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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la escritura literaria
(TIEL) Módulo III Crímenes y castigos
Consigna ocho alfa
 En la década de 1910, fue detenido R. S., un ingeniero alemán, soltero, de 29 años, por haber cortado un mechón de pelo de una adolescente, G. M., con unas tijeras durante un viaje en tranvía. Luego de reconocer que había cortado el cabello para satisfacer su deseo sexual, fue enviado a la Sala de Observación de Alienados donde entabló un buen vínculo con un médico que le pidió que pusiera por escrito lo que el mismo R. S. llamaba su “enfermedad”.

Construir el relato del paciente incluyendo en él algunos de los fragmentos que se transcriben a continuación. Extensión máxima entre una y media y dos carillas.

“Me da vergüenza, tanta ignominia de escribir esto y me es muy difícil. La primera vez que corté pelo, eran los cabellos de mi hermana, en una edad entre 15 y 17 años; mi madre y hermanos sabían que yo lo había hecho.”
“De niño ya seguía a las muchachas que tenían trenzas largas, las seguí por mucho tiempo en las calles siempre teniendo miedo de que me adivinasen por qué las estaba siguiendo”.
“En Berlín fui detenido por la primera vez después de haber cortado cabello a varias muchachas.” “Fui detenido por segunda vez en Hamburgo.”
“Habiendo cortado cabellos, me voy a la cama y estoy besando los lindos cabellos; los aprieto a las mejillas y las narices y estoy gustando el rico olor de los cabellos. Acostándome los tengo sobre la almohada besándolos, y entonces vienen los movimientos del cuerpo y después soy feliz.”
“Prefiero los cabellos largos y rubios, no siento atracción por ninguna otra parte del cuerpo femenino.”

COMPULSIÓN OBSESIVA

La mañana siguiente a cada ataque, compro los cinco diarios locales en los lugares habituales. El mismo en cada quiosco para no levantar sospechas. De regreso en casa, voy directo a la sección de policiales. Todos publican la noticia. “El sátiro del pelo ataca de nuevo” es el título más sensacionalista de esta oportunidad. Dejo “La Gaceta” para el final. Ellos siempre brindan el mejor relato. Esta vez, “La voz del interior” ofrece una foto de la víctima. La adolescente está de espaldas, ligeramente de costado; se observa una lágrima rodando por su rostro.

Su cabello muestra las huellas del ataque. “Una joven de 16 años fue abordada por detrás y luego de tomarle el cabello con una mano, el atacante procedió a cortárselo con una cuchilla que llevaba en la otra; posteriormente, se dio velozmente a la fuga”. Prefiero los cabellos largos y rubios, no siento atracción por ninguna otra parte del cuerpo femenino. Me da vergüenza, tanta ignominia de escribir esto y me es muy difícil. Ello porque la primera vez que corté pelo, eran los cabellos de mi hermana, en una edad entre 15 y 17 años; mi madre y hermanos sabían que yo lo había hecho. Pero no sabían el porqué. De joven, no podía excitarme por el cuerpo desnudo que mi hermana intencionalmente exhibía al dejar su puerta entreabierta. Pero su pelo era distinto, ahí no había incesto. O al menos eso pensaba cuando tomé la resolución de cortarle el mechón. Ese ataque fue mi perdición. Desde entonces, habiendo cortado cabellos, me voy a la cama y estoy besando los lindos cabellos; los aprieto a las mejillas y las narices y estoy gustando el rico olor de los cabellos. Acostándome los tengo sobre la almohada besándolos, y entonces vienen los movimientos del cuerpo y después soy feliz. La Gaceta nunca me defrauda. El cronista relata lo más relevante, el sufrimiento psicológico de la víctima que se siente ultrajada. Lo leo y me excito, ese sufrimiento revive mi lucha interior para combatir deseos incestuosos. Cuando ataco, mi mente se extravía, no pienso con claridad. Siempre es al azar. Siempre de noche. Siempre en un barrio distinto de la ciudad. Mi condición de deportista juega a mi favor. Salgo a correr y luego voy al garaje donde guardo la motocicleta y con ella me traslado al lugar elegido. Sé que produzco daño y que pasaré a formar parte de la vida de mis víctimas para siempre. Para ellas, será un antes y un después de mi paso por sus vidas. Mi corazón se acelera. Tengo palpitaciones. Lo ilícito e ilegal hace que descargue adrenalina. Este estado es mi verdadero yo. El resto del tiempo, es una ficción entre ataques. Quiero que mis víctimas sufran como sufro yo. Que su mundo sea un infierno como el mío lo es. Que su mente las torture imaginando porqués, como la mía lo hace. Que pierdan su inocencia y no logren confiar en los hombres, como no confío en las mujeres. Quiero arruinarlas y que se sientan miserables. Busco y quiero un alivio que rara vez llega. En Berlín fui detenido por la primera vez después de haber cortado cabello a varias muchachas. Fui detenido por segunda vez en Hamburgo y ahora aquí en Colonia. Nunca asociaron los ataques de una ciudad con las otras. Pero sabía que este momento llegaría. Que finalmente darían conmigo. Las colecciones de recortes periodísticos y los mechones de cabello asociados que encontraron en mi casa me condenan. La coherencia y claridad con que puedo relatar lo que siento y vivo, no deja lugar para que alegue demencia. Pero sepan que esta es mi “enfermedad”. De niño ya seguía a las muchachas que tenían trenzas largas, las seguí por mucho tiempo en las calles siempre teniendo miedo de que me adivinasen por qué las estaba siguiendo.Trenzas como las de mi hermana, que fueron las primeras que corté y generaron esta compulsión obsesiva.



Copyright©Mariano Frigerio. Diciembre, 2015

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