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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TEC El cuento, Técnicas de escritura

 

(TEC) Módulo VI La trama

Consigna T 11 Escriba un diálogo, use el signo ortográfico guión largo . Los personajes que dialogan son Ernesto, Marianela y Alfonso. (Máx. ½ pág.)

 

¡No seas cagón, Alfonso, joder! No podrán pararnos. Si pasamos esa primera línea, llegamos al otro lado de la frontera exclamó Ernesto, para decir algo que era evidente a sus dos camaradas, y tomó el fusil entre sus manos, apretándolo contra su pecho tratando de  arrogarse una fuerza que no era tal.

No hay chances. No hay chances que pasemos. No la hay. ¿No ves que sí hay cientos, quinientos, miles, detrás de los olivos, en el campanario de la iglesia, en la entrada de la Alcaldía? Sí hay, olor a puta traición. ¡Quisiera saber quién nos traicionó! Sólo eso quisiera saber, coño… se resignó Alfonso, mientras se quedó observando con desazón la zona de tiro, cuando fue interrumpido por Marianela.

¿La terminan ya? les gritó a los dos y cuando tuvo la atención de ambos, continuó—. Tengo una idea. ¿Siempre estarán al amparo y salvación de dos piernas femeninas, ustedes? ¡Gilipollas! ¿Algún día madurarán y dejarán de pelearse! Marianela quedó mirándolos con los ojos altivos, de quien sabe que la vida de sus compañeros dependía de ella y los otros le ojeaban las bronceadas y pulidas piernas.

Ernesto y Alfonso se dieron la mano, terminando su momento de discordia diario y, como dos girasoles cuando el sol amanece, lentamente, voltearon su cara, sin mirarse a los ojos todavía, para esperar una idea, un relato, una guía que los convoque a la acción, lugar al que se habían acostumbrado en los últimos dos años de la Resistencia.

¡Piensen cabrones! les gritó— ¿A ver si usan ese cerebro para otra cosa que no sea pensar en tetas y coños? ¿Cuál es el único momento de distracción de los falangistas? Marianela apuntó con su nariz respingada al lugar que ella pensaba, que como paradoja del destino podía salvarlos de esa emboscada, y la risa de ambos fue callada por la sensualidad de sus manos al taparles la boca a los dos, sensualidad que la presentaba y la identificaba a quien no la conocía, y a quien la conocía, también.

Y de repente, se desnudó ante los ojos atónitos de ambos, que al fin se miraron, y salió corriendo unos cien metros, y gritó «me robaron, me robaron», e ingresó al templo, donde todos se taparon los ojos puros, repletos de hipocresía, y siguió gritando las mismas palabras. Una y otra vez, como una loca a quien nadie podía callar.
Sus amigos escaparon por los Pirineos y sabían que ella, de alguna forma, como siempre, lograría engañar a los falangistas para encontrarse con ellos en Francia.

 

Copyright©Diego Salzman.  Enero, 2016

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