la Escritura Literaria

 

(TIEL) Módulo II. Historias de familia
Consigna 5 Escriban un relato a partir de las diferentes versiones sobre una historia familiar o un personaje de su familia.

LA VERDADERA HISTORIA

Hace varios años atrás, más precisamente en el cambio de milenio, fui a recibir el año 2000 con mi marido y mi suegra a Santiago del Estero.
Por primera vez visitaba esa provincia tan cálida y también fue la oportunidad para conocer parte de mi familia política, mi suegra era oriunda de Añatuya, gente muy cordial, hospitalaria y divertida.
La fiesta de fin de año se desenvolvió entre música, chivito a la estaca, baile y mucho vino.

La música no podía faltar, ya que los primos de mi esposo son músicos y cantantes, así que fue un deleite para nuestros oídos escuchar hermosas chacareras y zambas ¡Esos muchachos sí que saben de folklore!, pero no solo de bombo, guitarra y coplas, también de historias pueblerinas, mezcladas con mitos y leyendas lugareñas.Recuerdo que casi amaneciendo, comenzaron los relatos increíbles sobre La Luz Mala y La Salamanca, entre otras, pero lo que más me impactó fue la historia en la que estuvieron involucrados ellos mismos.Antonio, el mayor, un cincuentón, delgado, canoso, un “picaflor” con una amante en cada pueblo, empezó la narración con un vaso de tinto en una mano y en la otra su guitarra criolla…“Recuerdo cuando tenía veinte y pico de años y llevé a mis dos hermanos menores al monte en busca del tesoro de Los Arrieta, enterrado sabe Dios dónde…”Se hizo un silencio sepulcral y todos los presentes quedamos como hipnotizados ante su voz serena y cadenciosa.Al parecer, Antonio junto con unos amigos y sus hermanos, Justo y Osvaldo, fueron tras la leyenda de un tesoro que perteneció a una familia española, que hacía cientos de años llegaron a esas tierras para establecerse y habían ocultado un cobre lleno de joyas y monedas de plata.El lugar exacto en donde estaba enterrada esa fortuna, se lo había llevado a la tumba, aparentemente, el último descendiente de Don José Antonio Rafael Obregón Arrieta.Una noche del mes de agosto, partieron para el monte, ansiosos, entusiastas, con la sensación que algo iban a encontrar. En el camino ya comenzaron a ocurrir cosas muy extrañas, Osvaldo aseguraba haber visto en las cuevas cercanas a la ruta, un grupo de gente con antorchas, bailando y cantando de forma desaforada.El resto de los aventureros que viajaban con él en la camioneta negaba rotundamente esta situación y con tonos burlones, le decían que si seguía imaginando todo aquello era porque La Salamanca lo estaba tentando, que se prepara para besar los cuartos traseros de un carnero y entrar en las orgías organizadas por el diablo.Entre bromas y temores encubiertos, la noche avanzaba y con ella el cansancio. Antonio quien conducía, clavó los frenos de repente y gritó: “lo maté, lo pisé, lo maté…”, asustados bajaron para ver si había atropellado a alguien o a algo, para sorpresa de todos, no había nada.Un escalofrío comenzó a correr en el cuerpo de cada uno de aquellos jóvenes, la pregunta de lo que había visto, taladraba la cabeza de Antonio…, “un cuerpo tirado en el camino, eso es lo que vi y le pasé por encima”, dijo.Otra vez estaba pasando… ¿alusiones, cansancio, sugestión?, para Justo, que era el más recatado y menos supersticioso, estaba convencido de que era una broma de mal gusto que le estaban jugando.El resto de la noche manejó uno de los amigos de Antonio y ya entrada la madrugada, faltando un par de horas para que amaneciera, llegaron a un paraje donde todos vieron lo mismo, una luz blanca, brillante.Convencidos que se trataba de la señal, de la que tanto se habla en el norte argentino, sobre la emanación de gases que marca el sitio donde está enterrado un tesoro, salieron arando con la camioneta hacia el lugar.Lo que ocurrió después, nadie puede explicarlo con claridad, porque ninguno pudo decir con exactitud que pasó en aquella noche de luna llena de agosto.Lo último que recuerdan es que la camioneta volcó sin motivo aparente, sintieron una fuerza que los envolvió y arrastró hasta quedar inconscientes, desparramados fuera del vehículo, y al despertar la luz ya no estaba, comenzaba aclarar el día.Algunos dicen que estuvieron ante la presencia de La Luz Mala, espíritu errante que cuida un tesoro de aquellos que no les pertenece, otros creen, que conociéndolos, esa noche bebieron mucho alcohol y perdieron el control de la camioneta.Lo cierto es, que la madre de los protagonistas de esta historia, cuenta que a pesar de haber transcurrido más de 30 años, reafirman en cada relato lo acontecido en esa noche, con las mismas palabras, el mismo misterio e incertidumbre, dando por asentado que no pudieron estar ebrios, ni inventar una historia tan maravillosa de brujería y ocultismo para tener algo que contar a sus nietos.Al finalizar la narración, el mayor de los hermanos, el menor balbuceando anestesiado por el calor y el vino, dice… “Pa’ mí, fue un ovni”.


Copyright©Stella DiMare. Marzo, 2015

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