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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la Escritura Literaria

 

(TIEL) Módulo II. Historias de familia
Consigna cuatro: Utilizando construcciones nominales que al modo de fotos o documentos detenidos de una escena den cuenta de una historia.

En cuanto al relato tomé la propuesta de seguir la consigna pero con otro personaje: un sacerdote llega a un caserío a caballo como lo hace habitualmente mientras lo observa un morador del lugar. (Nota de la autora)

Allá lejos, lento andar de caballo cansado, sombrero de paja, regalo de devoto agradecido, camisa blanca gastada, pantalón negro, alpargatas en sus pies. Allá lejos, el padre Jerónimo, siempre de cuerpo erguido atento a la mirada que espera, con paz infinita en su rostro castigado por tanto viento y sol. Allá lejos,  la compasión al que sufre, la mano tendida, la palabra sanadora, el ánimo al desánimo, el perdón al pecado, la santa sepultura al que partió.
Más cerca, el saludo a brazo extendido, poncho de alpaca que se alista, las alforjas sobre el caballo preparadas, un cuello de camisa que se ajusta como quien llega a fiesta de amigos. Sorbo de agua que calma la sed del largo viaje. Más cerca, el padre Jerónimo, el de mirada pura, ojos celeste infinito, dientes blancos cuidados, cuerpo delgado, a paso firme sin pausa.
La llegada con el abrazo dulce, el beso al niño que duerme en brazos y la mirada tierna a los que corren y acompañan. Bendita llegada del hombre de Dios.
Allí, rostros tristes esta vez, pocos hombres, mujeres y niños. Angustia y pesar. Miedo e ignorancia. La fiebre presente como Diablo. Bendito el padre Jerónimo entre tanto dolor y necesidad. Camisa arremangada, la palabra de Dios en sus manos. Casa a casa, agua y pan, consuelo y confesión. Descanso eterno para aquellos bajo el suelo con pequeña cruz de altar. Sin defensa, el Diablo acecha pero Dios todo lo puede con la espada de la fe.
A mi lado, trabajo sin rellano. Hierbas que sanan, tizanas humeantes preparadas sabiamente, noches de vela encendida mientras cuida. Manos que ayudan, rezan, silencio y oración. A mi lado, perdón para el pecado, aquel pecado que siempre se cobra el Diablo y perdona Dios. A mi lado, el llanto del que sufre, el olor a muerte presente, la noche más larga, calor y frío del que llega al alma y corazón.
Siempre presente, esfuerzo incansable, la fe inquebrantable del que puede contra el mal. El hombre de Dios sabio y vencedor ha podido con el Diablo. La fiebre aleja sus garras asesinas de hombres, mujeres y niños. Abandona sin más vidas robadas. Los vivos, más vivos y los muertos, más muertos. El sol y el viento que limpia. Hasta una lluvia purifica y bendice.
Bajo el árbol el padre Jerónimo. Abatido tras la guerra. Vencedor con gloria que enaltece la humildad del sabio. Bajo el árbol, días de mate y asado. Noches de fogón y cuentos. Bajo el árbol, altar improvisado, misas que rezan por los que no están, que bautizan a nuevos hijos de Dios y casan por amor en eterno compromiso.
Al día la partida del padre Jerónimo a otras casas y otros pueblos. A lento andar de caballo cansado, sombrero de paja regalo de devoto agradecido, camisa blanca gastada, pantalón negro, alpargatas en sus pies. Ahora, una cruz de madera tallada, regalo precioso que cuelga en su pecho. Partida triunfal de un soldado. El padre Jerónimo, dulce mirada, despedida honrada. Misión cumplida. Sonrisa como quien ha recibido un regalo de Dios.

Copyright©Elena Gil. Marzo, 2015
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