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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TEC El cuento Técnicas de escritura

 

TEC Módulo VI La trama

Consigna T 6 A partir de los datos del desenlace que se transcribe, organizar una trama y escribir dos relatos. (Máximo 1 pág., cada uno)


"Las leyes del Cielo y del Infierno son versátiles. Que vayas a un lugar o a otro depende de un ínfimo detalle.Conozco personas que por una llave rota o una jaula de mimbre fueron al Infierno y otras que por un papel de diario o una taza de leche, al Cielo"

Informe del cielo y del infierno, de Silvina Ocampo

 


LA BIBLIA

 

Creer en el Cielo y en el Infierno es esencial para ciertas personas con el corazón inclinado a la religión católica. Quizás la elección es hereditaria o, quizás, con el tiempo, es una decisión consciente.  Pero siempre las repercusiones son inmensas y definitivas a la hora de elegir un camino u otro. El del Cielo o el Infierno. El de la pureza o el del pecado.

 

Una vez me llegó el cuento de un tipo de unos cuarenta años. Un descendiente de suizos que caminaba por los barrios de Santa Fe luciendo la pulcritud de sus prendas y tratando de pisar el centro de cada mosaico para evitar ensuciar o mojar sus zapatos con las uniones de las baldosas.
El que me contó la historia había utilizado la hipérbole como recurso literario, uno de los preferidos de los que alquilan historias para hacerse el sabiondo, pero a ésta la valoré porque gozaba del atributo de la credibilidad para mis potenciales lectores.
Como les decía, este buen hombre tenía como divertimento perseguir a un suizo a la salida de la misa dominical. Le conocía la rutina al detalle; se despedía del revolucionario de la cruz, luego comulgaba con el último rezo y, por último, al salir observaba a ese morocho de vestimenta estrafalaria, como si no le alcanzara con haberlo mirado toda la misa.
A la salida de la iglesia, caminaba cien pasos, ni uno más ni uno menos, y volvía a orar, como si el anterior rezo, no bastaba para extirpar las culpas de la semana anterior por aquellos pensamientos insanos. Toda su vida era un constante titubeo. Hugo Vuissoz dudaba desde los quince años si las calenturas eran normales o no, pero no se animaba a hacerlo público y, mucho menos a su confesor.
Un día, Hugo decidió jubilar todas las enseñanzas que sus padres le habían inculcado y quiso terminar con años y años de culpa, de una carga pesada que llevaban  sus hombros. Quería dejar atrás las vacilaciones de la ignorancia y empezó a leer con mayor detenimiento la Biblia. Leyó varios pasajes donde hablaba del goce sexual, pero que sí o sí debía darse en el matrimonio. Eso tiraba por el piso las ganas de masturbarse. Pero también leyó en otro libro lo que para él era una herejía, es decir, dudar de su religión, ya que decía que el matrimonio se practicaba a partir de 1184 cuando el Papa Gregorio VII lo declaró un sacramento obligatorio. Entonces, esa vacilación se le metió como un gusano a una manzana pura y quería planteársela a su consejero religioso.
Cuando llegó a la parroquia, buscaba a su cura morocho con la misma calentura que lo hacía al finalizar cada homilía que él transmitía. Y cuando lo encontró, el suizo vio el éxtasis en los ojos del morocho, mientras este recibía una felación de un seminarista. Ese intercambio de miradas logró que la ignorancia abandonara al suizo y se transformara en celo, en bronca, en decepción por culpa del otro. Pero, también, para Hugo fue un desahogo, ya que no tuvo más las campanas de la culpa sonando y atormentando sus pensamientos.
Y así, la lectura le abrió un camino, hacia el cielo o hacia el infierno, porque en algún lugar tenía que terminar. Porque las leyes del Cielo y del Infierno son versátiles. Que vayas a un lugar o a otro depende de un ínfimo detalle. Conozco personas que por una llave rota o una jaula de mimbre fueron al Infierno y otras que por un papel de diario o una taza de leche, al Cielo.


DE DIABLAS Y CABRITAS

?Mami, ¿qué es el infierno?
?El infierno es… es cómo te lo puedo explicar, hija… Es un lugar.?la madre no podía encontrar la definición precisa que requería la inmadurez de su hija.
?Sí, eso ya lo sé, ma. Pero ¿Cómo es ese lugar? ¿Hay muñecas y casitas de muñecas?
?Bueno, no precisamente cariño. En realidad, es un lugar donde van los pecadores. Pero es largo de contar hijita.
?Sí. Sí. Eso también lo sé. La Seño nos lo contó el otro día. Pero yo quiero pecar, mami, para poder conocerlo. ¿Dónde lo puedo ver? Aunque sea, mostrámelo en la compu, dale mami, se bueni.
Esas preguntas eran las normales entre la madre y la hija, que estaba en la edad de preguntar todo y dejaba siempre en apuros a su progenitora, que intentaba explicar lo que podría resultar inexplicable para alguien no habituado a las religiones. Un ejemplo de ello era cómo decirle a una pequeña de cuatro años que el infierno era un lugar simbólico de  la Biblia para representar el mal. Sin embargo, todos los niños de la Parroquia del Barrio Obrero eran amenazados por el párroco con la posibilidad de terminar en el calor del atroz infierno.
Por ello, un día la madre decidió visitar al cura, después de que su hija le contara que él también la había amenazado y se había convertido en otra víctima más del miedo hacia el diablo. Corrió hacia la Iglesia con el andar furioso de una madre que defiende a su cachorra, lo buscó al sacerdote y se le plantó mostrándole la preocupación que toda matrona tiene cuando el terror se apodera de un hijo.
El cura, con la disciplina de ejecutar un guión que recitaba de memoria y acostumbrado a dónde tenía que poner énfasis, a dónde tenía que generar temor, a dónde gesticular y a dónde poner el acento de la hipocresía, le dijo:
?Señora, no lo tome así. Tranquila. Es necesario que su hija aprenda con el rigor del miedo. Sino, ¿a quién vamos a persuadir de que una vida sin pecados es necesaria? Imagínese, si no hubiera premios y castigos. Esto sería peor que un caos. Todos robarían, copularían y se drogarían todo el tiempo. ¿Me entiende lo que le digo? No se haga tanto problema. Allá arriba, Él hará el juicio final. Ni usted, ni yo, podremos saber el veredicto de ese Juez que se reúne millones de veces al día para determinar el camino de un muerto. Disfrute de la vida. Vaya en paz. Y por su bien y por el mío inculque el miedo en esa potencial diablita. O mejor, como todos queremos, potencial cabrita.
La mamá se fue con la tranquilidad de haber escuchado el monólogo que toda madre quiere escuchar. Pero con la duda de que si esas leyes existen o no.
Es que, las leyes del Cielo y del Infierno son versátiles. Que vayas a un lugar o a otro depende de un ínfimo detalle. Conozco personas que por una llave rota o una jaula de mimbre fueron al Infierno y otras que por un papel de diario o una taza de leche, al Cielo.

Copyright©Diego Salzman.  Enero, 2016
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