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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la escritura literaria

 

(TIEL) Módulo VI. Focalización

Consigna trece beta Escribir un relato en primera persona con un narrador dificiente. Las razones por las que el narrador no acaba de comprender los hechos pueden ser diversas. Es posible elegir alguno de los narradores caracterizados abajo o alguna otra variante no consagrada por la tradición.Por ejemplo:El narrador tiene alguna falencia o minusvalía: es tonto, loco, carece de algún sentido.Es un iletrado, un niño, o pertenece a un mundo cultural muy distinto de aquel al que pertenece el narrador.El que narra es un testigo que sólo puede referir lo que le han dicho o lo que ha visto. La falta de comprensión de los hechos narrados se debe al punto de mira u observación del focalizador y a los obstáculos con que se enfrenta su visión.

 


ALMUERZO DIFERENTE


La inocencia suele enseñarnos el desviado camino emprendido.

¡Genial! Hoy almorzamos al aire libre. Papá organizó todo, él se encargará de la comida. Iremos al “Pulmón” debajo de los fresnos, cerca de una parrilla. Papá asará costillitas de cerdo como le gusta a mamá. Lástima no puedo correr por culpa de Juanchi, si no me hubiera empujado, no estaría en esta silla de ruedas con la pierna enyesada. El aire es fresco, no hace calor. Papá dijo que era un día hermoso. La gente empieza a llegar con sus bolsos. Casi no hay lugar. Están los vecinos del otro lado de los arbustitos, esos que plantaron para separar. A mi no me gustan porque no puedo ver todo lo que pasa. Mamá me trajo aquí del otro lado del aljibe para que el humo no me haga llorar los ojos. Me dejó el celular para que la llame cuando no quiera estar con ella. Un grupo de chicas y chicos de la escuela de Juanchi escuchan música y toman cerveza mientras preparan el fuego. No puedo ver mucho por culpa de los arbustitos. Creo que está con ellos Ceci, es tan linda. Ella siempre me saluda. Juanchi me dijo que le doy lástima, por mis señas. Mi vecino con los hijos están bailando, me hace que están todos locos. Yo me río porque sé que están un poco locos.

La comida estuvo rica. Mamá ya limpió y guardó todo. Me acomodó en la sombra con una botellita de agua cerca, por si tengo sed. Ellos van a caminar un ratito para bajar la comida dijo papá. Los chicos están jugando un picadito en la canchita. Mamá quiere que duerma un poquito. Con la panza llena, es fácil hacerle caso.

Detrás de los arbustos pasa algo. Alguien quiere gritar. Veo unas manos forcejeando con otras. No será como en la televisión y hay alguien queriendo hacerle mal a otro. Tiene el mismo color de la camisa de Ceci. Creo que está tirada en el piso, creo que patea. ¡Por favor que alguien me ayude! Nadie me mira por más que mueva mis manos. Le está haciendo daño. Escucho ruido, forcejeos. ¿Alguien me ve? Nadie. Los que están cerca duermen. Mamá me dejó el celular pero sin nada de carga. Estoy desesperado. Esta silla no se mueve en el pasto, apenas puede hacerlo papá cuando me lleva de un lado a otro. La voy a trabar e intento girar.

Ella sigue forcejeando. Veo las sombras tras los arbustos, las manos ya no están arriba, hay silencio. La silla se inclina. Me inclino mucho. Me inclino demasiado.

Los gritos de mamá es lo único que escucho. Me duele la pierna. Cuando le pregunto a Juanchi por Ceci, me giña un ojo y se ríe. Tonto no se da cuenta que estaba peleando con alguien que quería secuestrarla. Acá al lado detrás de los arbustos. Se lo digo por señas y el tonto me dice:”Esta loco”.

 

 

Copyright©Verónica Martinoli Vieyra. Diciembre, 2015

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