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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

(TEC) EL CUENTO. Técnicas de escritura

Taller de escritura La Argamasa(TEC) Módulo III. Decir y Mostrar
Consigna D 12  Combine cada uno de sus rasgos (prosopografía, etopeya) y escriba un texto en el que predomine el retrato

 

 

 

VERME LLORAR

 

La cara se deforma, los rasgos se desfiguran, todo pareciera caer; los labios se afinan y se curvan para abajo, la frente se llena de líneas que se arquean en igual sentido, el ceño se frunce con furia,  los ojos se achinan, los párpados se hinchan, la nariz se pone roja y no deja de gotear. Los pómulos se empapan de un líquido espeso, gomoso que al refregarse, la piel queda dura, áspera. Manos temblorosas tapan el rostro y los dedos se deslizan por la cabeza enmarañando el pelo.

Llega, entonces, la congoja, y la respiración cada vez más agitada, y el ahogo, y los sonidos que acompañan el sollozo. La garganta duele y comienzan a marcarse las venas en el cuello. El aire ya no pasa por las fosas nasales y en grandes resoplos entra por la boca y tampoco puede pasar y el pecho también empieza a doler. En un “¡ahhh!…” entrecortado y eterno se quisiera expulsar la angustia que se agolpa en el plexo.

Desde ese centro, como una hiedra trepadora, el dolor se ramifica y se enreda y sus hilos sofocan los pulmones, otros se enroscan en la boca del estómago, hay latigazos que pegan en el alma y estrujan el corazón. Y el cuerpo se quiebra y se fragmenta y late. Las entrañas quedan en ascuas y aparece el vacío que invalida la calma y el sosiego. La llaga se instala y ahí quedará prendida en algún lugar remoto del ser.
Y luego de exorcizar el dolor, de aplacar en algo la angustia y de tranquilizarme un poco, me invaden la fatiga, el agobio. Hago reposar mi cabeza sobre mis brazos, despego los ojos y todavía mi imagen es pura desolación. Sigo mirándome y trato de buscar mi fortaleza, mi alegría, mis ganas, mi cordura…hasta mi indiferencia, cualquier cosa que me preste un poco de consuelo. Sé que deberé aliarme con el tiempo que de a poco me ayudará a desatar los hilos del dolor.
Alguna vez me he sentado frente a un espejo a verme llorar.

 

Copyright©Valeria Sáenz. Febrero, 2015
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