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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la escritura literaria

 

(TIEL) Módulo VI Focalización

Consigna cuatro: Escribir un relato a la manera de Faulkner en Mientras yo agonizo. Pensar en una situación de la que puedan dar cuenta varios personajes, como protagonistas o testigos. La situación debe desarrollarse a medida que el texto avanza gracias a los monólogos de los personajes que alternativamente narran desde su punto de vista en primera persona. Por ejemplo: la lectura del testamento de una mujer ante sus herederos. La  situación puede estar relatada desde la mujer que antes de morir imagina la escena, por el abogado que lee el testamento, por alguien que entra circunstancialmente a servir café y a retirar el servicio, por los propios herederos. Extensión máxima: cuatro carillas, aproximadamente.

 

 

 

¿LA RESTAURACIÓN?

 


JULIETA

 

¿¡Por qué tuvo que quedar nuestra cama mirando hacia el oeste, enfrentada a esa ventana, enmarcando esa imagen obscena!? Así se  ve a través de ella,  la Vieja Estación del Tren abandonada. La  que veo en el ocaso, reflejada en sus ojos que  lentamente se apagan.

—Ángelo, aunque no hables, bien sé que me escuchas. Cambiaremos esta cama de lugar, con Pablo, cuando venga luego. En ese andén vacío sobrevuelan los recuerdos, las voces idas. Mañana mirarás hacia el Este, donde el sol renace le susurré a su oído inmóvil.

Este pueblo sin el tren ha perdido su razón de ser y él, con su mirada, pareciera salir a buscarlo. ¡Pobre! A tal punto que llegué a sentir celos del tren, ya que era su vida, casi todo.

Hasta su manojo de llaves me has dejado, como si fueran las llaves del reino… le dije sosteniendo en mi mano el llavero que, muchos años atrás, él me había entregado en guarda. A tal punto llegaba su responsabilidad que entonces, solemnemente, me dijo: “Julieta: toma estas llaves y guárdalas. Son copias de las que yo uso en mi trabajo. Si las llego a perder o me pasa algo, aquí las tienes todas. Hasta las que abren la caja del tesoro de la Estación. Que nadie lo sepa, sólo tus hijos. Ten presente que la Tesorería está a mi cargo y yo debo rendir cuentas”

¿Qué hago ahora yo con ellas?, dime Ángelo. Yo sé que nada respondes, como si no escucharas. Pero a mí no puedes mentirme. ¡Hemos vivido tanto! ¡Tanto! Que aun si lo quisieras, no podrías.  Al revolear las llaves, sus ojos tiesos se iluminaron por un segundo, como dos piedras al mojarse. Yo sé que me escuchas y tu silencio me agobia, aunque enseguida vuelvas a mirarme con esos ojos tan extraños que parecen de mármol.

 


ANGELO

 

Sabes que te escucho, Julieta. Y aunque mañana el silencio bajo tierra nos separe te seguiré escuchando. Pero no me pidas que te hable. Me he quedado sin palabras.  Y la última que ha salido de mi boca fue para ti. Todo lo que pude darte te lo he dado. Todo. Sólo te pido que no me quites los recuerdos. Déjame mirar hacia atrás, por la ventana, hacia ese lugar donde también estás tú. No gires nuestra cama, por favor. Que aunque el cartel de la Estación está desteñido, aún el nombre de nuestro pueblo puede leerse. Todavía somos de este lugar.

Para de mirar hacia el pasado, Ángelo me dice ella, como si no lo  viera reflejado en mis ojos, que sólo  sus palabras escuchan. Tan presente como entonces. Tan vivo.

¿Hacia dónde irán esos dibujos recién hechos con los dedos de una mano, Julieta?, quisiera llegar a decirle, moviendo mi boca. ¿Es que no puedes verlos sobre los vidrios empañados de las ventanillas de ese tren que está por partir? Y esos besos al aire, y esos adioses multiplicados que se superponen en el andén, ¿dónde quedarán, Julieta? Ve, corre a buscar las cartas que trajo ese tren. Debemos entregarlas. ¡Sólo Dios sabe qué dirán! ¡Ay, mujer! No permitas que nada se muera, que nadie olvide su equipaje, que en él le va la vida… ¡Apúrate, que el tren se está por ir…, aunque falte poco para  la campanilla de partida!

Julieta, complaciente y  pareciendo sentir mi voz,  interrumpe mi pensamiento:

Eres como Pablo. Puedes convertir los momentos felices en escombros. ¡Buen hijo tuyo es! ¡El mejor!

Masculla la pobre en mis oídos. ¡Como si los recuerdos llegaran a ser escombros! Luego me da la espalda y se retira, sin volver la mirada, sin ver lo que yo veo.


 

PABLO

 

Con Damián elegíamos la placita para charlar. Allí nos alejábamos de las miradas inquisidoras. De esas que buscan en los pueblos chicos algo que pueda sacudir la modorra.

¿No semeja a un pueblo que está durmiendo una eterna siesta? me comentó Damián— ¿Dónde pareciera que sólo el polvo cambia de lugar?

Sí, es verdad. Salvo los que esperan la llegada de los fondos para la restauración de la Vieja Estación. Cuando el Gobierno los envíe, ya imagino cómo se los van a robar. 

 

 

JULIETA

 

A los pies de la cama, donde Ángelo duerme,  llegan hasta mí  los  golpes secos de los pasos de alguien que sube la escalera, rebotando en mis oídos como  paladas de tierra. Me conmueven de tal manera que abandono mi tejido. Es Pablo, que al llegar a la puerta de la habitación se detiene. Lo saludo con un beso y,  para no despertar a su padre, le susurro casi  sin voz: tienes que ayudarme a rotar la cama. No es bueno para él que mire siempre  hacia allí.

¡Por favor, madre! Déjalo así. Nada de lo que nos rodea nos es ajeno. Y nada nos pertenece más que los recuerdos. En poco tiempo la verá restauradame dijo. También tú.

Ya en la cocina, le di las llaves de la Vieja Estación junto a las recomendaciones de su padre. Las recibió de buen agrado y sin decir palabra. Como un legado. Juancho, que estaba  desayunando allí, volvió la cara con desagrado al escucharme y clavó sus ojos en las llaves.  Nunca se han llevado bien. Ambos son hijos nuestros, ¡pero tan distintos! Pablo es la copia fiel del alma de su padre. Juancho no parece de esta familia. Algo malo lo desvió del camino.


 

 

OSCAR

 

En las próximas elecciones no quiero perder. Y Juancho me tiene que ayudar. Es mi puntero, y para eso lo tengo. ¿Para qué otra cosa serviría sino  para conseguir votos?

Ponete a laburar le digo— ¿O acaso en la Intendencia  yo me rasco?

Noooo, para nada. A vos la que te “rasca” seguido es “la Marga” me responde.

Metele pata, gil: el jueves llegan los fondos para el “Fondo Patriótico Restaurador”. Así lo vamos a llamar. Con eso nos salvamos y de paso le lavamos un poco la cara al pueblo. Los billetes los vamos dejar en la Caja fuerte de la Vieja Estación, por el fin de semana. 

 

 

DAMIAN

 

Mi amigo Pablo tiene razón cuando dice que el desguace del ferrocarril nos quitó el porvenir. Entiendo su depresión. A su padre, la muerte del ramal, lo enfermó de angustia. Eso, sumado a que su otro hijo, el Juancho,  le salió torcido.  Por algo no se habla con Pablo.

Este pueblo parece cobrar vida sólo en los funerales.

Me contó tu primo, el que labura en el banco, que ya consiguió el préstamo para tu vieja le dije a Pablo, que asintió con un gesto de agrado, mientras me cebaba un mate.

¡Menos mal! me dijo. Así le devuelvo la guita al usurero. La misma guita que hubiera agarrado  mi viejo si hubiera transado, como otros. Como delegado en el ferrocarril le ofrecían un monto grande. Su honradez pudo más hasta que lo despidieron con dos mangos.

 

 

ANGELO 

 

Han planeado restaurarla me dice ella, señalando la Vieja Estación con su dedo— Allí funcionará el nuevo Registro Civil y  un museo.  Y además, harán un centro turístico. Creo que apenas enarqué una ceja. De forma tan débil que ella no percibió.

El tren no va a volver continuó— pero el lugar se va a llenar de colores, de movimiento, de vida. Ahora todo es quietud.  Sólo el óxido pareciera que no para de avanzar. ¿No te parece?  Por otra parte, “Ramal que para, ramal que cierra…” ¿Recuerdas cuando nos lo dijeron Ángelo, en el gobierno de Menem,  y tú te opusiste, en defensa de tus compañeros? Por eso, no cierres ahora los ojos Ángelo para que tu corazón no pare me susurró al oído, pensando que yo dormía— y ponte firme como entonces.  Deja que los corruptos se mueran, no tú. Tú mereces estar vivo, aunque no  hables, porque yo sé que me escuchas, y te quiero.No pierdas el manojo de llaves que te di, quiero decirle. Y besarla. Pero no puedo.

 

 

JUANCHO

 

“El Oscar”  no es ningún boludo. ¡Por algo llegó a ser el Intendente! Sabe que me necesita y tiene razón: ¡esta es la nuestra! Tengo que armar los papeles de la sociedad “fantasma”, para poder facturarle al municipio.

Yo te sigo, Oscar. Haré lo que sea le aclaré— ¡Soy tu puntero!

¡Bien Juancho! Menos mal que no te pareces en nada a tu hermano Pablo. ¡Qué  gil que es! Y pensar que vienen los dos del mismo palo, ¡y mellizos encima!

Déjalo, que así como es, así se va a cagar de hambre, como tus viejos me dijo el  turro.

 

 

PABLO

 

Damián. A mi vieja no le van a sacar la casa hipotecada. ¡Soy capaz de hacer cualquier cosa con tal de impedirlo! ¡Te lo juro! No es justo. Ya decidiré.  Debo pensar mientras tanto dónde dejar las llaves que me dio mi madre. No sea cosa que se pierdan, y alguien las tome.

 

 

ANDREA

 

Nada me apasiona más que trabajar en la radio. Nada como ser locutora y  poder pasear con mi voz por todos los rincones del pueblo como agua de lluvia. Ser una invitada de lujo en la casa de mis vecinos. Y como si fuera poco, poder trabajar con Hernán, a su lado, a solas.

¿Cómo anda tu papá, Andreita? me preguntó al llegar.

Y… completamente inmóvil, como si esperara que el pasado viniera a buscarlo. Vos sabés, cuando cerraron el ramal del tren lo hirieron de muerte respondí, con un llanto seco.

Te comprendo. Tu papá, en el fondo, lo amaba. Se dieron todo, mutuamente.

Durante la transmisión, nuestras miradas no salían al aire. Pero la audiencia  percibía que la distancia que nos separaba se acortaba sutilmente. Mis amigas me envidiaban.

 

 

MARGARITA 

 

Lo sé. Margarita es la forma tierna de sentirme llamada. Pero no soy  precisamente una  margarita a la que se puede deshojar. Por lo general me dicen “la Marga”.  No soy tonta. La gente comenta sobre mí. Pero estar a su lado me da seguridad. En este pueblo que agoniza, ser su secretaria es ser alguien, aunque me use. Y si además le doy  ternura, la que no le sabe dar su mujer… ¡qué tiene de malo! Comparándolo con el resto del pueblo, él es un regio. La policía, el juez de paz, los comerciantes, los del albergue… son basura. ¡No pueden hablar!Al entrar, la media luz que se colaba a través de los ventanales con vitraux y el aroma a incienso  invitaban a la contrición. En ese clima, donde el silencio abrumaba, el cura Pepe, que revisaba un candelero, era lo más parecido al Señor que estaba a mi alcance. Aunque, al mismo tiempo, tenía una humana lucha interior dado que el “curita” no me caía nada mal. Mi problema frente a él, era separar el alma de mi cuerpo,  el que tenía ganas de abrazarlo.

Padre Pepe, necesito confesarme le dije, o mejor dicho le rogué, y él asintió.

 

 

HERNÁN

 

Al salir de la radio, con dos llaves cerramos sus puertas. Con la seguridad de que al entrar al bar al que nos convidamos, se abrirían otras. Ella era para mí un desafío,  y trataría de envolverla de a poco. Sin apuros, pero sin pausas. Andrea derramó hoy la noticia, a través de la radio, la que corrió por las calles del pueblo como una bocanada de aire fresco: “¡los fondos están en camino!”. Su voz sonó más dulce que nunca, cuando alegremente le preguntó a la audiencia: “¡¿qué les parece, no es maravilloso?! Los oyentes pactaban a diario,  un diálogo cómplice con la calidez de Andrea.¡Si supieras cuánto te odio!, le había dicho yo a mi despertador esa mañana. Me cortó un sueño delicioso en el que  compartía una cena con ella a la orilla de un río. No teniendo mejor idea que comentárselo, simulando no recordar quién era mi compañía en ese sueño.

Bueno, a lo mejor…, si ponés un poco de imaginación puedo acompañarte yo la próxima vez. Si el lugar está libre todavía… me dijo Andrea con una  picardía adolescente.

 

 

PEPE

 

“Los ojos del Señor todo lo ven, todo lo saben… y eso es bueno”.  Pecados sobran en este pueblo, pero  todo se puede ordenar… ¡Qué  mejor que tener a la amante del Intendente en la ventanilla de mi confesionario para que pudiera el Señor conocer  las miserias terrenales!

Te escucho, hija. Cuéntame todo, y tendrás el perdón divino le dije.

Bueno, padre Pepe, como usted sabe yo trabajo todo el día con Oscar, el Intendente, ¿vio? Todo el día trabajando juntos…, tan cerca, codo a codo… se imagina que…

Le resté importancia a los pecados carnales y aprovechando su sentimiento de  culpa intenté descubrir parte de  la vasta información que guardaba. Para eso  le propuse:

Hija, Dios ya te perdonó. Pero dime: ¿qué puedes contarme que a Él le gustaría oír? 

Padre…yo sé con qué abrieron la Caja fuerte. Y el dinero... Él sabe dónde fue a parar.

 



Copyright©Mar. Diciembre, 2015

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