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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la escritura literaria

 

TIEL  MÓDULO VII Tiempo y narración

Consigna cuatro Escribir un relato a la manera de Faulkner en “Mientras yo agonizo”. Pensar en una situación de la que puedan dar cuenta varios personajes, como protagonistas o testigos. La situación debe desarrollarse a medida que el texto avanza gracias a lo monólogos de los personajes que alternativamente narran su punto de vista en primera persona.

 

 


AÑORADA INFANCIA


Diego

No puedo afirmar si este viaje me causa placer. Pesa más la obligación tras el llamado de tía Tula. Es imposible negarme, ella ha sido tan comprensible con todos. El día que subí al micro hacia Córdoba para iniciar mis estudios, se despojó de las llaves del departamento y me las entregó. Me aseguré así los años de carrera. Hace tanto que no transitaba estas rutas. Todas iguales bacheadas, sin demarcar, con la misma dejadez.

Me intrigas aquella llamada. No puedo imaginar el motivo. Su voz era apurada, nerviosa. Como si algo de urgencia imperiosa la moviera a tal pedido. Ella sabe que nada me atrae a estos lugares. El recuerdo de la infancia es bueno. Pan con dulce casero, las noches iluminadas con linternas, el canto estridente de los grillos, los eternos besos de mamá. Pero mi adolescencia, un calvario lleno de reproches e injustos castigos. Casi treinta años, demasiado tiempo, demasiado olvido. En cambio, Tula siempre estuvo en todos los grandes eventos de mi vida. Falta solo una hora para llegar al pueblo. Espero que alguien esté en la plaza. No estoy seguro, ¿ será en la plaza el lugar de encuentro?

 

 

Enrique

El micro aún no llega, me estoy enojando. Esto no puede ser, sin señal en el celular. Estos aparatos se convierten en cacharros al alejarse  de las grandes ciudades. Me arrepiento de este viaje, tan aislado del mundo. Por fin, algo de señal. Voy a llamar a tía Tula para darle tranquilidad. Seguro debe ser su salud, su voz sonó intranquila el lunes pasado. No puede haber otro motivo para tal urgencia.El micro tiene aspecto de locomotora. Huele a todos los olores, incómodo, desagradable. Mi asiento es ventanilla, genial, así voy a poder dormir. Viajar en auto ni loco  por estas rutas monótonas. Campo por todos lados, algunos animales de cuando en cuando. Muy monótono. Llegaría a dormirme.Mi asombro es tonto ¿acaso no soy médico cirujano? A quién más podría llamar de confianza. Papá murió hace… no me acuerdo el año, unos veinte años, tal vez. No creo que aún arrastremos deudas. Tía Tula en cambio va por los setenta años. Edad complicada. Mi compañera de viaje huele a esencias dulces y madera. ¡Genial! Podré dormir.

 

 

Tía Tula

La espera será larga. Diego debe verme en la plaza. Enrique tendrá que caminar, pobrecito, todas esas cuadras desde la garita de la ruta. Voy a estar preparada para todas las preguntas que se avecinan. Ni se imaginan el motivo de esta reunión. Se fueron al cumplir dieciocho años para dedicarse a lo suyo. Dejaron en el abandono todo. Yo también me fui pero no abandoné. Aún conservo mi legado.Tras la muerte, no se debe dejar que la rueda de colores comience a girar en forma inversa. Transforma todo en color ocre. Ahora está todo en color ocre para ellos. Siento tanta pena.Estacionó un auto importado, debe ser Diego. Mira hacia todos lados como cachorro perdido. Ese hombre arrastrando la maleta debe ser Enrique. Es él. No lo reconocería si lo cruzo en la calle, tan panzón y canoso.Mejor me bajo de la camioneta. Sus rostros conservan la pedantería de jóvenes. Pobres muchachos ingenuos.

 

 

Don Evaristo

Las sillas están ubicadas en forma de U. Los papales de propaganda en todo el pueblo. La lista, a mi derecha. Tula es una mujer tan exigente, tan bien informada. Hasta me asusta, siempre se adelanta a los hechos. Manda a su chofer a revisar todo como un secretario. Falta hora y media. No hay nadie. Me preocupa. Todo tiene que ser transparente. Voy a volver a llamar en unos segunditos. Bien, no hace falta. Bien, van llegando los primeros autos.

 

 

Diego

Le correspondía a Enrique ocuparse de los papeles, mantener todo en orden. Es incomprensible. ¡Que abandono! Una llamada hubiera sido suficiente. Llegar a tal instancia. El monto es demasiado elevado. Este volante lo dice todo: falta de pago de impuestos y multas impagas por tierra improductivas. Vamos a tener que hacer algo urgente. Tengo que hacer algo. Voy a hablar con Enrique.

 

 

Enrique

Fácil es cargar a los otros con sus propios errores. Lo saben bien, no me interesa el tema. Si tía Tula me lo hubiera aclarado de antemano, ni loco dejaba de cumplir mi agenda. Tantas horas con el cuello torcido y las piernas dobladas para nada. Que rematen todo, no me importa. ¿Acaso nos dio de comer dignamente? Siempre pasando necesidades. Si no era el clima, era la semilla o las plagas. Siempre algo nos obligaba al no progreso. Nadie puede gastar semejante suma en estos momentos. Es incomprensible.

 

 

 

Tía Tula

Se apartaron.  Diego se sentó en los silloncitos blancos, casi detrás de mí. Enrique, tan odioso, en la última silla, tan lejos como pudo de todos los asistentes. Pobrecitos, la noticia no se la esperaban. Me imaginaron enferma, casi moribunda. Muchachos tontos. Tirada en la pobreza, abandonada en una tapera de campo. Una perdedora según Enrique. Jamás imaginaron a su tía con plata. Me enfada verlos hombre de ciudad negando sus orígenes. Nacieron en esta misma casa. Crecieron jugando bajo estos árboles longevos. Por fin, Evaristo comenzó el remate, llegó el juez. Mateo hará lo convenido. Escucho su fina voz. Se ubicó en la antepenúltima fila muy cerca de Enrique. Como late de fuerte este corazón. No debo llorar, sé fuerte Tula. Estoy tan emocionada. Continúa Mateo, continúa así. El remate terminó. La casa, los dos galpones y cuarenta hectáreas fueron vendidas. Enrique se retiró sin saludarme. Diego mueve su mano desde lejos como un largo adiós.Todos vienen a saludarme, al fin son mías. Estoy feliz.

 

 


Copyright©Verónica Martinoli Vieyra.

Enero, 2016Todos los derechos reservados